Querida Lauren,

Hace algunos años conocí a una niña de seis años muy especial llamada Menuja, quien estaba en remisión de cáncer. Poco después de que la conocí tuvo cáncer por segunda vez y desde entonces ha estado luchando contra la enfermedad. La quiero tanto que me es muy difícil verla sufrir, especialmente porque es tan pequeña. Hago todo lo que puedo para darle mi amor y somos muy cercanas. Pero dado que ella está muy enferma, a menudo me preocupo de que ocurra lo peor. ¿Cómo debiera lidiar con ese miedo y a la vez atesorar cada momento con ella? ¿Cómo puedo disfrutar mi tiempo con ella sin sentir que nuestro tiempo juntas puede ser limitado?

RESPUESTA DE LAUREN ROTH:

En una palabra, aquí está mi respuesta para ti: con honestidad.

Si tú vives honestamente, entonces podrás manejar cualquier cosa. En otras palabras, sé honesta contigo misma sobre el hecho de que Menuja puede morir. Confía en mí, ella probablemente está menos atemorizada de su propia muerte que tú.

Para mis clientes que tienen miedo a algo —ya sea a la muerte, al cáncer, a que sus hijos se revelen en su contra, o a entrar en ascensores— es muy beneficioso hablar honesta y abiertamente sobre sus peores miedos. Cuando mantenemos el miedo encerrado en nuestro interior se vuelve cada vez más monstruoso. Pero cuando exponemos nuestros miedos honesta y abiertamente, hablamos de nuestros miedos y diseccionamos y analizamos nuestros temores, entonces los demonios disminuyen. Cuando encendemos una luz en la oscuridad de la noche, en lugar de ser un corpulento demonio resulta ser tu suéter colgado de tu silla.

La formula es simple: sobre lo que sea que temas, habla más de ello. Habla sobre eso abiertamente. Lidia con eso con seriedad. Di a qué le temes. Nombra el miedo y se convertirá menos en un demonio aterrorizante y más en un hecho concreto que no produce ansiedad.

Cuando tengo clientes que tienen ansiedad por causa de la muerte —y a menudo tengo clientes que son completamente sanos, pero que tienen ansiedad por el concepto de la muerte— hablamos y hablamos y hablamos sobre la idea de muerte. Hablamos hasta la muerte sobre la muerte. ¿Te diste cuenta que en este párrafo repetí mucho la palabra "muerte"? Porque si le temes a algo, habla y habla y habla sobre eso, tal como yo hablé mucho de la muerte en este párrafo.

Puede que tus amigas no estén dispuestas en entablar una conversación tan mórbida, por lo que quizás podrías buscar un terapeuta; tal vez la trabajadora social del hospital en donde Menuja va a sus tratamientos podría serte de ayuda o quizás podrías contactarte con alguna organización de apoyo para el cáncer. Incluso si el grupo de apoyo es para familias de víctimas de cáncer, de tu carta me parece que eres lo suficientemente cercana a Menuja como para calificar para un grupo de apoyo orientado para familias de pacientes. La clave es encontrar un lugar seguro y abierto para hablar continuamente de tus miedos, ansiedad y preocupación, hasta que encuentres un espacio pacífico en tu corazón en relación al tema.

La verdad es que todos moriremos. Tú morirás, yo moriré, los pequeños y dulces bebés morirán, y tanto los niños pequeños como las personas mayores morirán. Reconocer y aceptar esa verdad, por más escalofriante que suene, hará que te sientas mucho menos ansiosa sobre la realidad de la situación de Menuja. Aceptar la realidad de la muerte como algo inevitable te ayudará a disminuir la ansiedad que te causa.

Puede que te ayude saber que muchas personas que mueren están bastante calmadas y en paz cuando llega el verdadero fin de sus vidas. Si han estado enfermos por un tiempo, a menudo están agradecidos por el fin de su dolor. Ciertamente una vez que alguien ha pasado de esta vida a la siguiente ha llegado a un mejor lugar. Rav Eliyahu Desler explica en su libro Mijtav MeEliyahu que un momento en el Mundo Venidero es incluso más placentero que todos los momentos placenteros de todas las personas en este mundo reunidos. Pareciera que según nuestra tradición no es un mal lugar para estar.

Debes entender también que todo lo que tenemos es el presente, el AHORA. No hay garantías de que tú o yo viviremos más que Menuja. Mañana mismo yo podría cruzar la calle y un auto podría atropellarme. Es una posibilidad. Una posibilidad sobre la que yo elijo no vivir en temor. Yo elijo vivir cada momento completamente, con mis ojos bien abiertos ante la realidad de mi frágil condición humana. Debido a mi aceptación de que la vida es demasiado fugaz, yo atesoro cada día que tengo con mis hijos, mis amigas, mi familia, este hermoso mundo. El tiempo no se detiene por nadie, incluida tú, incluida yo, incluida Menuja.

Lo único que cada uno de nosotros tiene es el ahora.