Frecuentemente, se utiliza mucho tiempo para preparar una boda – escoger la invitación apropiada, definir el menú, visitar salones, escuchar bandas de música… y encontrar “el” vestido. Todo tiene que estar perfecto – las flores a la altura necesaria para la pose fotográfica perfecta, etc. Sin embargo, invertimos muy poco tiempo en prepararnos para “el verdadero matrimonio”, que esperamos que dure bastante más que ese día de fantasía.

De hecho, incluso es posible que bodas hermosas externamente puedan impedir la posibilidad de matrimonios hermosos internamente. Mientras una novia se prepara para la boda, todo el mundo le dice que el día de la boda es su día especial. Intentamos garantizar que ella tenga los invitados, el fotógrafo, la torta (¡y el vestido!) que desea. Si hay damas de honor, ellas acceden por completo a los deseos de ella, vistiendo caros vestidos que no se pondrían ni locas para otra ocasión. El mensaje es que el mundo gira en torno a ella (o a él – esto puede ser verdad para ambas partes).

Pero si hay una clave para un matrimonio exitoso, es la perspectiva completamente opuesta. Es hacer que el mundo gire alrededor de tu pareja. Es poner sus necesidades primero, no igual.

Esto requiere un gran ajuste para todos, especialmente después del embriagador egocentrismo del periodo del compromiso.

Sin embargo, sin este cambio de paradigma, tu matrimonio no puede funcionar. Este es un desafío para parejas de todas las edades. Puede que incluso sea más difícil mientras más tarde te cases porque los hábitos se arraigan y mientras más años hayas pasado atendiendo primero a tus propias necesidades, más difícil es cambiar de dirección.

Asumamos toda la buena voluntad del mundo. Asumamos que reconoces la necesidad de poner las necesidades de tu pareja antes que las tuyas. Asumamos incluso que es algo que quieres hacer. ¿Cómo hacemos para realizar e interiorizar este radical cambio de perspectiva?

Como con todos los intentos serios de cambio, los pensamientos no son suficientes. Necesitamos acción. Si nos comportamos “como si”, entonces el nuevo foco y los nuevos pensamientos eventualmente se arraigarán.

Comienza preguntándole a tu pareja. Ni los hombres ni las mujeres son adivinos. No puedes saber o intuir qué necesita tu pareja sin que te lo diga. “¿Cómo puedo ayudarte hoy?”. “¿Cómo puedo hacer tu día más fácil?”. “¿Hay alguna tarea que pueda hacer por ti?”. “¿Qué te gustaría para cenar?”. “¿Te gustaría salir a cenar; dónde te gustaría ir?”.

Adquiere el hábito de hacer estas preguntas y de actuar acordemente. Quizás tendrás que ver una película que no hubieses escogido. Quizás tendrás que mirar un deporte que no te gusta. Quizás tendrás que cenar algo que no está dentro de tus platillos favoritos, o parar a comprar leche y jugo de naranja después de un día largo y agotador. Así es como se construyen las relaciones. Así es como profundizamos nuestra preocupación y conexión. Así es como subyugamos nuestros egos.

Cuando das, te importa.

Hay dos puntos importantes disponibles aquí. Uno de los fundamentos del pensamiento judío es que “cuando das, te importa” (¡al contrario que cuando recibes!). Esto es más obvio en la relación padre-hijo, pero es verdad en casi todas las interacciones que tenemos. Se necesita una pequeña cantidad de dar para involucrarse (una sonrisa, abrir la puerta, compartir una cena), y la importancia psicológica de esto es de largo alcance. Así que, ¿Qué mejor laboratorio para experimentar este concepto que el matrimonio? Mientras más hagas por tu pareja (¡y NO mientras más él o ella haga por ti!), más te importará.

Poner las necesidades del otro primero, mientras minimizamos nuestros propios deseos, también nos enseña sobre nuestra relación ideal con Dios. Debemos subyugar nuestra voluntad a la Suya para tener una verdadera relación con Dios. El matrimonio nos enseña a hacer esto experimentando fácilmente los beneficios.

Los cambios no ocurren de un día para otro. No pasamos de egoístas a desinteresados simplemente con firmar la ketubá o romper el vaso. Incluso una banda de música increíblemente buena no nos llevará a eso. O el mejor fotógrafo…

Pero si cada mañana cuando nos despertamos nos preguntamos “¿Qué puedo hacer hoy para darle a mi esposo o a mi esposa placer?”, y luego lo hacemos realmente, no solamente tendremos matrimonios exitosos, también nos convertiremos en seres humanos más profundos. ¡Sin importar el color de flores que tuviste en tu jupá!