Estaba embarazada y fui a hacer la primera ecografía. No era mi primer bebé, así que sabía qué esperar. Me emocionaba poder "espiar" por primera vez al precioso chiquitín que crecía dentro de mi cuerpo. Sabía que todavía sería bastante pequeño y que no vería mucho, pero al menos el latido de su corazón ya sería claro en ese momento. Estaba ansiosa de corroborar que mi embarazo era una realidad.

La técnica fue muy amable y charlamos un poco antes de comenzar. Después de mirar de unos minutos la pantalla, me dijo que no podía ver mucho, algo que yo esperaba, y que había dos bolsas. ¡Eran gemelos! Me sentí emocionada y nerviosa a la vez. Mis otros hijos eran bastante pequeños. ¿Cómo me iba a arreglar? Pero sabía que Dios no te manda algo que tú no puedes manejar, así que todo iba a estar bien.

Cuando estaba terminando la ecografía, algo me llamó la atención. ¿Qué pasó con los latidos? La técnica me dijo que era posible que tuviera menos semanas de embarazo de las que pensaba y por lo tanto todavía no se podía ver ni escuchar. Eso me tranquilizó y me imaginé que tendría que esperar un poco más.

Pero al salir del consultorio pensé más sobre el asunto. No, no podía estar tan confundida con la fecha. Ya debía haber latidos. Mis bebés no estaban bien. Estaba segura de eso, y a la vez lo negaba. Quería a mis gemelos. Me fascinaba la idea de enfrentar todos los desafíos de dos recién nacidos a la vez. Por favor, Dios, no dejes que sea cierto.

Pero lo era. Esa noche me llamó mi médica, quien había recibido los resultados de la ecografía. Ella me explicó amablemente que en verdad no fue que la técnica “no vio mucho”. No había visto nada. Las bolsas estaban vacías.

Me había preparado para esa noticia, así que pude escucharla y aceptarla relativamente fácil. Estaba triste y dolorida, pero sabía que Dios no te manda algo que no puedes manejar. Me dije a mi misma: puedo superar esto.

Este no era mi primer aborto, pero cada vez es difícil. Pero entendí que cada aborto también es una bendición. A algunas personas les cuesta mucho quedar embarazadas. Cada vez que me embarazo es un milagro, sin importar cómo termina. Cada momento de embarazo es un regalo de Dios que me recuerda que Él está aquí, y que fui bendecida con la posibilidad de quedar embarazada. Esta vez Él escogió recordarme que a veces no funciona. A veces no es momento para otro bebé.

Después de mi último aborto, comencé a ver de otra forma la plegaria Elokai Neshamá, el rezo que decimos cada mañana, agradeciéndole a Dios por devolvernos nuestra alma.

Dios mío, el alma que has puesto dentro de mí es pura

Me diste un alma valiosa para llevar dentro mío y estoy muy agradecida por esta bendición.

Tú la has creado, Tú la has formado, Tú la insuflaste dentro mío, Tú la cuidas dentro mío

Tú eres quien formó y creó esta neshamá, esta alma, y la puso dentro mío, y la cuidó todo el tiempo que estuvo dentro mío. Cada momento fue un regalo.

Tú te la llevarás de mi

Tú decidiste sacarla de mí. Puede ser que yo no entienda por qué y que sea doloroso, pero eso es lo que Tú decidiste.

Y Tú me la devolverás en el futuro

Pero tengo esperanzas de que Tú me devolverás un alma en el futuro. Por favor Dios, permíteme ser bendecida y llevar un hijo nuevamente dentro de mi cuerpo.

Todo el tiempo que el alma está dentro mío, agradezco ante Ti, Dios mío y Dios de mis padres

Cada momento es preciado, sin importar el resultado y estoy extremadamente agradecida.

Amo de todas las creaciones, Gobernante de todas las almas

Tú eres quien controla todo y Tú tienes poder sobre todas las almas. Esta fue Tu voluntad y acepto que debe ser para bien.

Bendito eres Tú, Dios

Tú eres Quien nos da todas las bendiciones en nuestra vida. Sí, incluso esto fue una bendición.

Quien devuelve las almas a los muertos

Tengo esperanza que Tú devolverás un alma al lugar en donde una no sobrevivió. Todo está en Tus manos y rezo pidiendo que hagas esto para mí.

Que cada día me devuelvan mi alma en sí mismo es una enorme bendición y algo por lo que debo estar sumamente agradecida. La bendición de tener otra alma dentro de mi cuerpo es en verdad un milagro maravilloso y cada momento debe ser valorado. Pero más que como un rezo de gratitud, también lo veo como uno de esperanza. Yo sé que Dios tiene el poder de darme otra alma valiosa.

La esperanza es poderosa. Me ayuda a seguir adelante. No podré abrazar a mis gemelos. Nunca los educaré ni veré sus sonrisas. Pero sé que sus almas me observan desde arriba, desde su lugar al lado de Dios, y sonríen cuando yo me pongo de pie, agradezco por el milagro y digo gam zu letová – también esto es para bien. Porque Dios me envió esto para que yo pueda enfrentarlo.