“Hola Ima, ¿qué hay de cenar?”, me saludan mis hijos cuando se suben al auto al final del día. Casi los he entrenado a decir, “Hola Ima, ¿cómo estuvo tu día?” primero. Casi. De hecho, ahora ellos han aprendido a burlar el proceso preguntando en la mañana antes de irse.

¿Por qué una pregunta tan simple inspira tanto terror? ¿Por qué es un tormento tan grande? ¡Yo dirijo un sitio de Internet de cocina por Dios santo! (www.gourmetkoshercooking.com, por si no lo sabían). Publico nuevas recetas de cenas semanalmente. Pienso sobre creatividad y colores, nutrición y variedad. Entonces ¿Por qué, al final del día, solamente quiero pensar en el número de teléfono de la pizzería?

Quizás tiene algo que ver con la rutina, la necesidad de hacer una cena cada noche – misma hora, mismo lugar. Quizás es la responsabilidad – todos están confiando en mí para aplacar su terrible hambre (No voy a dejar a mis hijos utilizar la expresión “Me estoy muriendo de hambre”, ¡porque no se aplica a nuestras vidas!) al final del día, todos están esperando que yo provea una cena que sea deliciosa y satisfactoria.

Usualmente tengo éxito. Pero no siempre. Y es una presión constante.

Quizás he subido sus expectativas demasiado alto. Mi hija aún recuerda afectuosamente la gran cena de Crema de Trigo que comió en la casa de una amiga cuando fue a estudiar. Pero cuando yo trato de tener una noche de comida chatarra – ya saben, panqueques, salchichas vegetarianas, huevos – ellos voltean sus narices. Y nadie cae por sándwiches de queso caliente, a pesar de que los llamo Croque Monsieur.

A veces sencillamente me siento recargada por la responsabilidad. A veces tan sólo quiero que alguien más prepare la cena. A veces simplemente no puedo pensar qué preparar – “¿Tallarines, salsa y queso de nuevo?”. A veces estoy muy acalorada o muy cansada o muy malhumorada. Pero, habiendo sacado todo eso de mi pecho, la mayoría del tiempo me da mucho placer.

Disfrutamos cenar juntos como familia, discutiendo las noticias del día, tanto internacionales como personales (aunque mi esposo nunca parece recordar el nombre correcto del amigo correcto de cada niño, lo que conduce a momentos de frustración - ¡y humor!) y pasando algo de tiempo relajado juntos (¡blackberries, teléfonos celulares y teléfonos fijos están prohibidos!).

Y la mayoría del tiempo lo hago bien – la comida es buena, y el cliente queda satisfecho. Aún no he aprendido las cantidades (aprendo lento) y preparo poca cantidad cuando es popular o demasiada cuando no lo es. Y frecuentemente hay un niño quisquilloso (no siempre el mismo) que escoge la opción de cereal con leche.

Pero en general supongo que funciona. En general, no hay nada que temer. En general me da placer alimentar a mi familia y que ellos disfruten de la comida. Así que dejaré de quejarme, me pondré mi delantal y comenzaré a picar algunas verduras – ¿alguien quiere sopa minestrone? Estoy agradecida de tener una familia agradecida para la cual cocinar. Y hoy es el turno de otro de limpiar la mesa.