Leí un articulo increíble en el periódico NY Times el otro día, una historia verdadera de amor y fortaleza que no involucra atardeceres, romance y mirar las estrellas. Era una historia de coraje, compromiso y altruismo.

Cuando les enseño a mujeres sobre el matrimonio a menudo señalo que una vez cada tanto su esposo puede entrar a la casa al final del día de muy mal humor. (Estipulemos directamente que lo contrario también puede ser verdad; ¡por supuesto que las mujeres a veces también están de mal humor!) Él puede llegar incluso a gritar, o a expresar descontento de otra forma. Nuestra reacción instintiva es ponernos a la defensiva. Nos sentimos atacadas y respondemos de la misma forma. La situación se deteriora rápidamente.

La esposa sabia (aquella que tiene una cantidad anormal de autocontrol) reconoce que ella NO es la fuente de la frustración de su esposo. La esposa sabia responde pacientemente, "Parece que tuviste un mal día en el trabajo. ¿Qué puedo hacer para ayudarte?". Esta es la respuesta absolutamente correcta. Y casi nunca practicada.

Sin embargo la mujer en el artículo del NY Times (08/02/09) fue aún más allá. Cuando el esposo de 20 años de Laura Munson le dijo a ella, "Ya no te amo. No estoy seguro de si alguna vez lo hice. Me voy de la casa", ella no reaccionó comandada por la emoción. Con un tremendo esfuerzo de fuerza de voluntad (¡esto es más difícil que levantar un auto cuando uno esta cargado de adrenalina!), ella dijo calmadamente, "No lo creo".

Ella sabía que no era sobre ella o los niños, y se rehusó a representar su rol en el libreto.

Ella fue capaz de ver más allá de sí misma. Ella fue capaz de reconocer que su esposo estaba "envuelto en una… profunda y mucho más problemática crisis que viene no en la infancia sino en la adultez, cuando percibimos que nuestra trayectoria personal no está avanzando confiablemente hacia arriba como lo hizo alguna vez", que "su nueva iniciativa no había andado bien, y que su habilidad de ser el sostén de la familia estaba en rápida decadencia. Él estaba abatido sobre esto, se sentía inútil, estaba perdiéndose emocionalmente y dejándose estar físicamente".

Ella sabía que no era sobre ella o los niños, y se rehusó a representar su rol en el libreto. Ella se negó a participar en este escenario demasiado común y destructivo.

En vez, como una mujer cuyo esposo viene a casa gruñendo al final de un día difícil en la oficina, ella paciente y tranquilamente repitió, "No lo creo".

Y entonces ella esperó. Por cuatro largos meses en los que cada día debe haber sido una eternidad. Durante cuatro largos meses en los que ella fue una madre soltera. Ella esperó mientras que él no llegaba a casa para cenar y se perdió importantes ocasiones familiares. Ella mantuvo su boca cerrada (se merece una medalla tan sólo por eso) y esperó.

Finalmente, su esposo regresó. Lenta, gradualmente, no en un giro dramático, no en una gran epifanía.

Ella reconoció su regreso en las cosas pequeñas – en podar el césped, en arreglar una puerta, en hablar sobre el futuro.

Él es un hombre afortunado, tiene una esposa que no le permitió tirar a su familia, renunciar a los últimos 20 años y dejar que la confusión de la adultez y el desánimo destruyeran su vida.

Y ella es una mujer muy sabia y fuerte, tuvo el coraje de sus convicciones y la paciencia para esperarlo. Con sólo una pizca de su altruismo y autocontrol todos tendríamos matrimonios dramáticamente mejores.