Cuando estaba en la escuela secundaria me ofrecí como voluntario en un programa judío extraescolar, pensando que era alguna clase de programa de "hermano mayor". Creí que íbamos a jugar un poco al básquet, comer pizza, compartir algunos chistes y con suerte podía llegar a ser una buena influencia en la vida de alguien más joven que yo.

Pero me sorprendí cuando después de las presentaciones Daniel, de ocho años, me preguntó: "¿Por qué rezan los judíos?".

No estaba preparado para eso. No había dedicado tiempo a prepararme para responder preguntas y mantener discusiones. Había pensado pasar un buen rato.

La pregunta me sorprendió, pero de todos modos seguía deseando ser una influencia positiva. Dado que crecí en un hogar religioso y estudiaba en una escuela religiosa, pensé que debía tener una respuesta para él. Pero no tenía idea. Nunca me había tomado el trabajo de prestar atención ni formular esa pregunta.

Debería haberle respondido sabiamente: "Muy buena pregunta Daniel. La verdad que nunca pensé en el tema. Esta semana voy a investigarlo y cuando nos volvamos a encontrar te contaré lo que he aprendido". En cambio, en un momento de pánico sin experiencia, le dije: "Es sólo otra de las cosas que hacen los judíos". Me sentí muy mal…

Arrepentido, esa noche llamé a la casa de Daniel para pedirle disculpas por haber inventado una respuesta y le prometí que volveríamos a hablar del tema con más detenimiento.

Ese momento tuvo un impacto enorme en mi vida. De repente tenía pilas de libros al lado de mi cama y comencé a investigar. La pregunta de Daniel me despertó el deseo de querer saber más sobre lo que hacía como un judío practicante, una búsqueda que continúa muchos años más tarde.

Quiero compartir una idea respecto a la plegaria judía que aprendí a partir de ese episodio. Entre varias ideas que conversé con Daniel, llegué a una explicación respecto a por qué los judíos rezan tres veces al día, a la mañana, a la tarde y a la noche, comparándolo con el básquetbol.

Después de jugar en varios equipos y ser entrenador, comprendí que hay eventos importantes "detrás de las escenas" que marcan toda la diferencia cuando llega el momento del partido. Además del entrenamiento físico, mental y emocional necesario, hay tres momentos claves que pueden fortalecer o quebrar el espíritu del jugador de básquet. Estos momentos pueden aprovecharse para construir la debida motivación y foco, y marcan toda la diferencia respecto al resultado.

El primero es justo antes del partido, cuando los jugadores se sientan con su entrenador. Al repasar su plan del juego para enfocarse en sus potencialidades, enfrentar los desafíos y lograr la victoria, cada jugador tiene en mente un objetivo y la motivación de cumplirlo. El grito de "¡Podemos hacerlo!", da comienzo al partido y fija el tono.

El segundo momento tiene lugar en el medio tiempo. Junto al entrenador, los jugadores examinan su desempeño y al reflexionar sobre sus áreas de éxito, construyen la siguiente onda de motivación para mantenerlos en movimiento. Si tienen dificultades, analizan los obstáculos que enfrentan. Al examinar qué funciona y qué necesita cambiar de enfoque, estarán preparados para enfrentar el resto del partido con el máximo esfuerzo y confianza.

El tercer momento tiene lugar al final del partido, cuando el equipo se reagrupa con su entrenador. ¿Cómo lo hicimos hoy? ¿En qué tuvimos éxito? ¿Dónde precisamos trabajar más? Con una palmada en la espalda por el esfuerzo invertido, el equipo parte con sus cabezas en alto, con la esperanza de seguir subiendo hasta lograr su máximo objetivo.

De forma similar, los tres momentos de las plegarias proveen la fórmula perfecta para el éxito en la vida.

Momento 1: Cada mañana enfrentas tu primer momento crucial al prepararte para "el día del partido". Al comenzar enfocado en tu objetivo, cómo planeas lograrlo, y el lema que te asegura que puedes lograrlo, estarás preparado y motivado para tener éxito y vivir tu día al máximo.

Momento 2: A medida que el día continúa, habrá obstáculos y desafíos que pueden cansarte o provocar que pierdas de vista tus metas y tu plan del juego. Por eso, a medio tiempo, la plegaria en medio del día, tienes la oportunidad de detenerte y tomarte un momento para la reflexión. ¿Estás logrando lo que te propusiste? ¿Tienes dificultades en ciertas áreas? Vuelve a enfocarte, clarifica sobre qué estás trabajando y qué precisa un enfoque diferente, y con este segundo impulso, regresa y aprovecha al máximo el día.

Momento 3: Entonces llega la plegaria de la noche, cuando el "partido" llega a su fin. Ahora es el momento de analizarte a ti mismo. ¿Lograste tus objetivos? Si es así, mereces una palmada en la espalda. Disfrútalo. Si todavía te falta trabajar más, toma nota, y aliéntate para hacerlo mejor mañana, pero mantén la cabeza en alto.

Estos tres momentos son también momentos oportunos para volver a enfocarte en las cosas que realmente te importan. Llama a tu esposa, comunícate con tu hijo, conéctate con un amigo cercano, busca a tu mentor, habla sinceramente con Dios, etc. Todos estos pueden ser tus "entrenadores" en la vida y al mismo tiempo ser parte de tus objetivos respecto a las relaciones a lo largo del día.

El programa de "antes del partido, a medio tiempo, y después del partido" fijado por expertos de vivir la vida a pleno, es la mejor manera de mantenerte enfocado en tus objetivos y vivir tu mejor vida.