¿Se acabará alguna vez este problema? ¿Habrá alguna vez una época en que ellas no necesiten (dicho en el tono apropiado que combina la queja y la súplica) ropa nueva? ¿Será que nunca tendrán "qué ponerse"? ¿Acaso “todo el mundo tiene” y nuestra hija es la única necesitada, o sus quejas son exageradas y endémicas a la adolescencia? Y, ¿es "ir al centro comercial" en realidad una actividad?

Estas son las preguntas que han plagado a las madres de niñas adolescentes desde tiempos inmemorables.

Vivimos en un mundo en donde las personas son juzgadas por su apariencia externa. Vivimos en un mundo en que la vestimenta es poderosa, donde nos "vestimos para el éxito" y donde las revistas promueven a los 10 Hombres y Mujeres Mejor Vestidos (y humillan a los 10 Peor Vestidos). Vivimos en un mundo en donde las personas no simplemente se ponen ropa; ellas hacen una "declaración de moda". Un mundo en donde nuestro sentido de auto-valoración está íntimamente conectado a la ropa que vestimos.

Esta destructiva tendencia llega a su nivel más alto en la adolescencia y es responsable de los apesadumbrados rostros de las madres de los adolescentes.

¿Cómo podemos remover este factor estresante de nuestra relación con nuestras hijas? ¿Cómo podemos enseñarles a limitar sus deseos materiales?

1. Todo empieza por nosotros. Si nos dedicamos mucho tiempo a ver revistas de moda, si nos enfocamos en la última moda, si nuestros armarios están llenos de ropa nueva, entonces nuestras charlas sobre las restricciones sonarán vacías. Si pasamos nuestro tiempo libre comprando, si estamos frecuentemente "yendo al centro comercial", entonces la lección es clara. Si nos juntamos con nuestras amigas para ir de compras, ¿Por qué no pueden hacerlo ellas? En cada área, en cada etapa de la educación, la misma cosa es verdad una y otra vez. Enseñamos con el ejemplo.

2. Si realmente es verdad (y rara vez es así) que "todo el mundo tiene", no siempre es posible o incluso apropiado hacer a nuestra hija sentirse marginada. Uno de mis maestros una vez me confesó que había errado con sus propias hijas. En sus esfuerzos por enseñarles a disminuir sus deseos materiales, él había sido muy restrictivo en cuanto a sus compras. El resultado, sentía él, fue un daño serio a la autoestima de ellas. Es un balance delicado. Y todos los padres deben trabajar juntos.

3. No queremos que este tema destruya o impacte negativamente nuestra relación con nuestras hijas. Con algunos de nuestros hijos con problemas de aprendizaje, la relación puede volverse desastrosamente limitada a hacer los deberes escolares. Con nuestras hijas adolescentes, deterioramos la relación al pelear por la ropa - la cantidad, cuán apropiada, el costo. Esto no debe ser una lucha de poder sino una oportunidad de discusión sobre temas serios como lo son el valor del dinero, límites en nuestros deseos materiales y el poder que tiene la vestimenta de enviar mensajes a otros sobre quiénes somos y cuánto valemos.

4. Hay muchas lecciones de vida importantes involucradas aquí, entre ellas la necesidad de distinguir entre deseos y necesidades. ¿Podemos enseñarles a nuestras hijas la diferencia entre asegurarse de que todas sus necesidades estén cubiertas pero no todos sus deseos? ¿Podemos explicar el valor de poner límites a nuestros apetitos? ¿Cuán crucial es aprender acerca del auto-control?

5. En un nivel práctico, he escuchado (e incluso intentado) otras soluciones. Una de mis amigas resolvió este problema dándoles a sus hijas adolescentes una cantidad de dinero fija para ropa. Dos veces al año, ella les da a sus hijas un monto específico (razonable pero no excesivo de acuerdo a su estándar, profundamente carente de acuerdo al de ellas) y les dice, "Esto es para los siguientes seis meses. Utilícenlo a su discreción".

Esto no solamente hace a sus hijas más responsables (y más pensativas antes de comprar otra blusa más), sino que aleja toda la tensión de la relación madre-hija, liberándolas para poder luchar por otras cosas más importantes.

Otra amiga sugirió un proyecto familiar. Durante un año sacrificaron todos los "deseos" y compraron solamente las "necesidades". Apartaron el dinero de los "deseos" para un viaje de verano a Israel. En esta forma inteligente, todos en la familia aprendieron a distinguir entre deseo y necesidad – y también recibieron una gran recompensa.

Es imposible establecer un criterio objetivo. Las circunstancias financieras difieren entre las familias. Las necesidades difieren entre amigas. Los deseos difieren entre hermanos. Pero podemos comenzar la discusión y modelar la conducta deseada. Después de eso, como con todo en la vida y más en particular con los adolescentes, ¡siempre se puede rezar!