Querida Lauren:

En la escuela los otros niños abusan de mí y me maltratan psicológicamente. Odio ir a la escuela por ese motivo. ¿Por qué son tan malvados los niños? ¿Qué debería hacer?

RESPUESTA DE LAUREN ROTH:

No estás solo. A mi padre lo maltrataban en la escuela en la década del 50 por llevar matzá a la escuela en Pesaj. Lo llamaban niño judío y amenazaban con golpearlo, hasta que todo el equipo de fútbol americano rodeó a mi (pequeño y delgado) padre y dijeron: “El niño que están molestando es nuestro niño judío. ¿Quieren meterse con nosotros?”.

Mi hijo también fue maltratado. El niño que lo maltrataba una vez le tiró una botella de kétchup en el comedor y dijo delante de toda la escuela: “¡Toma, puedes tener el kétchup, porque yo odio el kétchup y te odio a ti!”.

Yo fui maltratada durante toda mi infancia… hasta que aprendí el secreto: la gente lastimada lastima a la gente.

Después de llorar durante muchos años debido al maltrato, convertí ese secreto en un truco increíble que nunca dejó de asombrarme.

Me hice amiga de los matones.

Veo la inseguridad, el dolor y la herida debajo de su comportamiento desagradable y establezco una amistad con los matones.

Veo la inseguridad, el dolor y la herida debajo de su comportamiento desagradable y respondo a eso. La primera vez que usé esta táctica fue cuando enseñé en primer grado y, en el primer día de clases, tomé al cabecilla de los matones y lo convertí en mi estudiante favorito. Dejó de molestar a los otros niños, prefiriendo en cambio sentarse a mi lado durante el recreo, conversar conmigo o simplemente quedarse quieto a mi lado, ya que probablemente yo era la única persona en su vida que lo había querido.

La vez siguiente fue cuando enseñé en quinto año de la escuela secundaria, donde nuevamente utilicé mi “radar” para distinguir a la matona de mi clase y mostrarle que me gustaba su estilo, que pensaba que era una chica muy buena. Jamás hizo problemas en mi clase, a pesar de que hacía problemas en todas las otras. Incluso comenzó a hablarme sobre su dificultosa vida familiar, sobre que no sentía que su madre la amara realmente y sobre cómo usaba la comida para mitigar su dolor.

Después vino mi primo difícil, el cual no tenía amigos hasta que llegué yo y lo traté como si hubiera sido el chico más dulce del mundo. Realmente lo era, debajo de esa dura carcasa exterior que se ponía para evitar que lo hiriesen nuevamente. Esos chicos duros y esas chicas enojonas reaccionan así porque están heridos. Muestran una dura caparazón porque cuando en el pasado expusieron su suavidad interior, ésta terminó siendo acuchillada.

Mi ejemplo favorito de “la gente lastimada lastima a la gente” es el que fue más doloroso para mí. Amanda (no es su nombre real) siempre fue cruel conmigo. Era realmente desagradable. Se burlaba de todo lo referente a mí. Y cuando íbamos a acampar juntas, sólo era dulce conmigo si le rascaba las piernas en todos sus momentos de descanso (¡Aj! Rascarle las piernas a alguien es bastante asqueroso). Yo sabía que ella actuaba así porque estaba herida; una vez había ido a dormir a su casa, antes de darme cuenta de lo mala que era. Cuando estuve allí, su hermano se enojó con ella y le gritó (le gritó en todo el sentido de la palabra: con los ojos saliéndose, las venas de su cuello bien marcadas, su rostro completamente rojo y escupiendo hacia todos lados), luego tiró la cabeza de ella hacia atrás tomándola con fuerza de sus dos trenzas. Teníamos ocho años y yo no me di cuenta de que tendría que haberles contado ese incidente a mis padres. Pobre Amanda. Cuando yo tenía 18, oí que había intentado suicidarse. La gente lastimada lastima a la gente.

Hace poco fui a una reunión de personas altamente intelectuales. Las presentaciones de casi todos los oradores contenían la palabra “yo” repetidas veces, en los contextos más arrogantes. Como por ejemplo: “Yo comencé la compañía X”, “Yo fui a la universidad Y”, “Yo logré Z”, “Yo fundé A…”. Francamente, fue bastante nauseabundo.

Sin embargo, cuando fui con mi marido a conferencias de investigación médica para personas altamente académicas, en todas las charlas (presentadas por científicos y médicos extremadamente inteligentes) ellos usaban los términos “Nosotros descubrimos”, “Nuestros resultados fueron…”. Jactarse es médicamente inaceptable; los resultados son presentados como el resultado de un trabajo en equipo, no como una plataforma para la auto-glorificación. Las personas que tienen que pregonar sus logros son seres que no se sienten valiosos ni dignos tal cual son en este mundo; alguien les enseñó que tienen que lograr cosas para adquirir valor propio. Es el mismo principio que en los matones: su inseguridad motiva el comportamiento. Bajo los “yo” llenos de ego, vi la inseguridad en sus ojos.

Creo que la Torá tiene un plan asombroso en este aspecto. Es una complicada y larga filosofía de vida, demasiado larga como para ponerla en una breve columna de preguntas y respuestas. Estoy segura de que exploraremos muchos otros aspectos de ella en artículos venideros. De todos modos, en síntesis: Dios te puso en esta Tierra. Eso significa que tienes valor tal cual eres. La forma en que obtienes más valor como persona es ayudando a los demás y haciendo lo correcto. Punto. Simple. Fácil de recordar (difícil de hacer, pero fácil de recordar). Una declaración contenida de la misión.

Debes estar consciente de que tienes valor tal cual eres e intentar encontrar el valor de los demás, incluyendo a los matones.

¿Mi consejo para ti? Sigue ese mandamiento de la Torá. Debes estar consciente de que tienes valor tal cual eres e intentar encontrar el valor de los demás, especialmente en las personas que te están maltratando. Una vez que hayas encontrado el valor de quien te maltrata, muéstrale que lo respetas y que te interesa como persona. Es difícil de hacer; es difícil amar cuando tienes odio. Aliviar su herida y suprimir su maltrato tampoco funcionará siempre. Pero, ¿cuál es la otra opción? ¿Devolver la crueldad? Probablemente eso tampoco detendrá el maltrato; lo único que logrará es convertirte en una persona que sabe ser malvada.

Deberías ser firme, pero no malvado. Puedes ser firme y compasivo al mismo tiempo. Quizás puedes decir tu primera oración con firmeza y la segunda con compasión. Podrías decir: “No te permito que me empujes contra los armarios. Lamento que sientas la necesidad de empujar a las personas. Tratemos de ser amigos”, o “No puedes tomar mi dinero para el almuerzo. Lamento que sientas la necesidad de tomar cosas de personas que son físicamente más débiles que tú. Quizás podrías usar tu fortaleza para ayudar, en lugar de para herir. Tratemos de ser amigos”.

Mi sugerencia no es fácil de implementar. Es probable que si utilizas esta táctica, en un comienzo el maltrato se vuelva aún más agresivo. De todos modos, si continúas siendo tenaz y fuertemente amoroso, calmo y te le acercas con una actitud de “seamos amigos”, eventualmente tu deseo de ayudarlo apaciguará su solitud y tristeza lo suficiente como para ablandar su armadura al menos un poquito.