Genie Milgrom siempre supo que su familia era un poco diferente. Genie nac en Cuba, en una familia católica de clase alta, y pudo rastrear a sus ancestros cientos de años atrás, hasta llegar a un pequeño pueblo de España. Cuando Genie era una niña pequeña, la revolución comunista arrasó Cuba y su familia huyó de la isla en 1960, asentándose en un vibrante barrio de refugiados cubanos en Miami.

Aunque su familia no pudo llevarse todos sus bienes, tuvieron cuidado de llevarse varias cajas con documentos familiares. Algunos de esos papeles tenían cientos de años de antigüedad. Su familia siempre se enorgulleció de llevar un registro del árbol familiar y de cuidar ciertas costumbres familiares únicas. Sin importar a dónde llegaron desde que partieron de España, siempre fueron cuidadosos de llevarse con ellos varias cajas con papeles.

Genie Milgrom con un plato de Chuletas

En una entrevista a Aishlatino.com, Genie recordó que a pesar de que la comunidad católica cubana era muy unida, ella siempre sintió que su familia era diferente. “Yo tenía una fuerte relación con mi abuela materna y cuando era una niña me encantaba cocinar y hornear con ella”. Su abuela tenía algunas costumbres singulares. Cuando horneaban pan, sacaban una pequeña porción de masa, la envolvían en papel aluminio y la ponían en el horno para que se queme. Cuando una receta requería huevos, Genie y su abuela los abrían antes para revisar que no tuvieran manchas de sangre. Los huevos que tenían sangre los tiraban a la basura. Cuando lavaban lechuga y otras verduras, primero las revisaban cuidadosamente con una luz brillante para asegurarse que no tuvieran insectos.

Curiosas costumbres familiares

“Todas esas cosas me las enseñaron cuando era una niña”, dijo Genie, aunque no puede recordar las razones que le dieron para esas prácticas extrañas. Ella asumió que algunas costumbres, como quemar un poco de masa, eran para tener buena suerte. Sin embargo, para su abuela parecían ser algo más importantes que un talismán para la buena suerte. Incluso cuando su abuela era anciana y estaba muy débil, se esforzaba para levantarse y revisar que Genie hubiera separado y quemado un pedazo de masa. Si Genie se olvidaba, su abuela insistía en que regresara y lo hiciera.

Otra extraña costumbre familiar era casarse solamente con parientes. Durante cientos de años, los miembros de la familia sólo se casaron con miembros de su gran familia. La madre de Genie fue la primera descendiente en romper esta tradición al casarse con el padre de Genie, que no pertenecía al clan. Otra extraña costumbre familiar que sólo recientemente comenzaron a ignorar era no comer cerdo, a pesar de que el cerdo y el jamón eran comidas populares tanto entre las familias españolas como cubanas. Para la familia de Genie era un alimento tabú.

Las tías abuelas de Genie

Genie siempre tuvo una inexplicable curiosidad sobre la fe judía. “Cuando tenía ocho años, tuve mi primera amiga judía, una niña que conocí en un campamento de verano en Florida”. Genie pasó horas formulándole preguntas a su nueva amiga, aprendiendo todo lo que podía sobre cómo era vivir en una casa judía. Incluso a esa edad, ella sentía atracción por explorar la vida judía. “Siempre creí en Dios, pero me sentía incómoda con mi educación católica”.

Durante años, Genie no tuvo tiempo de seguir esa curiosidad. Fue a una universidad católica y luego conoció a su primer esposo, un hombre de la comunidad cubana. En su boda en una iglesia católica, Genie descubrió otra extraña costumbre de su familia. “Antes de la ceremonia, mi madre y mi abuela rápidamente colocaron chales en nuestras espaldas”. Esto parece una reminiscencia de los mantos de plegarias que tradicionalmente usan los hombres judíos en la sinagoga.

Genie y su primer esposo tuvieron dos hijos, pero ella siempre sintió que algo no estaba bien. Genie seguía fascinada con el judaísmo y quería aprender más. “Cuando tenía 28 años, estuve dispuesta a cuestionar mi crianza católica”. Eventualmente eso causó que su matrimonio terminara. Después del divorcio, Genie comenzó a trabajar en la empresa familiar de suministros médicos y viajó por el mundo vendiendo artículos médicos.

Explorar el judaísmo

Durante las horas que pasó en largos vuelos, finalmente Genie tuvo tiempo para leer sobre el judaísmo. “Comencé a examinar qué pasaba en mi alma”. Genie devoró cientos de libros.

Pero comprendió que leer vorazmente no era suficiente. “No es sólo un conjunto de leyes, es todo un estilo de vida”. El judaísmo se debe experimentar y vivir, no alcanza sólo con estudiarlo. Entonces comenzó a visitar sinagogas en la zona de Miami para descubrir cómo se ve la vida judía en la práctica.

Al principio, Genie frecuentó varias sinagogas no ortodoxas. Algunas eran cálidas y acogedoras, pero Genie no pudo evitar sentirse decepcionada. Ella no entendía por qué algunos judíos preferían no aceptar muchas de las hermosas prácticas judías que a ella tanto le atraían. Entonces decidió experimentar la plegaria en una sinagoga ortodoxa.

La única sinagoga ortodoxa a la que Genie podía llegar caminando era Young Israel de Kendall, una congregación pequeña de Miami. Genie nunca olvidará cuando entró al edificio por primera vez. “Llegué a un pequeño shtiebel”, afirma usando la palabra en ídish que se refiere a una pequeña sinagoga. “Entonces dije: ‘Dios mío, llegué a casa'”.

Genie habló con el rabino y le explicó su atracción por el judaísmo y su deseo de convertirse. Para su gran sorpresa, el rabino la escuchó atentamente, pero le dijo que no podía ayudarla. El judaísmo no propugna el proselitismo y fue necesaria más de una reunión con el rabino hasta que Genie lo convenció de que en verdad deseaba ser judía. Eventualmente, Genie se reunió con el Beit Din local (corte rabínica) en Miami y comenzó el largo y lento proceso de aprendizaje del judaísmo con el objetivo de convertirse.

Le llevó como cinco años y no siempre fue fácil. Genie aprendió hebreo y siguió leyendo. Su familia no estaba entusiasmada con su camino y hubo momentos en que se sintió bastante sola. En la sinagoga se hizo amiga de una mujer llamada Bonnie, quien la ayudó y la alentó. Fue Bonnie quien la acompañó cuando finalmente estuvo lista para convertirse. El momento en que se sumergió en la mikve (baño ritual) después de su conversión, fue una intensa experiencia espiritual. “Ese fue el momento de mi mayor logro”.

Construir una vida judía

La familia de Genie no compartió el entusiasmo por su nueva vida judía. En particular su abuela estaba muy preocupada. “Ella se enojó cuando me convertí y todo el tiempo me decía que era peligroso ser judío”. Genie pensó que como católica, su abuela temía que convertirse al judaísmo representara un peligro espiritual. Pero su inquietud era tan extrema que Genie sospechó que su abuela albergaba un miedo oculto respecto a ser judío. Lamentablemente, Genie nunca tuvo la oportunidad de discutir con ella el origen de sus miedos.

Genie Milgrom y el profesor Avi Gross, de la Universidad de Ben Gurión, investigando sobre los españoles-portugueses en la biblioteca Etz Jaim en Ámsterdam.

Genie observaba el Shabat y las leyes de kashrut y participaba en su sinagoga. Sin embargo, la vida no era siempre fácil para una madre sola que trabajaba. En un viaje de negocios a Santiago, Genie conoció a Mijael Milgrom, un judío religioso cuya familia llegó de Rumania y Rusia. La crianza de Michael no podía ser más diferente que la de Genie. Él asistió a algunas de las más prestigiosas ieshivot en Nueva York y Jerusalem y es parte de una gran familia ortodoxa. Muy pronto reconocieron que eran almas gemelas y se casaron. La familia de Mijael la recibió con los brazos abiertos. Como siempre había querido, ahora Genie era parte de una cálida familia judía.

La pareja se mudó a su nuevo hogar en Miami y Genie se convirtió en la presidenta de la asociación de mujeres y tesorera de la sinagoga. Entonces falleció su querida abuela, en la mañana de un viernes. “Faltaba poco para que empezara el Shabat, y yo asumí que sería enterrada el siguiente domingo o el lunes, como es la costumbre en la fe católica. Pero mi madre me dijo que nuestra tradición familiar era enterrar a las personas enseguida después de su muerte, el mismo día si era posible”. Genie se sorprendió de escuchar que seguían esa costumbre judía y protestó diciendo que como judía ortodoxa ella no podría asistir al funeral en Shabat. Pero la madre de Genie se mantuvo firme y siguió la tradición familiar. La abuela de Genie fue enterrada al día siguiente, el sábado.

Una impactante sorpresa

Aunque algunos amigos pasaron a visitarla para acompañarla, Genie se sintió terrible por no haber participado en el funeral de su amada abuela. En la tarde del sábado, la madre de Genie llegó a hacerle una visita inesperada y le entregó una caja pequeña. “Tu abuela quería que te diéramos esto cuando ella muriera”, dijo la madre de Genie.

Hamsa que perteneció a la abuela de Genie

Genie abrió la caja y se impresionó. Allí había dos joyas viejas y gastadas. Una era una medalla pequeña y antigua de un hamsa y la otra un diminuto aro de oro con una estrella de David. Finalmente las piezas encajaron y Genie entendió que muchas de las costumbres aparentemente extravagantes de la familia en verdad tenían un origen judío. Separar y quemar una porción de masa al hacer pan es una mitzvá, un mandamiento que cumplen las mujeres judías de todo el mundo y dicen una bendición cuando preparan una cantidad de masa significativa. Revisar los huevos para que no tengan sangre y las verduras para que no haya insectos, también son dos leyes judías importantes al preparar la comida, que aseguran que no transgredamos las prohibiciones de la Torá de comer sangre o insectos. Casarse con primos hubiera asegurado que la familia de Genie se mantuviera judía al casarse solamente con judíos.

El aro de oro con la Estrella de David

“Al ver las joyas judías de mi abuela, entendí que desde más allá de la tumba mi abuela me estaba diciendo que éramos judíos”.

Genie le preguntó a su madre sobre las joyas, pero ella sólo sugirió que quizás una gitana se las dio alguna vez a la familia. Genie estaba segura de que significaban más que eso y que su familia con origen en España, quizás descendía de los judíos secretos que fueron obligados a convertirse al catolicismo por la Inquisición española y que mantuvieron sus prácticas judías en secreto. Genie siguió preguntándole a su madre más información sobre la familia y finalmente ella le dio unos viejos documentos familiares que guardaban a lo largo de las generaciones. Entre los documentos, Genie encontró un árbol genealógico que se remontaba a cientos de años atrás, hasta 1750.

Genie comenzó a hacer una investigación genealógica y encontró en internet una comunidad de personas que, al igual que ella, sospechaban que sus familias descendían de los judíos secretos de España. “Yo estaba segura de que descendíamos de los cripto-judíos que fueron obligados a esconder su judaísmo de la Inquisición. Como me sentía tan feliz de ser judía, quería cantar desde los techos y deseaba que también mis hijos conocieran la alegría de ser judíos”.

Unir las piezas

Genie decidió contratar a un genealogista profesional para que la ayudara. Como sabía que el linaje judío sólo pasa a través de la madre, Genie le pidió que sólo rastreara su árbol familiar a lo largo de la línea materna. Si ella podía probar que sus ancestros maternos eran judíos, entonces también su abuela, su madre, ella y otras parientes eran judías de nacimiento. “Le dije al genealogista que siguiera hacia atrás a las abuelas maternas hasta que encontrara que eran judías”.

Genie en Fermoselle

El genealogista no midió sus palabras y le dijo: “¡Estás loca!". Parecía imposible lograr rastrear a una familia tantas generaciones hacia atrás, más de 500 años, hasta llegar a una época en la que los judíos podían vivir abiertamente en España antes de 1492. Pero Genie estaba decidida. “Había dos opciones: o yo estaba loca o tenía razón. Y yo quería tener razón”. Los fuertes sentimientos que siempre la atrajeron hacia el judaísmo le daban esperanzas. “Presentía que yo era judía de nacimiento y estaba desesperada por probarlo”.

Llevó ocho años, pero el genealogista encontró documentos que rastreaban la línea familiar de Genie hasta 1545 en España. Antes de eso, los registros de la iglesia no eran muy organizados y la investigación era mucho más difícil. Genie pudo rastrear el origen de su familia en un pequeño pueblo llamado Fermoselle en el oeste de España, y llegaron a identificar a 800 ancestros. Ella y Mijael decidieron viajar a Fermoselle en España para ver qué podían encontrar.

Genie y Mijael visitaron el pueblo con otros investigadores y después de mucho trabajo y muchas conversaciones con historiadores locales, llegaron a descubrir cosas sorprendentes. La Inquisición española duró desde 1478 hasta 1834 y tuvo amplios poderes para encontrar a cualquier supuesto católico que pudiera estar practicando ritos judíos en secreto. Cualquiera que era descubierto practicando el judaísmo, o incluso si tan sólo se sospechaba que lo hacía, podía ser quemado en la hoguera. Sin embargo, algunos judíos secretos lograron transmitirse mensajes. Genie encontró algunos grabados intrigantes en la iglesia de Fermoselle y en otros edificios. Uno de ellos muestra una gran cruz con una espada que la atraviesa. Sobre la cruz hay una menorá judía y abajo hay doce bolas. ¿Acaso eso representa a las doce tribus judías, bajo la nariz de la iglesia católica? En la parte superior están talladas las letras hebreas iud, hei, vav y hei, que en hebreo conforman el nombre de Dios.

Las calles de Fermoselle, España

Eventualmente, Genie y otros investigadores descubrieron en Fermoselle las ruinas de una sinagoga y lo que parecía ser dos antiguas mikves. Una anciana residente incluso musitó que ella había escuchado que una vez hubo un barrio judío en el pueblo. Algunas de las casas estaban conectadas entre sí por túneles subterráneos. Tal vez eso era lo que les permitía a los judíos secretos huir de las autoridades de la Inquisición.

Lo más escalofriante para Genie fue la historia que le contaron los habitantes locales sobre un campo en las afueras de la ciudad llamado El Humilladero. Le explicaron que allí solían matar animales. Durante años hubo una curiosa costumbre: los habitantes de algunos de los pueblos del otro lado del Rio Duero que pasa cerca de Fermoselle y divide España de Portugal, solían peregrinar cada año a ese campo vacío. Allí dejaban piedras, lo que hace eco de la tradición judía de colocar piedras sobre las tumbas. Al oír eso, Genie estuvo segura de que El Humilladero era el lugar en donde los judíos una vez fueron humillados y quemados públicamente por la Inquisición y que los peregrinos que dejaban allí piedras eran judíos secretos que honraban sus memorias. Genie fue al campo y recitó kadish, la plegaria judía por los muertos.

Recuperar su familia judía

Al contemplar Portugal al otro lado del Rio Duero, Genie tuvo una idea. Portugal sufrió su propia Inquisición, pero esta no comenzó hasta 1536, años después de que la Inquisición española comenzara a perseguir a los judíos secretos. ¿Quizás sus ancestros simplemente cruzaron el rio hacia Portugal para encontrar la libertad religiosa? Genie compartió su pensamiento con el genealogista que había contratado. Él comenzó a buscar en las aldeas cercanas en Portugal. La corazonada de Genie era correcta: en un solo día el genealogista encontró 45 parientes que podía probar que estaban directamente relacionados con la familia. Después de consultar con otros investigadores, Genie finalmente tenía pruebas de que ella descendía de personas que alguna vez vivieron abiertamente como judíos.

Una esquina de la segunda sinagoga de Fermoselle

Mientras llevaban a cabo esta profunda y revolucionaria investigación, Genie leyó los registros originales de la Inquisición y se horrorizó de las torturas infligidas a sus ancestros y a otros judíos secretos en España. “Finalmente entendí por qué mis sentimientos eran tan intensos. Esas abuelas fueron asesinadas por no comer cerdo, por cambiar las sábanas los viernes, por no limpiar la casa en Shabat. Esas mujeres fueron quemadas en la estaca por cosas que yo hago todos los días”.

Llevó 15 años de meticulosa investigación, pero Genie finalmente tenía pruebas de que su línea materna, así como otras ramas de su familia, habían vivido una vez abiertamente como judíos. Hacía mucho tiempo que estaba en contacto con una corte rabínica de Jerusalem que tiene el poder de otorgar conversiones. Ella empacó en una caja copias de cada documento y se las mandó. “Eventualmente recibí una carta del Beit Din Hagadol diciendo que Dios me trajo a este lugar, que nunca más debe haber un cuestionamiento respecto a que yo nací judía y que todos mis descendientes son judíos”, dijo con la voz cargada de emoción.

Genie escribió seis libros y compartió sus experiencias con muchas personas que sienten que descienden de judíos secretos. “Ya no hago esto por mí”, explicó y señaló que muchas personas le pidieron ayuda con sus propias investigaciones genealógicas. Genie también tiene un mensaje para sus hermanos judíos que dan por sentado el hecho de ser judíos. “Mi historia resuena con judíos de todos los orígenes porque aquí hay una persona que literalmente lloraba por algo que otros simplemente hacen a un lado. Quiero que los judíos aprecien el tesoro que tienen por ser judíos”.

Genie con la Comunidad de Bnei Anusim de Guayaquil

Desde que Genie descubrió su árbol familiar, ha profundizado su fe judía. Aunque ella no puede comer gluten, insiste en hornear jalá cada semana para Shabat para poder cumplir la mitzvá de separar jalá, la mitzvá que su abuela solía realizar cuando horneaban pan juntas.

Quince generaciones separan a Genie de sus últimos parientes que vivieron abiertamente como judíos. Hubo quince abuelas que nunca pudieron afirmar su judaísmo mientras estuvieron vivas, pero ahora Genie está decidida a recordarlas y a honrar sus vidas.

En Shabat, Genie enciende dos velas adicionales en honor de las muchas abuelas que descubrió que habían nacido judías pero que nunca pudieron encender sus propias velas de Shabat. Al encender esas velas, Genie las imagina paradas a su lado, compartiendo ese sagrado momento con su descendiente.

Después de años de meticulosa investigación, Genie descubrió los nombres de sus abuelas: Ascensión Diaz Flores; María Basilia Flores Álvarez; María Manuela Álvarez Garrido; Teresa Garrido Mayor; Jacinta Mayor Martín; Josefa Martin Funcia Montano; Ana María Funcia Montano Fernando o Fernández(s); Teresa Fernando Rodrígues(z) o Fernández(s); María Rodríguez Montano; Catalina Guerra Rodríguez; Catalina Rodríguez(s) Ramírez; María Rodríguez Santos Goveia; Felipa Rodríguez; María Ramírez Rodríguez; Catalina Ramírez.

Estas mujeres representan una línea directa que llega a la España previa a la Inquisición. A esta lista debemos agregar a Genie Milgrom, una orgullosa judía que finalmente encontró su camino de regreso a la vida judía después de 500 años.