Una amiga mía me contó una historia de escuela el otro día. Es una historia que he escuchado de muchas amigas a lo largo de los años.

La madre de una de las amigas de su hija llamó para discutir la mala conducta de ambas niñas en clase el otro día. Mi amiga había estado fuera de la ciudad así que aún no se había enterado de los detalles por parte de su hija, pero se avergonzó mucho. ¿Acaso no había educado a su hija de ser respetuosa con las maestras? ¿Qué había hecho mal? ¿Cómo podría volver a aparecerse por esa sala de clases nuevamente?

Tan pronto como vio a su hija la afrenta comenzó. “No puedo creer como te comportarse. Deberías estar avergonzada. Te advertí sobre las consecuencias de la jutzpá”.

“Pero mami”, dijo su hija con lágrimas en los ojos, “¿no quieres escuchar mi lado de la historia?”.

Hay una tendencia demasiado común de creer en las palabras de otros en contra de nuestros propios hijos. No estoy segura del porqué hacemos esto. ¿Estamos demasiado avergonzados en el momento como para ver claramente? ¿Lo estamos tomando demasiado personal, más enfocados en la crítica implícita a nuestras “técnicas de educación” que en el bienestar de nuestros hijos? ¿Le damos automáticamente más crédito a alguien en una posición de autoridad? ¿Estamos demasiado enfocadas en no arruinar nuestra relación con nuestras amigas?

Cualquiera sea la razón, nuestros hijos se sientes traicionados. Su puerto seguro ya no es más seguro. No hay donde recurrir.

¿Qué debemos hacer?

1. Si reaccionamos sin escuchar, debemos comenzar por disculparnos. “Realmente lo siento; Debería haberte escuchado a ti primero. Dime que pasó”.

2. Intenta, si es posible, de aclarar los hechos o al menos de conocerlos bien. Otra amiga me describió el siguiente escenario: después de una cita de juegos ella recibió una llamada. Ella colgó el teléfono e inmediatamente atacó a su hija de 10 años. “La madre de Sara llamó para decir que cuando su hija vino a casa para jugar contigo, tú no quisiste compartir tus juguetes, no le ofreciste nada para comer y simplemente te sentaste en una esquina a jugar sola. Me sorprendió escuchar eso. ¿No hablamos muchas veces sobre como tratar a los invitados? ¿No entiendes nada acerca de compartir?”. Su hija comenzó a llorar. Cuando se calmó dijo, “Eso no es lo que pasó. Yo le ofrecí algunos juguetes y ella no estaba interesada. Yo traje galletas y jugo y ella dijo que no tenía hambre. Cada cosa que yo sugería ella se encogía de hombros y decía que no. Así que finalmente me di por vencida y empecé a jugar sola”.

3. Apoya a tu hijo y al mismo tiempo aliéntalo a tomar el camino del éxito. Una madre me llamó una vez (Me he dado cuenta de que he recibido al menos una llamada por hija, ¡usualmente alrededor del 5° año!) para decir que un grupo de niñas estuvieron molestando a su hija en la escuela y que mi hija fue parte del grupo. Yo me sorprendí mucho –no porque mis hijos son ángeles sino porque me pareció inusitado en este caso en particular– pero le prometí hablar con ella. Introduje el tema amablemente y mi hija me aseguró que ella no formó parte de este grupo. “Te creo”, dije yo, “pero ya que esta otra niña parece pensar que sí lo eres, ¿podrías disculparte de todos modos? No perderás nada y la harás sentir mejor a ella”.

Hay al menos dos lados para cada historia. A veces nuestros hijos realmente cometen errores (sí, es cierto). Debemos darles la oportunidad de admitir a ellos mismos o de explicar. Y cualquiera sea su historia, debemos escuchar con amor y ánimo. Con tu brazo sobre su hombro – si te dejan.

Podrías descubrir que ellos en realidad actuaron incorrectamente. Puede ser que tengan que disculparse. Puede ser que necesiten consecuencias.

Pero será un dialogo muy diferente si tu preocupación principal es ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a crecer a través de esta experiencia y que continúe sintiéndose querido? Versus ¿Qué pensarán los vecinos? O ¿Cómo me puede haber sucedido esto a mí?

Los niños nunca pueden herirse por demasiado amor.