John Wooden, el famoso entrenador de básquetbol de UCLA, falleció recientemente. Él tenía 99 años. Él era un hombre a la antigua, un hombre serio que condujo a su equipo a la victoria en muchos campeonatos durante los turbulentos años sesenta sin tolerar desobediencia o mala conducta. Si a ellos no les gustaban sus reglas, podían buscar otro equipo. Tan sólo esa declaración de principios merece al menos un artículo aparte; es tan inusual en el mundo de hoy de los “atletas celebridades”. De hecho, la vida y los valores de Wooden nos ofrecen muchas lecciones a todos nosotros – lecciones sobre lealtad, amor, fe y alegría.

Quiero enfocarme en el último componente. Él vivía bajo ciertas reglas. Una de ellas era "Hacer de cada día una obra maestra". Me encanta esa. Es una idea muy judía.

Cuando nuestro patriarca Abraham falleció, la Torá dice que "él vino con sus días". La comprensión tradicional es que él vivió cada día al máximo, él no desperdició ningún momento. En el idioma de Wooden, él hizo de cada día una obra maestra.

Sobre eso estaré pensando este Iom Kipur. Quiero vivir cada momento al máximo. No quiero desperdiciar o "matar" el tiempo. Pero incluso más que eso, no quiero que sea una resistencia deprimente. Quiero obtener placer de cada momento. Yo también quiero hacer de cada día una obra maestra.

Mientras escribo esto, estoy sentada en una cabaña en el bosque justo a las afueras de Ashland, Oregon. La luz del sol se filtra a través de los árboles, el cielo está realmente azul (no la nube de polvo de Los Ángeles) y el único ruido son los pájaros. Los ciervos deambulan libremente a través del bosque – e incluso a través de la carretera. Salimos de nuestra cabaña para ir de excursión, hacer kayak y andar en bicicleta (y ver una obra de teatro ocasionalmente - ¡Hay un festival de Shakespeare aquí después de todo!). Es fácil hacer de cada día una obra maestra en este ambiente. Me despierto, miro por la ventana y la obra maestra ya está pintada.

Pero la vida real no son vacaciones. ¿Cómo me llevo esto a casa conmigo? ¿Cómo lo hago entre llevar a los niños a la escuela, lavar la ropa, los deberes, limpiar el piso, enseñar, escribir (!) y pagar las cuentas? (Y solamente listé algunas de las tareas mas fáciles).

¿Cómo aprovecho al máximo cada momento? ¿Cómo evito el tiempo vacío? Y lo más importante de todo, ¿Cómo accedo a la alegría disponible en cada minuto?

Las ideas y las teorías son lindas. Con certeza son un buen lugar para comenzar. Pero yo necesito herramientas. Necesito un plan. Necesito un programa y una estrategia. Uno de los 48 caminos para adquirir la Torá es tratar a nuestra vida como a un negocio. Necesitamos definir nuestra misión, necesitamos metas y estrategias para cumplir nuestras metas - ¡e incluso un presupuesto!

Desde que llegué a esa etapa de la vida en que los lentes para leer son una necesidad, he puesto un par en cada habitación de la casa tanto como en mi cartera. Es muy frustrante no poder leer lo que está directamente frente a mí. El problema ocurre cuando salgo con mi esposo. Generalmente no llevo cartera. Si él no trae sus lentes, ¿quien sabe qué terminaríamos pidiendo? Estoy trabajando para estar más preparada.

De la misma forma con mi tiempo (¡se estaban preguntando a donde iba con todo esto!). Hay muchas situaciones en las que estamos esperando – por amigos atrasados, en oficinas de doctores, en el banco, en el coche e incluso en bodas. Ahora estoy poniendo un libro de Salmos en cada cartera y guantera para estas eventualidades. Incluso leer las noticias en Internet en mi blackberry es mejor que tener "la mente en blanco", que perder ese precioso regalo.

También estoy planificando mi agenda un poco mejor (¡al menos lo estoy haciendo mientras estoy aquí sentada y no hay servicio de teléfono y acceso limitado a email que me distraiga!). Me he dado cuenta que si dejo mi estudio de musar (ética) para la noche, frecuentemente estoy demasiado cansada para hacerlo ("¡Te pille!" dice el ietzer hará) así que lo estoy cambiando para la mañana – antes de empezar mi día. Tendré que ejercitar mucha disciplina y autocontrol – y no entrar en esa habitación en donde está la computadora, o en la que está la cocina, o en la que está la lavadora…

También necesito ser un poco más metódica con mi lectura. Tengo libros acumulados al lado de mi cama. Ahora tengo que organizarme para leerlos – y enfocarme en aquellos que realmente pueden beneficiarme.

Y finalmente – la alegría. Lo guardé para el final porque parece ser lo más difícil. Sí, es fácil ver y hacer la obra maestra mientras estoy sentada aquí sola (mi esposo y mi hijo salieron a caminar así que está todo muy tranquilo) pero la obra maestra también está disponible en casa. Solamente tengo que mirar mejor y trabajar en ello. Si bien es cierto que no puedes ver las estrellas (en el cielo) en LA, las flores y los plantas son hermosas también. Nuestro jardín debería hacerme sonreír. La bondad del clima, la belleza del estado es un verdadero regalo. Cada uno de mis hijos es una obra maestra – un artista frecuentemente nota las manchas y las pinceladas mal puestas – ¡debemos dar un paso atrás y apreciar “el todo”! Es una bendición vivir en una comunidad – dar y recibir y compartir la alegría y el dolor. Ser parte del pueblo judío es ser parte de la obra maestra de la Creación de Dios – un privilegio y una responsabilidad que no tienen precio.

Cada día ya es una obra maestra; solamente necesito cambiar mi foco. Necesito concentrarme en los regalos y los placeres y minimizar o ignorar lo negativo. ¡Y necesito hacer que cada momento cuente! Este Iom Kipur, estoy tratando de hacer ese cambio. Estoy tratando de vivir como nuestro patriarca Abraham (¡o al menos como John Wooden!) haciendo de cada día una obra maestra y a través de disfrutar la obra maestra que Dios ha creado justo para mí.