Una de mis hijas (quien se mantendrá anónima ¡pero sabe perfectamente bien quien es!) volteó una gran bandeja de galletas sobre el sofá del salón la otra noche. "¡Ya viene Pesaj!", chillé yo.

"Pero la habitación aún no está limpia de jametz", alegó ella. "¿Cuál es el problema?".

Hice una encuesta con mis amigas. ¿Exageré mi reacción?

"Yo hubiera estado desesperada incluso si hubiese ocurrido en octubre", dijo una. "Definitivamente material para un colapso nervioso", asintió otra.

Me calmé, pero estallé nuevamente cuando la misma niña (¡espero que estés leyendo esto!) se sentó a comer galletas (unas que dejan muchas migas debo agregar) en el anteriormente mencionado salón.

Y sin embargo sé que es irracional. De todas maneras limpiaremos la casa - ¡aunque tenga que limpiarla yo con mis propias manos! (Oh sí, es verdad, yo tengo que hacerlo... ¡Con razón estoy tan frustrada!) las migas se barrerán o se cepillarán o se aspirarán. Nos sentaremos, si Dios quiere, a tener una deliciosa cena en la noche de Pesaj en un ambiente libre de jametz.

La única pregunta es: ¿En que estado estaré yo cuando lleguemos ahí (y a lo largo del camino)?

El verdadero sofá es nuestro carácter; las verdaderas migas, nuestras características negativas.

Si paso el tiempo de preparación gritándole a mis hijos, ¿estoy realmente deshaciéndome del jametz? Nos enseñan que el jametz (levadura) simboliza el ego. La verdadera limpieza es una limpieza espiritual. El verdadero sofá es nuestro carácter; las verdaderas migas, nuestras características negativas.

Si estoy nerviosa e irritable con todos mientras nos preparamos para la festividad, entonces, perdí de vista lo más importante. Si nuestra casa está limpia físicamente pero es un desastre espiritual, entonces mis preparativos están incompletos. Si no me siento a la mesa del Seder con una sonrisa en mi (cansada) cara, entonces mi casa aún está llena de jametz.

Así que me estoy reagrupando. Estoy tomando un respiro profundo. Muchos respiros profundos (¡me estoy hiperventilando!). Me estoy enfocando en la atmósfera que quiero crear y en la persona que me gustaría ser.

Puede que aún me frustre (¡¿Quién puso cereales en mis zapatos!?). Puede que esté un poco tensa (¿De que armario salió esa copa?), pero estoy intentando ser mejor. Realmente estoy tratando de deshacerme de mi jametz. No he tenido éxito aún pero estoy pidiéndole ayuda a Dios. Quizás este año realmente me volveré libre.