Querida Lauren:

La vida parece tan difícil. A veces me da tristeza pensar en mi insignificante y repulsiva vida. ¿Algún consejo?

RESPUESTA DE LAUREN ROTH:

Me es difícil responder tu pregunta sin tener más detalles sobre lo que no te gusta, por qué no te gusta, cómo te hace sentir, etc., pero lo que me gusta de tu pregunta es que es muy general, por lo que puede ayudar a muchas personas que lean esta columna ya que mi respuesta puede ser lo suficientemente general como para cubrir muchas razones que todos podemos tener —y tenemos— para sentirnos mal sobre las partes miserables de nuestra vida.

A todo esto, esa es la primera parte de mi respuesta: todo el que está leyendo esto ha sentido exactamente lo mismo que tú en algún momento de sus vidas. No hay otra forma de decirlo: la vida es difícil. Y todos tenemos partes de nuestras vidas que no nos gustan.

Cuando mis clientes me dicen: “Estoy deprimido porque aún no tengo niños” o “Estoy deprimido porque tengo muchas personas a cargo y no me alcanza el tiempo para encargarme como corresponde” o “Estoy deprimido porque mis padres son muy fríos conmigo” o “Estoy deprimido porque mis padres están encima de mí todo el tiempo”, lo primero que les digo es: “Bueno, estás triste. Está bien estar triste. En ocasiones, dado que somos seres humanos, nos sentimos tristes. Esta es una de esas ocasiones. Acepta esa tristeza. Dite a ti mismo: ‘La tristeza es un asco. Pero la tristeza no está mal. La tristeza es simplemente tristeza y ahora me siento triste. OK, me siento triste’. Aceptar la tristeza como parte de tu vida en este momento, en lugar de luchar en contra, ignorarla o esconderla debajo de la alfombra, aliviará parte de tu carga. La tristeza es fea, pero no es mala. Te está diciendo algo”.

Esa es la segunda parte: la tristeza te está diciendo que hay algo que quizás deberías cambiar. En este punto tienes que pensar creativamente sobre tu vida y tus relaciones. A veces puedes cambiar la situación, y a veces esto es imposible por lo que la única solución es que cambies tu actitud.

Si bien nadie disfruta los aspectos difíciles de la vida, creo que las partes que nos entristecen probablemente nos hacen crecer. Nos hacen detenernos y pensar: “¿Qué podría mejorar para que esta dificultad se aminore? ¿Hay algo que pueda cambiar en mí que me ayude a soportar mejor esta tormenta? ¿Hay algo que debería cambiar en mí que cambiaría la situación? ¿Cuál es la razón de mi tristeza y cómo puedo cambiar las cosas?”.

Hay mucho que podemos aprender del mundo que nos rodea. El otro día compré una planta orgánica de cilantro que se veía suculenta y saludable. Quien ama el cilantro (sé que la gente o lo ama o lo detesta) sabe que una pequeña maceta de esta hierba no prosperaría dentro de la casa por mucho tiempo; tienes que replantarla afuera, en una maceta más grande. Compré la planta un jueves. El viernes a la tarde, la Sra. Planta de Cilantro se veía un poco decaída. Entonces, diez minutos antes del atardecer del viernes, en medio de un aguacero, me puse mis botas de lluvia, tomé una cuchara sopera, salí a la carrera, cavé un hoyo en la tierra y metí mi pequeña planta amiga en él, confiada de que crecería, prosperaría y florecería.

Mientras trabajaba como un perro (literalmente, me sentí como un perro cavando un hoyo y enterrando mi hueso), se me ocurrió que nosotros somos iguales a las hierbas. Pones una hermosa planta verde en la tierra negra y sucia, y eso es lo que la hace crecer. Cuando llueve y la tierra se pone realmente asquerosa, pegajosa y barrosa, eso nutre a la planta y le da vida.

Las partes tristes, las partes sucias de la vida, no son malas; están allí para hacernos crecer.

Obviamente si te sientes triste la mayoría del tiempo y has estado así por dos semanas o más, es posible que tengas depresión. La depresión es una condición médica, así como lo es un dolor de cabeza o un brazo dislocado. Si te duele la cabeza, tomar una aspirina es razonable y normal. Si tienes un brazo dislocado, ir al médico para que te examine y usar un tensor o una abrazadera es el paso razonable y normal para dar. De la misma forma, con la depresión —que es una condición médica— ir a un médico es completamente normal y una muy buena idea. El doctor puede evaluar si necesitas hablar con alguien (como yo, nada que asuste, ¡te lo prometo!) o si una medicina podría hacerte sentir mejor.

A veces mis clientes que tienen síntomas de depresión tienen miedo de tomar medicina o de ver un médico. Yo les explico que ir al doctor por una depresión (por un dolor en las emociones) es como ir al doctor cuando tienes dolores de estómago persistentes, infecciones recurrentes o dolor de garganta. Además, tomar medicina para la depresión es como tomar medicina para cualquier otro problema médico; ¿no tomarías antibióticos si tuvieras una bacteria? ¿Te negarías a recibir quimioterapia para tratar un cáncer?

Si tu tristeza es más profunda e intensa que “una tristeza normal”, entonces un punto muy importante es que debes decirle de inmediato a un adulto de confianza si alguna vez sientes un deseo de herirte a ti misma de alguna forma. También debes contactar a un profesional calificado de salud mental (un trabajador social, un psicólogo, un psiquiatra) para recibir tratamiento. ¡Prométeme que lo harás!

Ya sea que estés realmente deprimida o que sientas la tristeza común que sienten todos los seres humanos de vez en cuando, tengo otra pregunta para hacerte: ¿Qué te gusta hacer? ¿Qué es lo que amas hacer con todo tu corazón? Si la respuesta es nada, entonces ¡encuentra algo! Encuentra algo que te haga sentir viva, energizada y feliz. Y haz más de eso. Encuentra 20 cosas que te hagan sentir viva, energizada y feliz, y hazlas tanto como puedas.

De paso, si tu tristeza es realmente depresión, entonces puede que sientas que no hay nada en la vida que te pueda hacer feliz. Sientes que no deseas hacer nada de nada. Si sientes eso entonces es una pista clara y absoluta de que deberías visitar a tu doctor. La depresión te hace sentir que todo el color del mundo se ha ido.

Mientras escribo estas líneas, el sol está brillando, sopla una suave brisa, los pájaros chirrean mientras construyen sus nidos y unos hermosos narcisos finalmente emergieron del suelo que se descongela del invierno. Por un breve momento, mientras dejo que esa escena penetre en mí, me olvido de mis preocupaciones y penas personales y me siento revitalizada, esperanzada e incluso inspirada. Todos tenemos penas y preocupaciones. Esa es la mochila que Dios nos da con el regalo de la vida. Pero también hay pequeños y grandes momentos de gracia y luz que son parte del trato. Reconócelos. Disfrútalos. Utiliza la inercia de esos momentos para atravesar el resto del ciclo, cuando el péndulo inevitablemente comienza a caer.