Educar a nuestros hijos requiere una sociedad entre los padres y la escuela. Por esta razón, debemos escoger la escuela de nuestros hijos sabiamente; debe ser un lugar que refleje los valores que queremos inculcar a nuestros niños y debe ser un lugar con el cual estemos orgullosos de hacer sociedad. Si sentimos hostilidad por las filosofías o las personas en la escuela, nuestros hijos responderán de la misma forma. (Siempre hay una maestra que te vuelve loca – dependiendo de la edad del niño. Yo he aprendido que es necesario alabar a la maestra por los desafíos que enfrenta en la sala de clases y además hay que enfatizar la necesidad de que el niño sea más educado y respetuoso; ¡no voy a revelar mi tasa de éxito aquí!).

Pero en general, debemos trabajar en conjunto con los maestros y la administración. Debemos ser los abogados de nuestros hijos pero también demostrar nuestro propio respeto por el trabajo duro de sus educadores y nuestra empatía con sus frustraciones. "¿Cómo puedo ayudarte? ¿Qué puedo hacer para que sea más fácil para ti?", son preguntas siempre bienvenidas. Aprecia el inmenso desafío de manejar una escuela (¡yo nunca querría ese trabajo!) o incluso de enseñar en una sala de clases llena de adolescentes energéticos (¡tampoco querría ese otro!) y tu actitud ciertamente será más apreciativa.

No podemos simplemente cerrar la puerta en la mañana, dar un suspiro de alivio y continuar con nuestras cosas.

No podemos simplemente cerrar la puerta en la mañana, dar un suspiro de alivio y continuar con nuestras cosas. Debemos estar activamente involucrados en la educación de nuestros hijos – y no solamente pagando la escolaridad o los impuestos. Debemos mostrarles a ellos que su educación nos importa.

Y esto es verdad con todas las materias. Si tratamos algunas materias “como una broma”, ellos también lo harán. Esta es una actitud que luego se generalizará a otras materias y por lo tanto debe ser cortada de raíz. Esto es particularmente cierto cuando nuestros hijos están involucrados en el estudio de nuestra Torá, sus valores y sus preceptos.

Frecuentemente grupos de padres se reúnen y se quejan sobre la calidad de la educación judía de sus hijos. Nos olvidamos de cuán afortunados somos de que existan escuelas judías para que ellos asistan, y de cuán recientemente a los judíos de todo el mundo se les negaba esa misma posibilidad.

El rabino que nos casó nos dijo que la familia de su abuelo era demasiado pobre para enviar a su padre a la Ieshivá. Así que su abuela vendió su estufa para pagar por su educación. Esto fue en Polonia (¡y ustedes piensan que el invierno en Sudamérica fue frío el año pasado!). Nuestra historia está repleta de sacrificios que padres hicieron para que sus hijos pudieran estudiar. Y hoy en día cuando la escolaridad de las escuelas judías continúa subiendo, padres y familias aún se están sacrificando. Pero debemos (intentar) apreciar el sacrificio y las oportunidades.

En vez de quejarnos por los turnos de llevar a los niños a la escuela, deberíamos pensar en las madres judías a lo largo de la historia quienes estaban dispuestas a hacer cualquier cosa (¡como vender sus estufas!) para que sus hijos recibieran una educación judía. Piensa en estos turnos como tiempo (¿de calidad?) con tus hijos.

Confieso que me molesta un poco el tema de las “tareas”. Pero eso también es un error. Deberíamos recibir con los brazos abiertos la oportunidad de reforzar las ideas importantes y los valores que nuestros hijos están aprendiendo en la escuela – ¡por lo menos no deberíamos gritarles!

Los días de escuela pueden ser largos, la calidad de los maestros puede ser dispareja, la habilidad de nuestros hijos de sentarse tranquilos y procesar toda la información puede ser inestable – es decir, hay muchas áreas de potencial y real frustración – pero al final debemos apreciar cuán afortunados somos de tener tantos maestros talentosos quienes están dispuestos a dar su tiempo para educar a nuestros hijos (¡con los sueldos que reciben ciertamente se considera dar!) y tantas escuelas disponibles para ellos.