En el año 2009, Rav Jaim Bruk y su esposa Javi lo tenían todo. La joven pareja se mudó a Montana para establecer la primera sinagoga y sede de Jabad Lubavitch en el estado y planeaban empezar una familia en su nuevo hogar. Pero pasaba el tiempo y los hijos que tanto anhelaban no llegaban. En una entrevista con AishLatino.com, Rav Bruk explicó: “El diagnóstico de infertilidad fue terriblemente doloroso”.

Una opción era la adopción, pero Jaim y Javi todavía no habían decidido embarcarse en esa ruta. La adopción puede llevar mucho tiempo, emocionalmente es agotador y en algunos rincones del mundo judío todavía existe un potencial estigma. Los Bruks estaban analizando sus opciones cuando Jaim viajó a Nueva York para la reunión anual de rabinos de Jabad de todo el mundo. Ese viaje cambió sus vidas.

En la conferencia de la noche del sábado, Jaim vio junto a otros miles de rabinos una serie de videos inéditos de Rav Menajem Mendel Schneerson, el difunto Rebe de Lubavitch. En el video, el Rebe hablaba con varias mujeres que luchaban con la infertilidad y a algunas les aconsejaba construir su familia a través de la adopción.

Jaim no podía creerlo. Sintió que recibió un mensaje muy especifico que él necesitaba escuchar. De inmediato llamó a Javi y le contó sobre los videos. “Habíamos considerado la adopción mucho tiempo. Sentimos que había llegado el momento de actuar”.

Jaim y Javi adoptaron una bebita y la llamaron Jaia. Ella había nacido prematura y enfrentaba graves problemas médicos, pero Jaim y Javi nunca dudaron. “Pasamos de ser una pareja infértil a ser los padres de una hermosa bebita. No olvidamos los desafíos de la infertilidad, pero apenas abrazamos a nuestra nueva hija el dolor desapareció”, recuerda Jaim.

Una vez que se convirtieron en padres a través de la adopción, Jaim comenzó a notar diversas instancias de adopción en la Torá y en la historia judía. Moshé fue adoptado por la hija del Faraón, Ester era huérfana y la crio su tío Mordejai. “La idea de la adopción no es ajena al judaísmo. De hecho, el Talmud enseña que aquél que cría a un niño, ya sea a través de la adopción o como padre sustituto, es considerado como si hubiera dado a luz a ese niño”.

La familia crece

Poco después de adoptar a Jaia, Jaim y Javi recibieron una llamada de un rabino de Jabad en Nueva Jersey que había escuchado que ellos habían adoptado una bebé y quería que lo aconsejaran respecto a otro bebé que necesitaba ser adoptado. De inmediato Jaim y Javi dijeron que ellos querían adoptar al bebé y unos meses más tarde se convirtieron en padres de otra pequeña niña llamada Zisy.

Zisy nació en Sheminí Atzeret, lo cual fue un desafío para los Bruks. Tenían sólo tres días para llegar y completar los trámites legales para su nueva hija y no podían viajar hasta Nueva Jersey a tiempo debido a la festividad judía. El hermano de Jaim se hizo cargo de los papeles y la primera vez que Jaim y Javi se encontraron con su pequeña hija fue en el aeropuerto de Newark al día siguiente. “Conocimos a nuestra hija por primera vez en el estacionamiento de la empresa de alquiler de autos en Newark”, recuerda Jaim sonriendo. “Fue un momento mágico, a pesar de la ubicación”.

Muy pronto descubrieron que Zisy tenía serios problemas de salud. Después de cuatro años finalmente le diagnosticaron el síndrome de deficiencia de GLUT1, un raro desorden metabólico genético que causa convulsiones. Los Bruks lograron controlar la condición de Zisy, quien hoy en día es una niña estudiosa a quien le encanta discutir la porción semanal de la Torá con sus padres. Pero ella tendrá toda su vida desafíos de salud.

Nuestro hijo mestizo, el único judío negro en Montana

Tres días después de adoptar a las niñas, los Bruks recibieron otra llamada: un bebé mestizo iba a ser puesto en adopción. Jaim y Javi querían adoptar otro bebé y discutieron los potenciales desafíos de criar un niño mestizo. “Javi estuvo dispuesta a adoptarlo de inmediato, pero a mí me preocupaba que un niño judío mestizo tuviera que enfrentar prejuicios dentro de la comunidad judía y también de la comunidad no judía”.

Eventualmente, Jaim y Javi decidieron aprovechar esa oportunidad. “Decidimos que si Dios nos enviaba un hermoso bebé que necesitaba un cálido hogar judío, nosotros no podíamos negarnos”. En abril del 2013, le dieron la bienvenida a la familia a su hijo Meni.

Convertirse en una familia multirracial alteró la visión del mundo de Jaim. “Vivimos en Montana, donde no hay población negra. Aquí está este niño judío ortodoxo con una kipá y tzitzit, y es negro”. En vez de enfrentar prejuicios, Jaim se deslumbró por la cálida acogida que Meni recibió en la comunidad.

“Para nosotros fue una experiencia increíble entender lo que es para una persona de color estar en una comunidad observante”, dijo Jaim. “No experimentamos racismo, pero hay algo de confusión. Meni no encaja en las típicas casillas de las personas”.

“A lo largo de su vida, Meni tendrá que enfrentar desafíos debido al color de su piel”, dijo Jaim. Además de estudiar Torá, hacer deportes y tocar música, Jaim y Javi hablan con sus hijos sobre la cultura negra y resaltan modelos de conducta de personas negras.

Hace un tiempo, Meni le dijo a Jaim que quiere ser blanco. “Yo le respondí que yo quiero ser negro y le mostré fotos de Barak Obama, Colin Powell, Oprah Winfrey y Condoleeza Rice, enfatizando que muchas personas exitosas son de color". La familia también disfruta la música de Nissim Black, un rapero jasídico negro que se convirtió al judaísmo y canta sobre ser judío y servir a Dios.

Tener a Meni en su familia benefició a toda la comunidad en Montana. “La gente me ve con mi hijo negro y eso les recuerda que las personas negras son personas reales, no personas teóricas que viven en Nueva York y en otras grandes ciudades. Son personas reales y maravillosas a quienes se debe tratar con respeto y amor".

Otras dos hijas

Después de adoptar a Meni, los Bruks adoptaron otras dos niñas, cada una con una historia cautivadora.

Su hija mayor, Shoshana, enfrentó muchos desafíos en su vida previa. Cuando era preadolescente, ella pasó un tiempo en casa de los Bruks para poder asistir a su campamento de verano. Luego les preguntó si ella también podía ser parte de su familia. La idea de adoptar a una niña mucho mayor los asustó un poco. “Eventualmente comprendimos que Dios literalmente puso a Shoshana en nuestra puerta y teníamos que tomar una decisión. ¿Cómo íbamos a responder a la oportunidad que Dios puso frente a nosotros?"

Jaim y Javi decidieron adoptarla y ella escogió para sí misma el nombre Shoshana, que en hebreo significa rosa, debido a su resiliencia y determinación. Ella se sentía como una rosa arrancada de entre las espinas de una situación difícil para unirse a la familia Bruks. Shoshana también escogió Yael como su segundo nombre, como Yael de los Profetas, que luchó por el pueblo judío. “La llamamos nuestra Rosa Guerrera”, dijo Jaim. “Ella luchó por lo que tiene”.

No siempre fue fácil expandir la familia, pero hoy en día no pueden imaginar la vida sin su valiente hija adolescente.

La más pequeña fue la última que adoptaron. En el 2017 Jaim recibió una llamada informándole que había un bebé que necesitaría un hogar. De inmediato supo que él y Javi querrían adoptar a ese bebé. En agosto del 2018 se unió a la familia Jana Laia, quien recibió su nombre en honor a la madre de Jaim, que había fallecido en el 2010 después de una batalla de 12 años contra el cáncer de mama. Todos los hermanos de Jaim habían podido dar a sus hijas el nombre de su madre y para él fue muy significativo poder hacerlo.

Jaim y Javi reciben llamadas de todos los rincones del mundo con preguntas sobre la adopción. Jaim cree que la adopción se está volviendo algo más común en el mundo judío ortodoxo y también ve mayor disposición a adoptar niños que no son blancos. “Cuando hablamos de unidad o respeto por el pueblo judío, no debe ser solamente por alguien que se ve y suena como tú. Se debe respetar a todas las personas”. Adoptar hijos, criar niños con necesidades especiales y convertirse en una familia multirracial llevó a que Jaim tomara más consciencia respecto a la necesidad crucial de ser sensible y reconocer el valor inherente en cada ser humano.

A veces, algunas personas le dicen a Jaim que esperan algún día sean bendecidos con sus propios hijos. “No me ofendo, pero les explico que Dios ya nos bendijo con nuestros propios hijos”.

Jaim alienta a las parejas que enfrentan la infertilidad a considerar la adopción. “La infertilidad es uno de los problemas más dolorosos que puede tener una pareja, pero no es necesario vivir una vida en silencio y dolor interno, llorando cuando ves a un bebé en un cochecito”. La adopción no es fácil, pero para algunas familias es el camino correcto.

“Cuando observo a nuestra familia cada semana en la mesa de Shabat, veo un hermoso arcoíris de la experiencia humana”. Cada uno de sus hijos es diferente, con su propio camino por el cual llegaron a ser una familia. “En esta familia, cada uno tuvo una historia y una experiencia diferente, y nosotros lo aceptamos".