“Rina recibió un teléfono celular en noveno grado. También Sara. ¡Shlomo recibió uno en octavo grado! ¿Por qué yo no puedo tener uno ahora? ¡No es justo!”.

¿Has tenido una conversación similar alguna vez en tu casa? ¿Alguno de tus hijos se siente alguna vez tratado injustamente? ¿Alguien se ha quejado alguna vez de que “No es justo” o ha dado un golpetazo con el pie y gritado, “¡Ella siempre consigue lo que quiere y yo nunca!”?

Si la respuesta es no, por favor revisa inmediatamente la temperatura de tus hijos - ¡no son normales!

La mayoría de los niños (al menos aquellos que tienen hermanos) han tenido, en un momento u otro, una sensación de que las cosas no son justas, que otro niño es favorecido antes que ellos, que ellos también debieran haber recibido zapatos nuevos, el corte de pelo, la computadora…

No hay nada bueno o productivo en seguirles el juego. Es un juego que me rehúso a jugar.

Yo pensaba inicialmente que trataríamos a nuestros hijos exactamente igual. Cada uno recibiría 10 minutos de tiempo privado con nosotros cada día. Todos iríamos a la zapatería juntos (¡me inquieta el simple hecho de recordar alguno de esos paseos!). Nadie recibiría nada que su hermano no tenga. O a la inversa, cada vez que su hermana reciba algo nuevo, ellos lo recibirán también.

Hasta que la ocupación (o negocio) de la vida lo hizo imposible y me di cuenta que era una filosofía equivocada.

Los hombres y las mujeres no son iguales y Dios no nos trata como si lo fuéramos. Cada tribu del pueblo judío tiene sus atributos especiales y recibe la porción de tierra apropiada para su naturaleza. De hecho, no hay dos individuos iguales, Dios nos da a cada uno de nosotros las herramientas apropiadas que necesitamos para alcanzar nuestro potencial y la mayor cercanía que podamos con Él. Tenemos diferentes fortalezas y debilidades y en consecuencia, diferentes desafíos. No somos iguales.

Las necesidades materiales de los niños deberían ser satisfechas en la medida de lo apropiado y NO de modo idéntico a sus hermanos.

Este debería ser nuestro modelo para la educación – que cada niño es diferente y tiene lo que necesita para tener éxito personalmente. Así como Dios no nos da a nosotros regalos idénticos, así mismo nosotros deberíamos tratar a nuestros hijos en todos los ámbitos como individuos. Esto comienza por la lección básica de que sus necesidades materiales serán satisfechas en la medida de lo apropiado y NO de modo idéntico a sus hermanas o hermanos.

Esto se aplica a todas las áreas – tiempo, atención, ayuda con los deberes, agreguen lo que quieran. Es una forma mucho más sana de vivir (¡especialmente para ustedes!) y los niños se ajustan rápidamente.

Ellos reconocen que ciertos hermanos pueden necesitar más atención en ciertos momentos de sus vidas o en áreas específicas y no son rencorosos porque saben que cuando ellos sienten la necesidad, tus recursos de tiempo, amor y quizás dinero están disponibles para ellos también.

Esto ayuda a disminuir el sentido de “derecho” y a promover confianza e independencia.

Y es mucho más fácil para los padres quienes ahora están satisfaciendo necesidades, no demandas, y quienes han quitado el componente de “culpa” de la ecuación.

La idea de que justo no significa lo mismo es una idea importantísima, pero es una filosofía muy difícil de comunicar en lo abstracto. En vez de eso nuestras acciones pueden dejarlo en claro.

Lo única cosa que debería ser completamente igual es nuestro amor por cada uno de nuestros hijos.