Yo crecí en un pueblo muy pequeño. Si las chicas en mi clase de octavo grado usaban maquillaje, eran enviadas a casa a removerlo. En la secundaria, las únicas chicas que usaban maquillaje eran las que tenían una “mala reputación”. (Ya sé, sueno anticuada).

Yo compré mi primer tubo de rimel cuando tenia 25 años – y aún no se como utilizarlo realmente. Nunca he usado crema base, rara vez sombra de ojos. No estoy afirmando una posición moral, solamente describiendo mi experiencia.

Así que cuando mi hija de 11avo grado comenzó a insistir sobre utilizar maquillaje recordé el tipo de chicas que lo utilizaban durante mis años de secundaria y me rehusé con firmeza. Pero, como es el modo de las chicas adolescentes, la insistencia continuó. Y continuó. Y continúo. Solamente podía encerrarme en la habitación por un tiempo corto. Tenía que encontrar una solución.

Por suerte pude hablar con alguien que dirige una escuela de niñas en Nueva York. Ella me dijo (y parafraseo): “Tómate una pastilla para los nervios”. Ella me tranquilizó y me dijo que hoy en día no es un asunto tan importante mientras el maquillaje sea aplicado de forma sobria (no estamos hablando de gótico aquí), que los tiempos habían cambiado (sí, trillado pero cierto) y que había batallas más importantes que pelear.

Respiré profundo. Puse una sonrisa en mi cara. Y le di permiso a mi hija para utilizar maquillaje. Ella no se aprovechó y no utilizó mucho. De hecho una vez que ya no se trataba de reafirmar su independencia, ella frecuentemente se olvidaba de ponérselo del todo.

La adolescencia es un campo minado. Debemos ser cuidadosos de dónde pisamos. Pero no tenemos que poner barreras innecesarias.

Tenemos que andar con cuidado y no crear paredes innecesarias entre nuestros hijos y sus amigos.

Una vez que escogemos una escuela cuyos valores adoptamos, entonces, tenemos que permitirles a nuestros hijos seguir el ritmo de sus pares – obviamente dentro de lo razonable. Al mismo tiempo que estábamos teniendo esta lucha con nuestra hija, una amiga nuestra (cuya hija estaba claramente en una escuela diferente) estaba luchando con ella sobre si podía dormir en el bosque con su novio. ¡Repentinamente el maquillaje no me pareció algo tan importante!

Debemos escoger un ambiente que concuerde con nuestros valores y luego trabajar dentro de esos parámetros. Si bien debemos enseñarle a nuestros hijos a valorar sus convicciones, la adolescencia no es en realidad sobre rebelión (excepto en contra los padres). Se trata de aceptación, de “encajar” en el medio social. Se trata de sus pares. Nosotros tenemos que andar con cuidado y no crear paredes innecesarias entre nuestros hijos y sus amigos. Es por eso que la elección inicial de escuela y comunidad es tan importante.

Es un acto de balance – con el amor y la compasión dominando sobre la rigidez y el juicio.

Mientras intentamos guiar a nuestros hijos a través de la adolescencia, debemos enfocarnos en el mundo en el que viven, no el mundo de nuestra infancia, y juzgar nuestras batallas acordemente.

Y debemos concentrarnos en las cosas que nunca cambian – no en la depilación de cejas y las manicuras – sino en nuestro amor por ellos, nuestra relación con Dios, la firmeza de nuestros valores judíos, y por sobre todo, la necesidad constante de rezar.