Este año no haré teshuvá. No me someteré al intimidante arrepentimiento del pasado. Lo he hecho cada año durante demasiado tiempo para contarlo y no estoy satisfecha con los resultados (desde mi lado por supuesto; ¡no el de Dios!). Hago listas y tablas de áreas que necesitan mejorías. Hago planes y estrategias y empujo determinadamente hacia delante.

Pero no me siento como que he sido exitosa. Los mismos errores regresan a acosarme año tras año. Los mismos rasgos negativos de personalidad continúan persiguiéndome. Y la teoría de “de vuelta al yugo” se ha convertido en una sombría carga.

Así que este año, nada de teshuvá para mí. Bueno, no tan así. He decidido enfocarme hacia adelante en vez de hacia atrás, tratar de pensar en lo positivo en vez de permitirme embarrarme en la monotonía de intentar disminuir lo negativo.

No estoy a favor de adoptar una teoría de “comer, beber y estar feliz” (esa era la opinión de Esav). Solamente voy a buscar más alegría.

Voy a ver mi matrimonio y apreciar la fuerza y placer que me brinda constantemente a mí y a mis hijos – e ignorar las (pequeñas) áreas de frustración.

Voy a mirar a mis hijos y concentrarme en los maravillosos adultos en los que se han convertido o están en proceso de convertirse – e ignorar las (algunas veces pequeñas, algunas veces no tan pequeñas) formas en que aún se comportan como niños.

Voy a mirar a mis nietos y solamente ver cuán adorables son (¿no están todos de acuerdo?) – y no enfocarme en cuan lejos viven y porque sus padres todavía no han conectado su cámara web.

Voy a mirar a mi casa y voy a concentrarme en el color y la calidez, en la oportunidad que me da de criar a mi familia y ser hospitalaria con invitados – e ignorar el hecho de que tiene 80 años, las cañerías están viejas y no queda suficiente madera en el piso como para pulirlo.

Voy a mirar a mi jardín y voy a apreciar los nuevos brotes y flores (y esa orquídea que nos sorprendió floreciendo nuevamente) – e intentar mantenerme alejada de las hojas muertas y las plantas secas (¿Cuánto le estoy pagando al jardinero?).

Voy a mirar mi vida y enfocarme solamente en todos los maravillosos regalos que Dios me ha dado (OK, ¿a quien estoy engañando?) – bueno, al menos lo voy a intentar. Voy a reírme más y llorar menos, sonreír más e intentar borrar la línea del ceño fruncido (¡suena como la introducción de una canción pop!).

Al parecer estoy haciendo teshuvá este año. Me estoy arrepintiendo de las oportunidades de tomar alegrías perdidas que me he perdido en el pasado y comprometiéndome a intentar no cometer los mismos errores en el futuro.