Saúl nació en Nueva Jersey en 1980. Su familia pertenecía a un templo reformista al cual asistían en Rosh Hashaná y Iom Kipur, manteniendo fielmente su tradición: después de los servicios de Rosh Hashaná iban a cenar comida china. Hasta la edad de Bar Mitzvá, Saúl asistió a una escuela judía una tarde a la semana y los sábados por la mañana. “Nuestra familia era culturalmente judía. Leíamos el New York Times, veíamos películas de Woody Allen y apoyábamos causas políticas liberales”, cuenta Saúl.

Cuando ocurrió el atentado del 9/11, Saúl estaba en la universidad. De repente les advirtieron a los extranjeros que si no tenían las visas adecuadas serían deportados. Entonces tuvo lugar una campaña, propiciando que los estudiantes que eran ciudadanos norteamericanos se casaran con estudiantes extranjeros para que pudieran recibir visas de residencia. Saúl se ofreció voluntariamente para casarse con una mujer peruana católica. La ceremonia nupcial tuvo lugar en el Ayuntamiento. El padre de Saúl se sintió orgulloso de que su hijo hiciera “tikún olam”.

Sorprendentemente, el matrimonio perduró. Cuando Saúl se graduó en el 2003 con una especialización en lenguas, le resultó difícil conseguir un buen trabajo. Después de dar clases durante dos años, Saúl y su esposa decidieron irse a vivir a la ciudad natal de su mujer: Lima, Perú. Por lo que costaba alquilar durante un año en Nueva York, podían comprar un departamento en Lima. Saúl consiguió trabajo enseñando inglés en la escuela francesa.

En Lima había cuatro sinagogas y 3.000 judíos, la mayoría de ellos ancianos sobrevivientes del Holocausto. Jabad y la sinagoga conservadora luchaban para llegar a tener un minián. Saúl era ateo. Su judaísmo consistía en encender velas en Janucá, hacer un Séder en Pésaj y abstenerse de comer (pero no de beber) en Iom Kipur. También mantenía la “tradición judía” familiar de la política liberal.

Para Saúl era irrelevante que en Tarapoto ni siquiera hubiera una sinagoga.

Después de vivir nueve años en Lima, una metrópolis de diez millones de personas sin un sistema de transporte público y envuelta en niebla nueve meses del año, Saúl decidió mudarse a la bella región de la Amazonía. Escogió Tarapoto, una ciudad de 500.000 personas en donde tendría la oportunidad de desarrollar un negocio de traducciones legales y técnicas para las compañías mineras. Para Saúl era irrelevante que en Tarapoto ni siquiera hubiera una sinagoga.

Pero Saúl y su esposa tenían hijos, y para él era importante que su descendencia tuviera una identidad judía, basada en la doctrina reformista de la descendencia por línea paterna. Su primer hijo nació cuando estaban visitando a los padres de Saúl en Nueva Jersey y fue circuncidado por un mohel conservador. Cuando nació su segundo hijo nació en Tarapoto, Saúl le pidió a un cirujano local que circuncidara a su bebé de ocho días. El cirujano se negó y dijo que era peligroso circuncidar a un bebé tan pequeño.

El milagro

Tres meses más tarde, la familia de Saúl fue invitada a una boda en el balneario de Los Grillos en Zorritos, cerca de la frontera con Ecuador. Eric, un amigo norteamericano de Saúl, se casaba con una mujer peruana no judía, y había llevado al lugar a la rabina Laurie de Florida para dirigir la ceremonia. Saúl aún quería hacer un brit para su segundo hijo. Aunque entendía que la Rabina Laurie no podía circuncidar al bebé, le preguntó si ella podía oficiar alguna clase de ceremonia de brit al día siguiente de la boda y ella accedió.

En Los Grillos, la familia de Saúl se alojó en un rústico bungalow de un ambiente con techo de paja. Allí sólo había una cama para la pareja y una cama más pequeña para los niños. Arriba del bungalow había una plataforma que sostenía un tanque de agua de 1.000 litros, al cual se accedía por una escalera. El bungalow estaba tan cerca de la costa que podían dejar al bebé durmiendo en la cama pequeña mientras Saúl, su esposa y su hijo mayor jugaban en la playa y podían oír si el bebé lloraba.

La boda tuvo lugar en la noche del sábado. Los bailes se alargaron hasta muy tarde. El domingo a la mañana, la rabina Laurie realizó una ceremonia estilo brit a la que asistieron todos los amigos de Eric y de Saúl. Después de la ceremonia, Saúl se despidió de Eric: “Regresaremos a nuestro bungalow para pasar un día de playa familiar”. Eric protestó y le dijo que acababan de hacerle el brit a su hijo, un significativo momento judío. Debían quedarse y celebrar con los amigos que estaban allí reunidos. Saúl y su esposa aceptaron quedarse y pasaron todo el día comiendo, bebiendo y celebrando tanto la boda como el brit.

El tanque de una tonelada de agua había caído sobre la cama en la que hubiera estado durmiendo el bebé si ellos no se hubiesen quedado a celebrar el brit.

Hacia la medianoche, cuando conducían hacia su bungalow, el encargado del lugar salió corriendo hacia ellos y gritó: “¡Qué alegría que estén bien!”. En la oscuridad, señaló las ruinas de lo que había sido su bungalow. Ese día, un conductor borracho con una camioneta había chocado contra la escalera, lo que desestabilizó el tanque de agua de una tonelada y provocó que cayera sobre el techo de paja del bungalow. Al caminar entre los restos empapados del bungalow, Saúl vio que el tanque de agua había caído sobre la cama en la que su bebé hubiera estado durmiendo si ellos no se hubiesen quedado a celebrar el brit. Saúl se estremeció.

“Entendí con claridad que mi hijo sobrevivió porque decidimos hacer la ceremonia y porque nos quedamos para celebrarla como corresponde. Vi la mano de Dios. No estaba listo para admitirlo ante los demás, pero pensé: ‘si hay un Dios y Él acaba de salvar a mi hijo, tengo que hacer algo para agradecerle. ¿Qué puedo hacer?’”.

Todo el camino de regreso a Tarapoto, Saúl reflexionó respecto a cuál sería la respuesta apropiada. Pensó en cuidar kashrut, pero aparte de frutas y verduras, en Tarapoto no había disponible comida kasher. Consideró aprender hebreo, pero concluyó que esa era una respuesta débil ante un milagro tan grande. Finalmente decidió: “Alguna vez entendí que a Dios le gusta mucho el Shabat. Probablemente si hago una linda cena con vino los viernes en la noche, eso sería algo significativo”.

Aunque en Tarapoto no había una verdadera comunidad judía, una década antes una organización israelí llamada Shavei Israel había enviado un emisario para recuperar a los tataranietos de los comerciantes judíos marroquíes que llegaron a la Amazonía a fines del siglo XIX y se habían casado con mujeres locales. Shivei Israel había comenzado un programa de conversión a gran escala bajo auspicio ortodoxo para los descendientes de esos comerciantes judíos que querían ser judíos. Ellos realizaban servicios de Shabat en casas privadas. Saúl comenzó a asistir a esos servicios los viernes por la noche y luego hacía en su casa una cena en honor al Shabat. Esta práctica continuó durante dos años.

Entonces Saúl y su esposa pasaron por una dolorosa separación. “Estaba muy preocupado. Sentía arrepentimiento por muchas cosas que habían ocurrido durante muchos años. Fui a un retiro espiritual indígena que dirigía uno de mis clientes. Antes del retiro, los participantes tenían que hacer una dieta especial. Durante dos semanas teníamos prohibido comer cerdo o mariscos. Pensé: 'Las cosas que no hubiera comido mi tatarabuela tampoco las come un chamán en la selva tropical. Debe haber algo en esto’”.

Durante el retiro, Saúl sintió “directamente la presencia Divina”. Al volver a casa comenzó a hacer Kidush en la noche de Shabat.

Tenía que aprender por sí mismo, pero no había libros judíos disponibles. “Amazon no hace envíos a la Amazonía”.

Un par de meses más tarde, decidió que estaba cansado de andar por la superficie de la observancia judía. Quería sumergirse de lleno. ¿Cómo podría hacerlo? Tenía que aprender por sí mismo, pero no había libros judíos disponibles. Como afirma Saúl irónicamente: “Amazon no hace envíos a la Amazonía”.

El Internet Judío

En ese momento Saúl descubrió el Internet judío. Aish.com, especialmente las "Guías paso a paso" de Lori Palatnik, “Preguntas y Respuestas” y Pathways [ahora Aish Academy] se convirtieron en guías a través de la densa jungla de la observancia judía. Saúl sentía que maniobraba a través de la selva por senderos claramente marcados. También consultó los sitios Mi Yodeya y Sefaria, una biblioteca en línea de textos judíos clásicos.

“Una vez que empecé, creció como una bola de nieve”, recuerda Saúl. “Quería aprender más y quería hacer más”. De todos modos, procedió lentamente. Aprendió que hay tres rezos diarios, pero cuando miró el servicio matutino de Shajarit, entendió: “No estoy listo para esto”. En cambio, comenzó a decir al despertar el rezo de una línea “Modé Aní” y Shemá Israel.

Gradualmente, Saúl comenzó a observar el Shabat. Él necesitaba su taza de café fresco en la mañana de Shabat, pero entendió que podía moler los granos de café el viernes antes del anochecer. Los servicios de la noche del viernes tenían lugar a 45 minutos de caminata de su casa y él no estaba listo para dejar de conducir en Shabat. En la noche de un viernes se encontró en una estación de servicio y comprendió que podía asegurarse de llenar el tanque de su auto antes de Shabat. “Me iba enfocando cada vez en el paso siguiente y no sabía a dónde iba a llegar. Al enfrentarme a una nueva mitzvá, a veces me emocionaba y a veces me decía a mí mismo: ‘Esto es una tontería. Nunca lo haré’. Eventualmente, cumplía esa mitzvá y después me sentía incómodo si no la cumplía”.

Cuidar kashrut en la Amazonía presentaba sus propios problemas. En Tarapoto no había disponible carne kasher. Al principio Saúl iba a la carnicería local y, aunque los animales no habían sido sacrificados de acuerdo con la halajá [la ley judía] él compraba porciones de pollo y res (animales kasher), los llevaba a casa y los salaba y remojaba de acuerdo con las leyes que había aprendido por Internet. Eventualmente entendió que “Esto realmente no está bien”. Comenzó a traer para él carne kasher por transporte aéreo desde Lima (18 horas en auto desde Tarapoto). Le pagaba a un taxista para que buscara la carne en el único restaurante kasher de Lima y la llevara al aeropuerto.

Después de un año de avances graduales, Saúl ya cuidaba Shabat excepto por el hecho de que seguía fumando, algo que se sentía que era incapaz de dejar. Pero incluso en este aspecto dio un pequeño paso en la dirección de la halajá y encendía sus cigarrillos de una llama ya existente, como está permitido hacer en las festividades. Medio año más tarde decidió que ya estaba listo y cumplió su primer Shabat completo. Fue el 26 de mayo del 2018. “Fue realmente difícil, pero me sentí muy bien de dar ese paso".

En medio del proceso, el antiguo ateo había desarrollado una relación con Dios a través de sus estudios. “Yo creía que Dios creó el universo y que nos dio la Torá, y que cuando haces una mitzvá te acercas a Dios al hacer lo que Él te dijo que hagas”.

Al viajar por el ciberespacio, Saúl encontró un judaísmo que no sabía que existía.

Eventualmente, Saúl decidió que Tarapoto, Perú, no era el lugar adecuado para vivir una vida judía. Entendió que el mejor lugar para trasladarse era Israel. En febrero del 2020 viajó por seis semanas, con la intención de hacer aliá y luego regresar a Perú a recuperar a sus dos hijos. Saúl y su exesposa decidieron que él tendría la custodia de los niños para que pudieran ser criados como judíos y aprovechar las oportunidades educacionales de vivir en Israel. Pero entonces, en marzo, llegó la pandemia de Coronavirus e Israel entró en confinamiento. Saúl debió quedarse solo en Israel, feliz de poder estudiar Torá en la Ciudad Vieja de Jerusalem, esperando con ansiedad poder reunirse con sus hijos.

Antes del confinamiento, Saúl llegó a mi mesa de Shabat. Ese Shabat, entre los invitados había una pareja estadounidense, Itzjak y Jenny, quienes se volvieron religiosos hace veinte años. En cierto momento de la charla, Itzjak, le dijo a Saúl con un poco de resentimiento: “Yo he estado estudiando Torá durante veinte años y tú aprendiste todo lo que sabes en Internet. Pero sabes más que yo”.

El camino al judaísmo no pasa a través de la Amazonía peruana, así que Saúl no tuvo más alternativa que volar y encontrar en el ciberespacio el camino hacia un judaísmo que no sabía que existía.