El 15 de marzo, a las 9:02 p.m., Paola escribió:

Querida Lauren:

Siento que todo el mundo espera más de mí. Mis padres me comparan a mis hermanos y mis maestros dicen que no me esfuerzo lo suficiente. Sé que creen que soy perezosa, pero la razón es que no quiero que la gente vea que no soy tan inteligente. Por esa razón pongo cara de ‘no me importa’ y hago problemas en la clase. Quiero decirle a la gente que sinceramente no puedo hacer lo que esperan de mí, pero eso me haría ver como una idiota. ¿Cómo cambio? (Perdón, esto salió demasiado largo).

El 16 de marzo, a las 10:32 a.m., Lauren escribió:

¡Hola Paola!

Me gustó mucho tu pregunta y entiendo perfectamente por lo que estás pasando. Pronto tengo planificado publicar en mi columna un artículo sobre este tema, pero por lo pronto sólo sé tú misma. Sé honestamente . Tus amigas verdaderas amarán quien eres y te sentirás mucho mejor porque estarás siendo fiel a ti misma. Admiro que luches con este tema, porque significa que eres inteligente y que estás pensando. ¡Me agradas!

El 18 de marzo, a las 11:37 a.m., Paola escribió:

Hola. Si quieres puedes ignorar este email, eliminarlo o lo que sea. Lamento volverte loca con este tema (porque quizás lo estoy haciendo, ¿no?) pero a nadie le gusta cuando soy yo misma. A mis maestros no les gusta cuando hago tonterías porque perturba el estudio de los otros estudiantes, pero a mis padres no les gustan las calificaciones bajas incluso cuando intento hacer las cosas bien y si me comporto bien no tengo ninguna excusa para darles fuera de “Lo siento, soy demasiado tonta para aprender”. ¿Qué debería hacer?

Como dije, puedes ignorar este email por completo; siento que te estoy molestando y que te hago perder el tiempo…

El 18 de marzo, a las 7:59 p.m., Lauren escribió:

¡De ninguna manera! ¡No voy a ignorar tu pregunta!

Lamento que tus padres te comparen con tus hermanos. Eso es lo primero. Porque tú eres quien eres, Dios te creó con tus fortalezas y tus debilidades, con tus intereses y tus talentos, y si hubiera querido que fueras tus hermanos, no te hubiera creado a ti.

No me gusta que pienses que me molestas o que debería descartar tus emails, o que pienses que tus emails son demasiado largos; si tienes una pregunta, entonces es una buena pregunta. Si quieres hablar conmigo, entonces tienes derecho a hacerme preguntas. Es verdad que no deberíamos molestar a las personas en exceso, pero en tu caso me siento triste por la forma en te estás tratando a ti misma. Si trataras a otra persona de esa forma (tu pregunta es demasiado larga, me estás molestando) te diría que no es una buena manera de hablarle a alguien. Quiero que te trates con la misma amabilidad con que tratas a los demás.

¿Qué cosas te gustan de ti misma? Haz una lista y estúdiala todos los días. Tienes que aprender a amarte tal cual eres. Sé que es difícil amarte y aceptarte cuando tus padres no te aman y aceptan como eres, pero debes seguir intentando ser tú misma y amarte.

El 20 de marzo, a las 2:04 p.m., Paola escribió:

Pero mis padres no me aceptarán de esa forma. A ellos no les interesa que sea yo misma si no soy la ‘yo’ que ellos quieren, aquella que obtiene calificaciones excelentes en todos los exámenes. ¿Cómo hago para que me acepten como soy?

Qué te parece esto: ¡No te estoy molestando y mis emails no te están haciendo perder el tiempo! ¿Es esa una mejor actitud? Pero es mucho más fácil rebajarme a mí misma…

Trataré de aceptarme a mí misma… pero si no me gusta la persona que soy, ¿hay alguna forma de cambiar?

El 20 de marzo, a las 8:44 p.m., Lauren escribió:

Puede que tus padres hayan creído que debes cambiar, ¡pero eso no significa que tengan razón! (Los padres también pueden equivocarse, ¡lamentablemente sólo son humanos!). Puede que tus padres tengan buenas ideas sobre lo que podrías querer cambiar, PERO deberían, como padres, comenzar por aceptarte como eres. Y si no van a hacer eso por ti, entonces tú tendrás que hacerlo por ti misma. Deberías ser como eres, encontrar partes de ti que te gustan (no importa lo pequeñas que sean) y celebrarlas. Te daré un par de ejemplos: ¡No eres tímida! Me enviaste un email, eso me impresiona. Además, eres perspicaz sobre ti misma y sobre quienes te rodean. También eres amigable; en serio, tengo deseos de conocerte. Ya tengo 3 cosas positivas sobre ti. Ah, una más: deseas aprender. Fíjate cómo en este último email no te denigraste, después de que yo te mencioné el tema. Tu voluntad para aprender es sumamente positiva.

Quiero que escribas una lista con todas las cosas positivas sobre ti misma y que la estudies todos los días. Además, agrega un aspecto positivo sobre ti por semana.

¿Qué piensas?

El 21 de marzo, a las 2:53 p.m., Paola escribió:

Entonces, ¿debería estar feliz con lo que soy y enfocarme en mis puntos positivos en lugar de enfocarme en los negativos?

Hice mi lista y encontré 7 cosas. Creo que está bastante bien, ¿no?

¿Qué pasa si otras personas se enfocan en mis aspectos negativos? ¿Entonces tengo que hacer un esfuerzo extra para recordar mis virtudes? Como por ejemplo hoy, que me harté de que me expulsen de la clase por hacer bromas tontas y decreté el Día sonríe; hice circular un texto diciéndole a la gente que sonría y que esté más feliz y funcionó, todo el mundo me dijo que le gustó… Entonces, ¿eso es algo bueno? ¿Supongo que puedo hacer bromas tontas en clase y molestar o puedo hacer que la gente sonría y se ría en los momentos adecuados?

¿Y qué pasa si me quedo sin cosas buenas para agregar a mi lista?

El 21 de marzo, a las 8:19 p.m., Lauren escribió:

¡Me encantan tus ideas! Son muy buenas. También me gusta que hayas recibido una respuesta tan positiva por tu idea del Día sonríe. Estas haciendo muchas preguntas buenas, y también estás pensando mucho. ¡Creo que eres muy inteligente!

El 24 de marzo, a las 6:05 p.m., Paola escribió:

¡Decidí hacer una Campaña sonríe! Esto es lo que hago (¡y trato de hacer que los demás hagan también!): Cada vez que alguien te sonríe, tienes que pasarle la sonrisa a al menos dos personas más… ¿Te sumarías? Es más fácil de lo que parece, y creo que parece bastante fácil. Si quieres, puedes decir que no, es sólo una idea…

El 25 de marzo, a las 9:05 a.m., Lauren escribió:

¡Cuenta conmigooo! Me fascina la idea. ¡TÚ puedes cambiar el mundo, querida!

A todo esto, tú sabes que NO me gustó la última oración de tu email… ¿quieres adivinar por qué?

El 25 de marzo, a las 12:23 p.m., Paola escribió:

¡Súper, me pone muy contenta que te sumes!

Mmm ¿La última oración? Sí sé por qué. Fue porque dije “Si quieres, puedes decir que no, es sólo una idea…”. No lo voy a decir más. Lo siento.

El 26 de marzo, a la 1:23 a.m., Lauren escribió:

¡Sí! ¡Lo entendiste! Es TU idea, por lo que ME GUSTA. También me gusta la idea porque es excelente, pero sobre todo me gusta porque es TUYA. La última línea (¡sí, te diste cuenta!) estaba menospreciando tu idea. No quiero que te vuelvas a menospreciar, porque eres excelente tal cual eres.

El 26 de marzo, a la 1:00 p.m., Paola escribió:

Está bien, dije que no volvería a menospreciarme y volví a hacerlo. ¿Y qué? Tengo permitido equivocarme, ¿no? ¡No puedo cambiar todo de una vez! ¿Cómo puede Dios esperar eso de mí?

El 27 de marzo, a las 12:12 a.m., Lauren escribió:

Tienes toda la razón.

Justo anoche estaba trabajando con una pareja. Él cometió un error… una vez más. Yo estaba tratando de ayudar a la mujer a entender que está bien, que la gente se equivoca. Somos humanos. Es parte del paquete y del trato. Dios lo sabe, yo me equivoco todo el tiempo, todos lo hacemos. Trato de reconocer mis errores (gracias a la gente a la que le importo, que me los señala todo el tiempo) y aprendo de ellos. Suenas sincera y pareciera una manera muy bonita de vivir, ¿no? No siendo perfectos, equivocándonos, advirtiendo nuestros errores y diciendo: ‘Mmm… voy a tratar de mejorar’. Y de todas formas, continuar amándonos a nosotros mismos. Suena bien, ¿no?

El 27 de marzo, a las 4:22 p.m., Paola escribió:

Pero si nos equivocamos, ¿Dios se rinde con nosotros? Si hago algo mal, ¿Él se rendirá conmigo?

Entiendo lo que dices y tengo una amiga que me señala los errores, pero ella pronto se cambiará de escuela y sé que a nadie más le interesa lo que yo hago, ni lo bueno ni lo malo. Pareciera que Dios estuviera diciendo: “Ahí tienes, nadie te va a ayudar ahora, ¡ve lo que puedes hacer!”. ¿Acaso esto es justo? ¿Acaso Él es justo? ¡Porque no creo que lo sea! ¡Yo trato de reconocer mis errores, pero pareciera que Dios no reconoce que lo estoy intentando!

El 29 de marzo, a las 8:36 p.m., Lauren escribió:

Recuerda siempre esto: No importa lo que pase, DIOS TE AMA. Si no te amara, no estarías viva. ¡Así de simple!

Entonces, cada vez que respires, recuerda: Dios me ama. Respira. Dios me ama. Respira. Dios me ama. Respira… Podría continuar así toda la vida… Oh, espera un momento, ¡continúa toda la vida, por 80, 90, 100 AÑOS!

¿Tienes 10 dedos en los pies? Bueno, entonces, Dios te ama.

¿Tienes una nariz? Bueno, entonces, Dios te ama.

¿Puedes oler con tu nariz? Bueno, entonces, Dios te ama.

¿Tienes un dolor constante y debilitador? ¿No? Oh. Entonces, Dios te ama.

¿Tienes dos ojos? ¿Sí? ¡Genial! ¿Por qué? Porque Dios te ama.

¿Puedes ver con esos ojos? Mmm… ¿estoy detectando un patrón?

A todo esto, lamento que tu amiga se mude, pero no te preocupes. ¡Dios no se va a mudar!

Continuará, Paola…

(¡Y gracias por permitirme compartir esto con el mundo!)