Todas las veces que he estado fuera de casa (esta vez en una misión de 10 días a Praga e Israel) tengo terror de volver a casa. ¡Esperen! Eso no se escuchó muy bien. Por supuesto, ¡no puedo esperar para ver a mis hijos! Es todo lo demás lo que es tan abrumador.

Luego de 10 días de no cocinar, es difícil ser lanzada inmediatamente de vuelta a la cocina. Esta vez fue un desafío aún mayor ya que el último viernes de noviembre usualmente cenamos pavo “con todos los acompañamientos”. Y no quise decepcionar a las multitudes hambrientas.

Y además está el polvo. Mirando alrededor de esta ciudad llena de smog (no es perfecta, pero bueno, es nuestro hogar), es difícil acordarse de que Los Ángeles es el desierto. Y desierto significa polvo – en todos lados, todo el tiempo. Una acumulación de 10 días… bueno, es mejor dejarlo "sin descripción", pero no "sin enfrentar".

También están las cuentas que deben ser pagadas, llamadas telefónicas que deben ser devueltas, correos electrónicos que responder. Para algunas de las personas que llamaron frustrados, intenté explicar que había estado fuera del país. Pero en el mundo de comunicación instantánea actual, aparentemente eso ya no es una excusa. Intenté explicarles que estaba ocupada día y noche con los participantes de la misión. Pero eso también cayó en oídos sordos. Así que me rendí y comencé a disculparme.

Además hay mucha ropa sucia que lavar (Sarah Shapiro escribió una vez que la ropa sucia es como nuestra inclinación malvada. Justo cuando piensas que la tienes dominada, ¡se acumula nuevamente!), platos que lavar y agendas que coordinar.

Y tengo que botar las flores muertas de Shabat de hace tres semanas que han agregado un cierto “je ne sais quoi” a nuestra mesa de comedor.

Casi me olvidaba de las hormigas (a pesar de la descripción anterior, yo sí mantengo una casa limpia – en serio). Nos despertamos a las 4 AM, con el horario cambiado y desesperados por un café. Cuando mi emprendedor esposo encendió la cafetera, cientos (mejor digamos miles) de hormigas salieron disparadas hacia el mesón. De alguna forma una colonia había tomado residencia dentro de la cafetera durante nuestro viaje y literalmente invadieron cada parte de ella (y tuvimos que agregar un viaje a la tienda de accesorios para el hogar para comprar una nueva cafetera a la ya sobre-extendida lista de cosas que hacer). Fue realmente un fenómeno. Especialmente tan temprano por la mañana.

Pero a pesar de todo el trabajo, todo el estrés, todo el esfuerzo, y todo el cambio de horario, estoy contenta de estar en casa. Estoy agradecida de tener Shabat con mi familia en nuestra casa, en nuestra mesa. A pesar de todos los trámites, de todos los turnos de llevar a los niños y citas al doctor, de las conferencias de padres y maestros, de las peleas y las frustraciones, etc., etc. (ustedes saben como es la cosa), a pesar de todo eso, no existe realmente otro lugar como el hogar. Y con todas las horribles y aterradoras noticias en el mundo hoy en día, estoy tan agradecida de estar abrazando a mis hijos y compartiendo Shabat con ellos. Y a pesar de que el horrible impacto de las noticias es emocional y no físico, es momento de regresar a casa, y estoy contenta de que mi viaje haya acabado y de que puedo estar junto a mi familia. Estar agobiada no es ni siquiera un pequeño precio para pagar.