Querida Lauren:

Tengo 13 años y soy muy flaca. Mido 1.55 m. y peso 32 kg. Desde chica siempre se burlaron de mí por mi figura delgada. La gente me dice “flaca”, “raquítica” e incluso “PALILLO”. Ser tan flaca me deprime mucho. ¿Qué debería hacer?

Demasiado delgada.

RESPUESTA DE LAUREN ROTH:

Bueno, mujeres del mundo, ¡esta es para ustedes! Porque, ¿cuántos cientos de veces pensamos: si fuese un poco más flaca sería tan feliz?

Me encanta esta pregunta porque demuestra que “mientras más flaca mejor”, o “más flaco significa más feliz”, o “más flaco significa que soy una mejor persona que lo que era cuando pesaba 5, 10 o 25 kilos más” son ideas completamente falsas. La verdad es que cómo te ves no tiene nada que ver con lo que vales como persona. Eres valiosa, eres importante y eres maravillosa, independientemente de cómo te veas.

La semana pasada fui a hablar a un asilo para ancianos. Mi tema era “El poder de las mujeres” y entre la audiencia femenina había un solo hombre.

Le pregunté: —¿Qué te hace venir a una charla sobre el poder de las mujeres? Y, de paso, ¿qué te mantiene tan increíblemente lleno de energía?

—¿Te parece que estoy lleno de energía? ¡Me siento lleno de energía! ¿Puedes creer que tengo 93 años?

—¡Noventa y tres! ¡No pareces tener más de 80! ¿Qué te mantiene tan fuerte, enérgico y lleno de vida?

Su respuesta: ?Me mantengo joven y fuerte gracias al “sí querida”. En el día de nuestra boda, el rabino me preguntó si aceptaba a esta mujer como mi esposa. Yo miré a mi esposa a los ojos y respondí “sí, acepto” y he estado repitiendo las palabras “sí querida” desde entonces.

¿Qué tiene que ver la respuesta de este hombre de 93 años con su cuerpo? Todo. Recibe su fortaleza de la voluntad de entregarse, con placer, a la persona que más ama. Recibimos nuestra energía al ser amables con las personas que nos rodean y al brindarnos y sacrificarnos por ellas. Si queremos sentirnos plenos y ser muy felices, entonces debemos sentir placer al entregar nuestra bondad generosamente a quienes nos rodean.

Para amar completa y adecuadamente a quienes nos rodean, primero debemos amarnos a nosotros mismos.

Pero hay una trampa. Para entregarnos adecuadamente a quienes nos rodean, tenemos que entregarnos como lo ordena la Torá, que es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). En otras palabras, para amar completa y adecuadamente a quienes nos rodean, primero debemos amarnos a nosotros mismos. ¡Eres tan flaca! ¡Eres tan gorda! ¿Y qué? ¡Ámate a ti misma! Llénate de amor propio para que puedas llenar de amor y cariño a los demás.

Mi amigo de 93 años vive a fondo y activamente porque siempre le dijo a su esposa “sí querida”. Tenemos que decirnos “sí querida” a nosotras mismas. Eso significa aceptarnos como somos, amarnos como somos y disfrutar lo que somos en este momento.

Si hay aspectos de nuestro ser que queremos cambiar, ese deseo de cambio debe venir de una posición de aceptación y amor propio, incluyendo las limitaciones que tenemos ahora. Sólo después de que nos hayamos aceptado como somos y que hayamos aprendido a amarnos tal cual somos podremos dar un paso atrás y evaluar con honestidad: ¿hay algo que debería cambiar?

Imagina si tuvieras un amigo y, en lugar de amarlo y aceptarlo, estuvieras siempre diciéndole cómo podría mejorar y por qué no es lo suficientemente bueno como es. ¿Cuánto crees que duraría esa amistad? Si realmente amaras a tu amigo y él sintiera ese amor, entonces eventualmente podrías decir: “¿Sabes qué? Quizás te gustaría ser un poco menos X” o “Estaba pensando… quizás te gustaría ser un poco más Y”. A menos que ese amigo sepa realmente que lo quieres y que te importa, tus intentos de cambiarlo sólo serán dagas crueles.

¿Por qué deberíamos tratarnos a nosotros mismos peor de lo que trataríamos a un buen amigo? La Torá nos dice que la forma de aprender a ser un buen amigo es primero tratarnos bien a nosotros mismos. Primero tienes que amarte a ti mismo.

Siento mucho que la gente se burle de ti. Con seguridad, ellos no te están diciendo “sí querida” todo el tiempo. En ese caso, debes ser mucho más amable contigo misma para compensar su crueldad. Mírate al espejo todos los días y trata de amar objetivamente lo que ves. Trata de ahogar esas voces burlonas con el poder de tu propia voz diciendo: “¡Yo me quiero!”. Luego, usa ese amor propio para esparcir bondad y amor. Aprendiendo a amarte a ti misma aprenderás a amar a los demás. ¡Es una excelente manera de combatir toda la crueldad que recibes!

Unas cuantas sugerencias prácticas

Tengo un par de sugerencias prácticas para ti. Lo primero es que hagas todo lo que te gusta hacer. Tómate el tiempo para saber qué te apasiona y qué te hace feliz, y a continuación tómate el tiempo para hacer esas cosas.

Ve a una tienda y pruébate muchos tipos diferentes de ropa, con materiales y cortes diferentes. Ve qué estilos, telas y colores te hacen sentir hermosa y haz una pausa para disfrutar la imagen de ti misma viéndote fabulosa. Mírate desde todos los ángulos y saborea la imagen de ti hermosa. Ni siquiera tienes que comprar toda la ropa, sólo debes aprender a admirarte y apreciarte.

También recuerda (incluso puedes decírtelo en voz alta) que no tienes que verte como nadie más, que puedes ser tú la que comience una nueva tendencia con la forma exacta en que te ves.

Otra forma fantástica de sentirte cómoda con tu cuerpo es usarlo como una herramienta artística. Pon música y baila frente a un espejo. También puedes inscribirte en clases de baile, gimnasia o yoga. De paso, hablando de cuidarte a ti misma, ¿sabías que ser flaca es mejor para tu cuerpo? Muchos estudios médicos de los últimos 40 años demostraron que las personas con bajo índice de masa corporal viven más y más saludablemente.

Te propongo que creemos el club “sí querida”, en el que nos decimos “sí querida” a nosotros mismas y a todos los que nos rodean. Imagina el maravilloso mundo que podríamos crear.

Cuando estaba saliendo del asilo después de la clase le dije a mi nuevo amigo:

—¡Cuídate!

—Oh, lo haré —contestó— tengo que hacerlo ¡ya que me estoy poniendo viejo!

Amiga mía, todos nos estamos poniendo viejos. Cuidémonos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.