¿Cómo previenes que tus hijos digan "Estoy aburrido"? Cuando descubras la respuesta a esa pregunta, me gustaría lanzar la siguiente: "¿Cómo haces que dejen de mascar chicle?".

No estoy segura si podremos alguna vez lograr que los niños dejen de expresar aburrimiento. Pienso que lo que sí podemos hacer es lograr que dejen de esperar que nosotros resolvamos el problema.

"No soy tu consejera de campamento", es lo que digo en numerosas ocasiones.

He descubierto que mientras nuestros hijos esperen que nosotros los entretengamos – si lo posponemos con el prospecto de "quizás" – ellos nunca dejarán de molestar. "¿Vamos a ir?". "¿Cuándo vamos a ir?". "¿Podemos ir ahora?". "¿Cuándo vas a saber?".

Pero si, por el otro lado, somos muy claros de que la actividad deseada no va a ocurrir, que en realidad estamos demasiado ocupadas, ellos se irán y se entretendrán a si mismos maravillosamente.

Es nuestra propia culpa y ambivalencia lo que nos pone en problemas. Nos sentimos malas madres, o al menos incompetentes, si no estamos entreteniendo constantemente a nuestros hijos.

Pero eso en realidad no es beneficioso para ellos. El juego creativo los estimula en formas que la entretención que nosotras proveemos no lo hace. Motiva a sus mentes a expandirse, fortalece sus habilidades imaginativas y les provee un antídoto contra la pasividad.

También les resulta muy útil para su futura experiencia educacional.

Uno de mis maestros mencionó una vez que sentía que incluso el encantador "Plaza Sésamo" era destructivo para los niños. Les fomenta expectativas irreales del proceso de aprendizaje; que todo será divertido, entretenido y sin necesidad de esfuerzo.

Los niños necesitan aprender que no son las únicas personas en el mundo.

Otra razón para no complacer cada queja de "Estoy aburrido" es porque, desde una edad temprana, los niños necesitan aprender que no son las únicas personas en el mundo y que no solamente sus necesidades importan (yo sé; hay muchos adultos que necesitan aprender la misma lección). Dejar todo para complacer cada queja les enseña que sus necesidades son primordiales y que están por sobre cualquier otra cosa. Esto no hace una adultez sana.

En un nivel práctico, es bueno hacer cosas como rotar los juguetes disponibles para que solamente unos cuantos se utilicen a la vez, guardar algunos para ocasiones especiales, invitar a un amigo a jugar e incluso, si tu hijo es un lector voraz, limitar los paseos a la biblioteca.

Cuando destinas tiempo para estar con tus hijos, ignora tus teléfonos y tu blackberry. Aunque su necesidad de atención es insaciable, es peor si sienten que tú nunca estás realmente concentrada. Debes estar presente para ellos cuando puedas y explícales claramente cuando no puedes. Y además, ¿mencioné utilizar tapones para los oídos?