Sucot debe haber sido más fácil cuando Dios proveía las comidas. El Maná caía del cielo y lo único que tenía que hacer el pueblo judío era recolectarlo. Luego podían pasar todo el resto de la festividad disfrutando en Su presencia.

Nuestra experiencia de Sucot es un poco distinta. Involucra reiterados viajes al supermercado, una extensiva planificación del menú, cocinar varias grandes cenas de Iom Tov, y el consiguiente servicio y limpieza. El tiempo para “disfrutar” parece ser más limitado.

¿Cómo afecta eso nuestro entendimiento y nuestra relación con la festividad de Sucot? ¿Termina siendo una festividad más superficial o quizás una más profunda? Yo pienso que la elección es nuestra.

Todo comienza con nuestro enfoque. ¿Por qué estamos haciendo las cosas mencionadas anteriormente – las compras, la cocina, poniendo la mesa y retirándola? ¿Es solamente una semana de cenas festivas? ¿Hemos tomado temporalmente la administración de un restaurante? (Si, lo sé, ¡así se siente!) ¿Es un desafío de creatividad, una prueba de nuestras aptitudes culinarias, una evaluación de nuestras limitaciones?

Puede ser todas las anteriores. Pero también puede ser más. Estamos creando un espacio para que la Shejiná – la presencia de Dios – resida. Podemos crear un espacio hermoso que deleite los ojos. Podemos cocinar comidas deliciosas que satisfagan nuestros sentidos de gusto y de olfato. Y podemos hacerlo todo no como una indulgencia para nuestros cuerpos, sino en servicio de nuestro Creador.

Podemos realizar actividades aparentemente mundanas solamente para satisfacer nuestras necesidades físicas o como un medio para elevarlas al nivel de lo espiritual. Cada acto de preparación para Sucot puede ser santo si nuestra motivación está concentrada y dirigida.

Crear un hogar para que resida la presencia de Dios es una tarea noble y ennoblecedora. ¡También puede ser mucho trabajo! Puede involucrar compras, extensivas planificaciones, cocinar grandes cenas de Iom Tov, servicio y limpieza.

Pero si hacemos nuestro esfuerzo con esta meta en mente, entonces nosotros también disfrutaremos en la presencia de Dios. De hecho, a pesar de que no podemos compararnos con las generaciones anteriores, yo me aventuraría a decir que quizás, solamente quizás, nuestro disfrute puede ser más profundo y más significativo debido a toda la preparación adelantada.