La rabanit Henny Majlis falleció hace cinco años* sin haber oído nunca hablar sobre el COVID-19, pero ella nos dejó una receta para enfrentar este difícil período.

Su receta tiene dos ingredientes: emuná (fe en Dios) y tefilá (plegaria).

Aunque probablemente la Biblia que recibiste para tu Bar/Bat Mitzvá traduce el segundo de los Diez Mandamientos como "No tendrás otros dioses delante de Mí", la palabra hebrea para "dioses" también significa "poderes". Emuná es creer que hay una única fuerza Divina que controla el universo. Lo cual implica creer exclusivamente en Dios y no en cualquier otro poder. Esto incluye el poder político, el poder económico, e incluso el poder de una vacuna contra el coronavirus que pueda salvarnos de la plaga.

Aunque Dios por lo general dirige el mundo de acuerdo con las leyes naturales que Él mismo estableció, la voluntad Divina responde a las plegarias. Esto nos lleva al segundo ingrediente de la receta de Henny que es "buena para cualquier crisis": la plegaria personal. Si bien Henny abogaba y practicaba la plegaria tradicional del sidur (libro de plegarias judías) por la mañana, a la tarde y a la noche, ella también era una gran defensora de la plegaria personal.

Ella explicaba que la plegaria no es simple ni principalmente para pedirle cosas a Dios. Para Henny, el propósito de la vida era conectarse con Dios, y el rezo era el medio para lograr esa conexión. Una vez le pidió a un rabino que trabajaba con estudiantes universitarios que les transmitiera este mensaje a sus alumnos: "Todos tienen que saber que debemos hablar con Dios. Tenemos una línea directa con Dios".

La verdad es que Dios está presente siempre y en todas partes, pero los seres humanos no vemos esta realidad que está camuflada. El "ocultamiento de Dios" es uno de los grandes temas del judaísmo. Pero la pantalla que oculta a Dios puede atravesarse con el simple acto de hablarle directamente a Dios. Por eso todas las bendiciones de la liturgia judía comienzan refiriéndose a Dios en segunda persona: "Bendito eres Tú…" Especialmente en esta época de cuarentena, aislamiento y soledad, la verdad de que Dios está siempre presente y siempre nos escucha, puede salvar vidas.

En toda situación

Debido a que Henny tenía fe absoluta en que Dios tiene absoluto control (excepto de las elecciones morales de libre albedrío humano), ella decía que se debe rezar en todas las situaciones. Una de sus alumnas contó esta historia [de Emunah with Love and Chicken Soup]:

Una vez tuve problemas con mi presión sanguínea, que subió de forma descomunal. Era justo antes de Shabat y teníamos que recibir huéspedes. El médico quería mandarme al hospital. Mi presión era 200/170.

La rabanit Majlis me había enseñado que si uno piensa que es un problema médico, no entiende nada. En verdad es un mensaje de Dios, porque yo no me estoy conectando con Él. Le pedí a la enfermera que me diera un minuto. Ella pensó que me había vuelto loca. Empecé a rezar: "Dios, Tú me envías esto. Dios, Tú sabes que necesito estar en casa. Por favor, Dios, necesito estar en casa en Shabat. Sé que esto viene de Ti. Sé que depende de Ti".

Entonces le dije a la enfermera que podía volver a medirme la presión. Ahora el tensiómetro marcó 120/60. La enfermera llamó al médico porque no podía creerlo. Le dije que mi rabanit decía que "sólo necesitamos conectarnos con Dios".

Aunque podemos pensar que la plegaria es una respuesta a las situaciones difíciles, Henny invirtió esa idea. Ella enseñó que Dios nos da situaciones difíciles para que acudamos a Él con nuestras plegarias.

Durante los últimos ocho años de su vida Henny sufrió de cáncer. Muchas veces viajó de su hogar en Jerusalem a Nueva York para someterse a tratamientos y cirugías en Sloan Kettering, el mejor hospital de cáncer en Manhattan. Ella siempre llegaba acompañada por sus hijos mayores, a veces incluso por tres de ellos. Su hija Sara contó:

Cuando estábamos en el Hospital Sloan Kettering, mi madre decía: "¿Por qué piensan que Dios nos sigue trayendo acá? Porque tenemos que rezar por todas las personas que están aquí". Cada uno tenía su propia tarea. Uno tenía que rezar por las personas enfermas, otro tenía que rezar por las almas perdidas que había allí. La gente pensaba que estábamos locos. ¿Por qué venían tres guardaespaldas con esa mujer enferma? Algunos enfermos llegaban solos. Pero cada uno tenía un trabajo, tenía que rezar por alguien. Estábamos en el hospital durante muchas horas y cada uno tenía que rezar por alguien.

Esta es una idea profunda. Dado que el propósito de la vida es conectarnos con Dios, Él nos da desafíos, frustraciones y carencias para que nos dirijamos a Él con plegarias. Y como Dios controla tanto los grandes como los pequeños eventos de nuestras vidas, cada momento es una oportunidad para lograr esa conexión. Uno de los Sabios del Talmud dijo que debemos pedirle a Dios incluso cuando necesitamos un cordón para los zapatos. Una alumna de Henny contó:

Tengo un hijo de 12 años que sufre de PDD (trastornos generalizados del desarrollo), dentro del espectro autista. Antes de Rosh HaShaná, él nos dijo que no podría cuidar los dos días de Rosh HaShaná a menos que tuviera un cubo Rubik. Esto fue 15 minutos antes de que empezara el Iom Tov.

Fui a la casa de todos mis vecinos. Cada uno de los vecinos a los que les pregunté tenía un cubo Rubik pero no me lo podían prestar. Yo todo el tiempo pensaba: "Necesitamos que nuestro hijo observe Rosh HaShaná". Todos conocen a mi hijo, pero Dios no los dejaba prestarme el cubo.

Llegó el primer día de Rosh HaShaná y mi hijo volvió a decirme: "Necesito un cubo Rubik, no tengo nada que hacer". Fui a preguntar a otros vecinos, pero volví con las manos vacías. A la tarde pasé por la casa de mi vecina y vi que sus hijos jugaban con un cubo Rubik. Ella me dijo que no me lo podía prestar porque no era de ellos. Nadie nos quería prestar su cubo Rubik.

Pensé: "Esto es una locura". Entonces finalmente lo entendí. ¡Dios quería que yo le pidiera A ÉL un cubo Rubik!

Le hablé a Dios: "Si TÚ deseas que tengamos un cubo Rubik, por favor dame uno. Tú tendrás que conseguirlo. Mi hijo lo necesita. Por favor, dame un cubo Rubik". Salí de la casa y me encontré en la escalera con una amiga. Le pregunté y ella tenía un cubo Rubik en su departamento. De inmediato fue a buscarlo y me lo prestó.

Hablar con Dios a lo largo del día

Henny abogaba y practicaba dos clases de plegaria personal. La primera es hablar con Dios a lo largo del día, sin importar lo que estés haciendo. Al lavar los platos, al doblar ropa, al hacer ejercicio, al caminar, al manejar, todo el tiempo puedes hablar con Dios. Cuando las personas ocupadas le decían que no tenían tiempo para recitar las plegarias del sidur, ella les decía que simplemente hablaran con Dios todo el tiempo. "Incluso si te despiertas de noche para darte vuelta en la cama, habla con Dios", aconsejaba Henny. Como enseñó a sus alumnas:

Intentas tener una relación con Dios y eso se logra a través de la plegaria. Pero esto depende de las circunstancias. Si alguien está demasiado ocupado con su casa y su trabajo… tiene que aprender a hablar con Dios con sus propias palabras. Dile: "Te amo" o "Quiero amarte", o "Ayúdame a amarte".

Durante esta pandemia, nos asaltan los temores. Tenemos miedo de contraer la enfermedad, de las consecuencias económicas y políticas de la plaga… El antídoto contra el miedo es la combinación de emuná y tefilá. Ambos ingredientes son imprescindibles. Cuanto más creas que Dios tiene el control y más entiendas que la plegaria es una línea directa con Dios, más "milagros" verás. Como enseñó Henny: "Cuando rezamos, movemos mundos".

¿Qué debes decir cuando hablas con Dios? La obra clásica Los deberes del corazón sostiene que los seres humanos estamos en modo de espera o en modo de agradecimiento. Por supuesto, el modo de agradecimiento es más conductivo a la satisfacción y a la felicidad. Cuando te vistes, puedes agradecerle a Dios que la camisa que te pones esté hecha de un algodón que tú no cultivaste, de un hilo que no tuviste que hilar, de una tela que no tejiste en máquinas que no diseñaste ni produjiste… Sin embargo tienes una buena camisa para vestirte. ¡Gracias Dios!
Cara a cara con Dios

La segunda clase de plegaria personal por la que Henny abogaba con fuerza era fijar un tiempo, salir y hablar con Dios en voz alta. Ella enseñaba que hay que comenzar con cinco minutos y gradualmente ir incrementando el tiempo. Esto se llama hitbodedut y se diferencia de hablar con Dios a lo largo del día, porque durante la hitbodedut no haces muchas cosas a la vez. Durante ese tiempo especial, tienes una audiencia privada con el Amo del Universo.

Habla en voz alta. Comienza agradeciéndole a Dios durante dos minutos, y luego habla con Él de lo que venga a tu mente. Sin embargo, el Rav Shalom Arush advierte que debes tener cuidado. A Dios no le gusta que lloriquees. Presta atención a la diferencia entre esto:

"Dios, ¡no lo soporto! No puedo pagar mis deudas debido al COVID-19. Perdí mi trabajo y no hay posibilidades de encontrar un nuevo trabajo en mi campo. ¿Cómo puede pasarme esto? ¡Estoy desesperado!"

Y esto:

"Dios, yo sé que Tú tienes completo control, que me amas y que siempre haces lo que espiritualmente es mejor para mí. Sé que estás en control sobre el COVID-19, aunque no puedo entender el plan Divino que permitió que esta pandemia afecte al mundo. Pero ahora necesito pagar mis cuentas y he perdido mi trabajo. Por favor, envíame dinero para pagar mis cuentas. Sé que Tú puedes enviarme un nuevo trabajo, o puedes enviarme el dinero de otra forma".

Henny contaba una parábola sobre un médico que tenía que cubrir el turno nocturno en un hospital. El hospital tenía poco personal y había sólo un médico de guardia. Sin embargo, le dijeron que si llegaba a verse abrumado y necesitaba ayuda, debía pedir ayuda y le enviarían más personal. El médico trabajó abnegadamente durante toda la noche. Estaba muy ocupado corriendo de paciente en paciente. Lamentablemente uno de los pacientes falleció y lo demandaron. Cuando se presentó en la corte dijo que no sabía por qué estaba allí cuando esa noche literalmente había dado todo lo que podía para mantener al hospital en funcionamiento. El juez le dijo que no era acusado por tratar de ayudar a todos los pacientes, sino por no pedir ayuda.

"Así también la rabanit Majlis nos decía que tenemos que pedirle ayuda a Dios, que necesitamos salir y clamar a Dios. Contarle con qué nos enfrentamos. Contarle todos los problemas que enfrentamos y decirle: 'Dios, Tú me hiciste de esta manera'. Pídele a Dios que te ayude a cambiar en esas áreas".

Dado que el propósito de la plegaria es acercarnos a Dios, incluso cuando se nos niega lo que pedimos (como puede ocurrir), la plegaria es exitosa. Ella te llevó de ser una persona vulnerable que se ahoga en un océano aleatorio y sin sentido a aterrizar a salvo en un terreno en el que Aquél que más te ama está presente y te cuida de formas insondables.

El COVID-19 incrementó los casos de abuso doméstico, depresión y ansiedad. Todo esto puede mejorar con emuná y tefilá, al reconocer que no estás solo, que Dios te acompaña de la forma más íntima. Como solía decir la rabanit Henny Majlis: "No hay lugar para la tristeza y no hay lugar para la desesperación. Sólo hay lugar para la plegaria y no podemos ser perezosos. Tenemos que sacarla de nosotros a la fuerza. Cuando necesitamos ayuda, tenemos que pedirle todo a Dios, desde un lugar para estacionar hasta no gritarle a tu hijo o a tu esposo. Necesitamos ayuda… Dios quiere escucharte".


*El quinto iortzait de la rabanit Henny Majlis cae este año el día miércoles 21 de octubre. Si te has sentido inspirado por ella, por favor enciende una vela por Henna Rasha bat Moshé Jaim.