La genia de la limpieza y el orden, Marie Kondo, se convirtió en un nombre conocido gracias a su popular serie en Netflix. Para mí, la señorita Kondo fue un salvavidas hace muchos años, cuando compré una copia de su libro La magia del orden: Herramientas para ordenar tu casa… ¡y tu vida! (2014).

Marie Kondo promete audazmente en la primera página que ordenar puede cambiar tu vida. Ella asegura que después de eliminar el desorden y las cosas innecesarias, sus clientes adoptan decisiones importantes, se casan, encuentran nuevas carreras o se mudan de casa.

Sonaba demasiado bueno para ser verdad, pero quise probarlo. Mis hijos eran pequeños y nuestro hogar estaba repleto de juguetes, libros infantiles y suficientes proyectos de arte para llenar un museo. Nuestros placares estaban llenos de cajas con la ropa que ya les quedaba chica y los amigos bienintencionados nos traían todavía más bolsas con ropa que aún era grande para nuestros hijos. Con mi esposo a veces nos maravillábamos de cuántas cosas habíamos logrado acumular con los años. A veces sentíamos que nos ahogábamos en medio de los objetos.

En los Estados Unidos el hogar promedio contiene 300.000 objetos. Los niños norteamericanos poseen el 47% de todos los juguetes y libros infantiles del mundo.

No éramos los únicos. Durante los últimos 50 años, la cantidad de bienes de una familia típica se ha multiplicado. De acuerdo con Regina Lark, especialista en organización del hogar, en los Estados Unidos el hogar promedio contiene 300.000 objetos, y a pesar de que los niños norteamericanos son sólo el 3,7% de la población infantil mundial, ellos poseen el 47% de todos los juguetes y libros infantiles.

Tener menos parece casi imposible. Cada semana pasábamos muchas horas tratando de mantener todo organizado. Desesperada, compré el libro de Kondo con la esperanza de que me ayudara. Al fin de cuentas, como dijo el gran sabio judío Hilel: “Mientras más bienes, más preocupaciones” (Pirkei Avot 2:8).

Muchas de sus ideas eran bastante peculiares, pero las seguí todas al pie de la letra. Kondo sugiere limpiar por categoría. Reúne todos tus bienes por clase y arrójalos al suelo. Luego toma uno por uno y pregúntate si aquel objeto te “produce alegría”. Si poseerlo te hace feliz, lo puedes guardar; si no te provoca nada o te hace sentir miserable, ponlo en la pila para donativos.

Ver nuestros bienes sobre el suelo, en montañas enormes y desordenadas, me permitió entender cuántas cosas teníamos en exceso y cuán pocos ítems realmente nos brindaban felicidad.

Alguien señaló que parte de las ideas peculiares de Marie Kondo, en especial el hecho de hablarle a tus objetos, pueden tener sus raíces en la religión Shinto que ella practica. Sin embargo, ella no hace ninguna referencia al tema en su libro y yo descubrí que el extraño consejo de decirle “gracias” a los objetos que ya no deseas puede ser raro, pero al mismo tiempo liberador, y me ayudó a no sentirme mal por regalar las cosas que ya no necesito. “¡Gracias por tu servicio!”, le dije alegremente a una chaqueta que ya no quería. “Me alegraste cuando te encontré en liquidación”, le dije a una falda que nunca usé. Pensar en cada objeto de esta manera hace que sea más fácil reconocer que a algunas cosas les llegó su hora de marcharse.

Kondo describe que sus clientes regalan decenas de bolsas con sus posesiones, y muy pronto, yo también tenía más bolsas repletas de objetos no deseados de lo que hubiera podido imaginar. Por primera vez en años pude ver el fondo de mis placares y había espacios en nuestros estantes donde siempre estaba repleto de juguetes, libros, papeles y otras cosas. No extrañamos ninguna de las cosas que regalamos. En cambio, me sentí más liviana sin que hubiera cosas por todas partes.

Llamé a una organización de caridad y el día fijado saqué todo a la calle esperando que llegara el camión. “¿Se mudan?, me preguntó una vecina cuando vio la cantidad de bolsas que tenía. Le expliqué que no, pero algo en mi interior se estremeció. Hacía ya mucho tiempo que con mi esposo veníamos charlando sobre la posibilidad de mudarnos a un barrio con más vida judía, donde nuestros hijos pudieran tener más amigos y donde sintiéramos que había más oportunidades para vivir la vida religiosa que deseábamos. Había muchas cosas que nos detenían. Mudarse es difícil y no podía imaginar cargar todo lo que teníamos en un camión de mudanzas. Además, muchas de las casas en el barrio al que pensábamos mudarnos eran más pequeñas.

Ahora, al observar todo lo que estaba regalando, pensé que tal vez el proceso de la mudanza no sería tan difícil.

Ordenar nos ayuda a tener el espacio mental y físico para comenzar a pensar sobre lo que es importante en la vida.

 

Después de algunos meses de aplicar La magia del orden, nos mudamos. Nuestro nuevo hogar es más pequeño, pero no hay ningún problema con eso. Ya no tenemos los placares atiborrados y los estantes desbordantes de objetos.

Hace mucho que el judaísmo reconoció que la felicidad viene de las acciones y de las conexiones humanas y no de los bienes. Después de satisfacer nuestras necesidades básicas de alimento y refugio, el resto de los bienes tienen la capacidad de controlarnos a nosotros en vez de que ocurra lo contrario. Muchos de los grandes rabinos contemporáneos fueron famosos no sólo por su increíble erudición y sus buenos actos, sino también por vivir con suma frugalidad. Rav Israel Meir Kagan (1838-1933), conocido como el Jafetz Jaim, vivió en el pueblo de Radin, en Polonia. Una vez un empresario importante fue a Radin y decidió visitar al gran rabino.

Él se sorprendió al entrar a la casa de Rav Kagan y ver que casi no tenía muebles ni decoraciones.

—¿Dónde están sus muebles? —le preguntó el empresario al Jafetz Jaim.

—¿Dónde están sus muebles? —le preguntó de vuelta el Rav Kagan mirándolo a los ojos.

—Yo estoy de viaje. Sólo me encuentro aquí de paso —le respondió el empresario.

—Bueno, yo también estoy de paso por este mundo —le dijo el Rav Kagan.

No todos podemos vivir en el elevado nivel del Rav Kagan, desprovistos de todo bien innecesario, pero debemos esforzarnos por seguir su ejemplo. Sólo estamos aquí por un tiempo breve. ¿Realmente necesitamos tantas cosas?

Ordenar nos ayuda a tener el espacio mental y físico para comenzar a pensar sobre lo que es importante en la vida. No puedo asegurar que funcione para todos, pero sin duda alguna cambió la vida de nuestra familia.