Si realmente quieres aprender un idioma extranjero, el secreto no son CD's en el auto u otros programas elaborados. La mejor forma es “inmersión total”. Cuando yo estaba en la secundaria, era muy popular pasar un verano en Aix-en-Provence en Francia. Los estudiantes eran arrojados en un pueblo francés y en clases de francés. No se hablaba inglés. Aprender francés se convertía en una necesidad, no una opción. Y se alcanzaba rápidamente fluidez básica.

La noción de Ulpán en Israel está basada en la misma premisa – completa inmersión en el idioma hebreo, aunque frecuentemente hay tantas personas que hablan inglés en el programa que el efecto es más limitado. Y cuando mi hijo se unió al ejército israelí, hizo un Ulpán no-oficial, experimentando una absorción como ninguna otra, en la que entender y hablar hebreo era literalmente un asunto de vida o muerte. Y así alcanzó un nivel de fluidez – al menos en las órdenes relevantes.

Cada vez que experimento las Altas Fiestas, pienso que ellas son como un curso de inmersión. Comenzando con preparaciones espirituales en Elul que se intensifican a medida que nos acercamos a Rosh HaShaná, junto con la preparación física (planificar el menú, comprar, cocinar) que sigue la misma trayectoria. Tenemos como siete semanas de inmersión, tres muy intensas. Nada más existe. Terminas una cena justo a tiempo para preparar la siguiente. Llegas a casa de la sinagoga para un pequeño descanso antes de que comience otra vez. El mundo exterior se desvanece. Adquiere el suave brillo de las fotografías antiguas. No es del todo real.

Todo lo que importa es Iom Tov. Y es maravilloso, un poco agotador quizás (sobre todo este año las tandas de tres días) pero no obstante, maravilloso. Existimos en un plano diferente a través de esta época única.

Y cuando concluye, a pesar de que "tuvimos suficiente", nos sentimos decepcionados, entristecidos y deprimidos. Si necesitamos oler especias al final de un Shabat, necesitamos toda una perfumería después de las Altas Fiestas. La transición es demasiado impresionante. Especialmente si has aprovechado al máximo tu experiencia festiva.

Entonces, ¿cómo nos arreglamos? Yo pienso que la clave es encontrar una forma de infundir el resto de nuestros días (semanas, meses) con este espíritu y entendimiento de las festividades. Debemos tomar las lecciones que aprendimos, las formas en las que crecimos, y traerlas de vuelta a nuestra vida diaria.

Fue fácil ser santo en la sinagoga. Fue fácil estar enfocado en profundizar tu relación con Dios en Iom Kipur. ¿Pero que hay del resto del tiempo? ¿Qué pasa en el trabajo? ¿Qué pasa entre lavar la ropa y el agotamiento y la tarea y la hora de la cena? ¿Cómo nos aferramos a las lecciones aprendidas, al progreso alcanzado y a las relaciones profundizadas?

El peligro con la inmersión en un curso de idioma es que una vez que regresas a tu país natal y a tu rutina normal, no hay oportunidad de practicar. Tus recientemente adquiridas habilidades de idioma pronto se oxidan. Tienes que trabajar más duro para mantenerlas. Tienes que crear oportunidades y situaciones. Lo mismo es verdad para nuestras vidas espirituales. Si tuvimos la suerte de experimentar crecimiento durante las fiestas este año, debemos asegurarnos de no perderlo.

Podemos aprender de este curso de idioma. Así como los nuevos hablantes de francés necesitan ponerse en situaciones en las que estarán forzados a hablar francés, también nosotros tenemos que ponernos en situaciones que continúen fomentando nuestro crecimiento. Necesitamos rodearnos de personas que buscan una vida llena de sentido. Y necesitamos encontrar o crear el ambiente adecuado en el cual practicar nuestras nuevas habilidades.

Si estamos trabajando en el rezo, quizás tenemos que ir a la sinagoga. Si estamos trabajando en bondad, quizás debemos involucrarnos en una organización sin fines de lucro que se dedique a las necesidades de otros. Si estamos trabajando en estudiar, quizás necesitamos un compañero de estudios, necesitamos inscribirnos en clases y necesitamos un tiempo y un lugar fijo para nuestro estudio individual. Sería una pena dejar que todas esas horas de compras, cocina, comida, limpieza, rezo y aprendizaje se perdieran.