Hace dos años, cuando Shanee Markovitz tenía 17 años, se despertó una calurosa mañana de verano y descubrió que su madre, Sharón, se había suicidado.

Parada descalza y en pijama frente a su casa en Florida, Shanee enfrentó una cantidad de autos de policía y una confusión masiva. En los momentos siguientes, un Rabino, un psicólogo y dos amigos del a familia llevaron a un costado a Shanee y a su padre y les dijeron: “Cualquier cosa que digan ahora, no podrán volverse atrás. Quizás es mejor decirle a todo el mundo que fue una muerte súbita o un ataque cardíaco”.

Shanee y su padre se miraron a los ojos y declararon: “No, no lo haremos”. Ellos sabían que era un problema de salud y que mentir no beneficiaría a nadie.

Shanee le dijo a Aishlatino.com: “Ellos querían protegernos del estigma y de la curiosidad pública. En el peor día de mi vida, me ofrecieron el silencio. Sin embargo el silencio era precisamente lo que había llevado a que llegara ese espantoso momento”.

Shanee (a la izquierda) y su familia

Arrojada bajo la luz de los reflectores, Shanee (articulada, firme y con una madurez superior a sus 19 años), tomó el rol de ser un vocero contra el estigma y la vergüenza de la enfermedad mental. Sus publicaciones en Facebook, su editorial en The Forward y su discurso en Ieshiva University titulado “Vencer el estigma”, se volvieron virales. Shanee fue elegida por el New York Jewish Week como una de las personalidades jóvenes más destacadas de los Estados Unidos.

En el peor día de mi vida, me ofrecieron el silencio.

Compartir las luchas

El tema del suicidio se vuelve cada vez más grave. Durante las últimas dos décadas la tasa de suicidio en los Estados Unidos se incrementó en un 25%. Los suicidios de personas famosas (Robin Williams, Kate Spade, Anthony Bourdain) sacaron el tema a la luz. Pero el estigma social perdura, también en la comunidad judía.

“Siempre supe que la enfermedad mental es un tema tabú, pero no entendí hasta qué grado”, afirma Shanee. La realidad quedó clara cuando se sentaron en shivá por su madre. “Literalmente decenas de personas abrieron sus corazones y me dijeron: ‘Esto también ocurrió en mi familia, pero no hablamos de eso’, o ‘No puedo contarte cómo falleció mi abuelo, pero nuestra historia es muy similar’”.

Desde ese momento, Shanee se convirtió en un rostro confiable del movimiento para quebrar el tabú de la enfermedad mental. “Cientos de personas se acercaron a compartir sus secretos más ocultos y oscuros”, dice Shanee, quien en varias ocasiones guio a personas con tendencias suicidas a recibir ayuda.

¿Qué pasa cuando la persona comparte su sufrimeinto, pero se niega a recibir ayuda? ¿Debes traicionar su confianza?

Cuando tienes una vida en tus manos, no importa que los sentimientos de alguien resulten lastimados.

“Creo que se debe trazar una línea. Si alguien no constituye una amenaza para sí mismo o para los demás, entonces quizás no debemos erigirnos en jueces morales. Pero en situaciones donde existe peligro de daño personal o amenazas de vida, nunca se debe prometer mantenerlo en secreto. Cuando tienes una vida en tus manos, no importa que los sentimientos de alguien resulten lastimados. Eso es algo con lo que no se juega”.

Shanee cuenta que una vez tuvo que actuar a espaldas de alguien para lograr que lo ayudaran. “Al final, lo agradecieron. Siempre es mejor estar seguro que lamentarse. En el judaísmo no hay casi nada que no se deba hacer para salvar una vida”.

Luego del suicidio de su madre, Shanee sufrió un completo trastorno de estrés postraumático, que se manifestó como ansiedad extrema, temblores incontrolables y sensación de asfixia. Durante meses apenas logró dormir; tenía pesadillas recurrentes que la dejaban temblando y con la sensación de que le faltaba el aire. “Al principio ni siquiera me podía quedar sola en una habitación. Lloraba mucho en público y no soportaba los lugares donde había mucha gente. Me encerraba en mi misma y focalizaba toda mi energía sólo en existir”.

Shanee de bebé, con su madre Sharón

Shanee pasó por un proceso intensivo de terapia, específicamente de EMDR (desensibilización y reprocesamiento a través del movimiento ocular), reconocido como el principal tratamiento para el síndrome de estrés postraumático. “La terapia no se trata sólo de hablar mucho. Hay que comprometerse a efectuar cambios de comportamiento y en las relaciones. Es reconstruir la manera en que funciona tu cerebro”.

La comunidad judía

Shanee nació en Eilat, Israel, de padres israelíes. En el 2005, la familia se mudó a los Estados Unidos en busca de oportunidades de negocios. Durante años, ocultando una depresión nunca tratada, la madre de Shanee mantuvo una fachada. “Incluso en nuestros peores momentos, ella se presentaba con una sonrisa, perfectamente normal y feliz”, asegura Shanee. “Lo externo era una máscara que ocultaba lo interno. Ella pensó que nos estaba protegiendo de la tristeza. Mientras tanto, su enfermedad permaneció sin ser diagnosticada”.

Se estima que un 20 por ciento de la población de los Estados Unidos sufre alguna forma de enfermedad mental, y más de la mitad no reciben tratamiento. La depresión no tratada es la primera causa de suicidio. Globalmente, cada año se suicidan más de 800.000 personas, la segunda causa de muerte entre los 15 y los 29 años de edad.

¿Por qué los temas de salud mental se consideran de una forma tan diferente que lo que tiene que ver con las enfermedades físicas, como diabetes o cáncer?

Shani dice: “Es algo que asusta, porque está en la cabeza de la persona, a diferencia de una discapacidad física en la cual se puede ver lo que ocurre. Sin una comunidad con la cual uno pueda conectarse de forma abierta, uno no sabe que hay otras personas que experimentan lo mismo. Por eso es mucho más solitario y aislante”.

Shanee asegura que si bien el estilo de vida judío tiene beneficios para la salud mental, esta ventaja puede verse reducida por la reluctancia a sacar a la luz estos temas. Especialmente en la comunidad judía, donde se protege con fuerza la reputación de la familia, es posible que la gente no reciba la ayuda que necesita.

Shanee tiene esperanzas de lograr eliminar este tabú. “Hace algunos años, también había algunas enfermedades físicas que eran tabú. Pero hemos crecido como sociedad y llegamos a aceptar la realidad. Yo creo que también en lo que respecta a la enfermedad mental estamos moviéndonos en la dirección correcta”.

“Desde el comienzo mi padre me apoyó por completo. Él no habla en público, pero me da sugerencias y le gusta verme hablar. Él se siente alentado por el impacto positivo que tuvieron mis discursos”.

Shanee alienta a todos a quebrar este tabú, ya sea hablando con un amigo o escribiendo sobre el mismo de forma anónima. “Abrirse con otra persona, ya sea pidiendo u ofreciendo ayuda tiene mucha fuerza. Literalmente puede salvar vidas. Cada uno debe evaluar sus propias habilidades y sus oportunidades dentro el esquema general. Todos compartimos la responsabilidad”.

Herramientas para ayudar

Shanee afirma que aprendió de Marc Fein, director y defensor de salud mental de la NCSY, cuatro palabras importantes que pueden salvar una vida:

  • Desde la perspectiva de un amigo, las palabras claves son: “¿Estás bien?”

  • Desde la perspectiva de la persona deprimida, las palabras claves son: “Necesito ayuda”.

Casi todo el mundo pasa por períodos de tristeza, incluso de depresión. ¿Cómo podemos identificar cuando se cruzó la línea y se trata de algo que requiere intervención?

No ignores las señales rojas. Efectúa una revisión: “¿Estás bien?”

“Cada uno conoce a sus amigos y a su familia, por lo que frecuentemente podemos saber cuando algo no está bien. A menudo ignoramos las señales rojas. Presta atención a los cambios de comportamiento, a las alusiones crípticas o a las bromas respecto a lastimarse a uno mismo, o simplemente el hecho de disminuirse a sí mismo. Quizás sienten una gran carga sobre sus hombros y eso puede afectar su rendimiento en la escuela, el trabajo, las relaciones y las actividades favoritas. No te limites a reírte y a quitarle importancia pensando que “tiene un mal día”. En cualquier situación de duda, siempre es mejor revisar lo que ocurre y preguntar: “¿Estás bien?”.

Parece ser tan simple. ¿Por qué la gente no lo pregunta más a menudo?

“Muchas veces tememos escuchar la respuesta. Nos sentimos incómodos al abrir y sacar a la luz el dolor de su dificultad. Y no nos sentimos equipados para ‘resolver’ su problema”.

Shanee asegura que la respuesta es simplemente dirigirlos hacia la fuente apropiada. “De esa forma nuestra incomodidad puede dividirse y podemos focalizarnos más en obtener la ayuda necesaria”.

Shanee describe lo que se debe hacer cuando alguien revela su dolor privado.

“En primer lugar mantente callado y escucha. Aliéntalo a abrirse: ‘Eres importante para mí’. Sin embargo, debes tener cuidado respecto a dónde presionar y dónde no. Deja eso para profesionales certificados.

“En segundo lugar, asegúrale a la persona: ‘Te ayudaré a encontrar ayuda, y te acompañaré a lo largo del proceso’ Déjala saber que te preocupas por ella. Sigue siendo su amigo, incluso cuando es difícil.

“En tercer lugar, asegúrale que hay otras personas en la misma situación. Dile: ‘No estás solo, y vi que otras personas se recuperaron. También tú puedes lograrlo’. A menudo esta es la pieza clave que muchos nunca escucharon y que brinda mucho alivio”.

Mirar hacia adelante

Shanee (D) con sus hermanos

Shanee acaba de completar su primer año en Stern College en Nueva York, donde estudia ciencias políticas. “Consideré la posibilidad de estudiar psicología, pero decidí que no era para mí. Mi fuerza es mi historia personal. Hablar sobre salud mental es parte de mi camino de curación y seguirá siendo una gran parte de mi vida, no sólo como una ‘carrera’”.

Poco después de comenzar a hablar en público, Shanee se conectó con Refuat Hanefesh, una organización sin fines de lucro dedicada a despertar conciencia sobre los problemas de salud mental en la comunidad judía. Refuat Hanefesh también brinda un espacio seguro donde la gente puede recibir ayuda de forma anónima, sin temer ser juzgada, por parte de personas que entienden los matices culturales y religiosos del judaísmo.

En su discurso en Ieshiva University, Shanee declaró:

“Mientras haya quienes teman perder sus trabajos, perder la posibilidad de que alguien los ame y se case con ellos, ser dejados de lado por las instituciones, las amistades y las comunidades, eso quiere decir que no estamos haciendo lo suficiente. Hay demasiadas personas que se sienten solas. Demasiados sienten que la oscuridad sobrepasa a la luz. Podemos hacer más y debemos hacerlo. No debemos aceptar un mundo en el que una madre esté demasiado asustada como para decirle a alguien que no desea vivir, por miedo a que la vayan a despreciar”.

Respecto a su futuro, Shanee está escribiendo varios trabajos sobre salud mental y espera seguir compartiendo su historia en universidades y sinagogas. “Todos necesitamos recordar que somos valiosos y dignos. A pesar de mis desafíos, yo no estoy dispuesta a ceder a mi funcionalidad, a mi confianza en las personas que amo ni a mi capacidad de llegar a ser en el futuro una madre afectuosa y capaz”, dice con determinación.

“Debemos quebrar este silencio que aturde, este velo que obliga a la gente a ocultar sus dificultades y a no buscar ayuda. Con nuestras voces y nuestra empatía, podemos vencer este estigma”.