Quiero contar la historia de una mujer que personifica a quienes se unen al pueblo judío, la “Rut moabita” de la era postmoderna. Maritza Rodríguez fue durante muchos años una de las actrices más famosas y exitosas del mundo de las telenovelas latinoamericanas, colombianas y mexicanas. Ella actuó en decenas de novelas y películas y era considerada como una reina de la belleza y como una de las personalidades que tenía un futuro profesional asegurado. Pero parece que una cosa son los planes y otra diferente la realidad.

Maritza conoció a su pareja judía, Joshúa Mintz, dentro del marco de su trabajo compartido y decidieron casarse. También Joshúa era una de las personalidades exitosas en las agencias de producción de programas televisivos en los Estados Unidos y México, y llegó a ser uno de los productores más destacados en el mundo de las telenovelas. Joshúa nació en una familia judía que había llegado a México desde Rusia y Polonia, buscando una nueva vida. Como ocurrió varias veces en esa época, los inmigrantes judíos no distinguieron entre Norteamérica y México. La familia de Joshúa se encuentra entre aquellos que sentaron las bases de la comunidad y de las escuelas judías de la comunidad.

A pesar de su pasado tradicionalista y de su identidad judía, Joshúa no le pidió a Maritza que se convirtiera para formar una familia. Pero Maritza comenzó su camino estudiando sobre el judaísmo en el Centro de Cábala en Miami y a partir de allí descubrió la verdad y la espiritualidad del judaísmo. En un momento decidió convertirse con una conversión conservativa.

Después de la conversión, la pareja tuvo mellizos a los que llamaron Akiva y Iehudá. Joshúa y Maritza quisieron educarlos como judíos y darles la posibilidad de estudiar Torá. Pero se sorprendieron cuando no recibieron a sus hijos en la escuela religiosa de México porque la madre había hecho una conversión conservativa. La pareja se sintió dolida, pero no se asustó. Dando muestras de una enorme fuerza interior, decidieron hacer una conversión de acuerdo con la halajá para que sus hijos pudieran estudiar Torá y vivir como judíos.

En una charla en la que explicaron por qué querían someterse al proceso de conversión, dijeron: "Queremos que nuestros hijos tengan el mérito de estudiar Torá como cualquier judío, que estén conectados a la tradición judía y al estado judío; que crezcan como buenos judíos, orgullosos de lo que son, dispuestos a entregar su alma por el pueblo de Israel".

La familia Mintz llegando a Israel

La familia Mintz llegando a Israel

Maritza viajó con los mellizos a Israel para estudiar Torá de día y de noche durante un año. Ella estudió en un instituto para conversos, en clases particulares, en cursos por Internet, fue a sinagogas y Batei Midrashiot, y en el medio visitó y rezó en las tumbas de los tzadikim. Maritza prosperó y se transformó en Sarah, una mujer con una fe profunda, un profundo conocimiento del judaísmo y meticulosa en el cumplimiento de las mitzvot. Sarah y Joshúa pasaron juntos el proceso. Ellos comprendieron que la responsabilidad por llegar al objetivo era compartida, y que cada uno debía brindar su parte y su tiempo. Joshúa siempre dice que Maritza es una de las mujeres más bellas del mundo, pero que su belleza interior es todavía más grande y más significativa que su belleza exterior.

Después de la conversión, Maritza cambió su nombre de Maritza Rodríguez a Sarah Mintz. La pareja se volvió a casar con jupá y kidushín en Jerusalem, frente a las murallas de la Ciudad Vieja. Pero aquí no termina la telenovela. Tal como antes de convertirse Sarah era una figura importante en el mundo de las telenovelas, también después de su conversión se transformó en un símbolo dentro de la comunidad judía de México.

Con su ropa tzanua (recatada), su pollera larga y el cabello cubierto con una peluca, se convirtió en una de las oradoras más requeridas en las escuelas judías, en los centros de estudio para mujeres y en las clases en casas, para relatar su peculiar historia y el proceso de pensamiento que la llevó a convertirse al judaísmo.

Me parece que no muchos tienen el mérito de conocer a una actriz famosa que abandona su mundo de fama y cultura, y la posibilidad de ganar mucho dinero, para unirse con toda su alma y con todo su corazón al pueblo judío.

Este año, el día de Iom Haatzmaut, la familia Mintz aterrizó en Israel y concretó el proceso de aliyá a Israel. Estoy seguro de que a pesar de que Sarah ha dejado atrás los capítulos de la telenovela colombiana, ella comenzará una nueva serie de “telenovelas judías” con el pueblo y el estado judío, para la gloria del pueblo de Israel y del estado de Israel.

Bienvenida Sarah al pueblo de Israel y bienvenida familia Mintz a la Tierra de Israel.