Hay una farmacia en la esquina de mi casa. Yo no estaba emocionada cuando la construyeron (tenía esperanzas de que fuera una tienda de ropa) pero ha probado ser bastante útil. Está abierta 24 horas, todos los días y es conveniente para artículos escolares de último minuto, artículos de aseo, prescripciones y por sobre todo, para revelar fotografías.

Mis hijos bromean (¿se quejan?) que todas mis fotos de ellos han sido remplazadas por fotos de los nietos. No es tan verdad pero definitivamente hay muchas de ellas por ahí. Y es tan fácil bajar fotografías de la cámara digital y enviarlas a revelar (especialmente cuando mi hija lo hace por mí).

Había una fotografía recientemente que nos gustó mucho así que decidimos agrandarla a 24x33 cm. Cuando la recogimos, por alguna razón, el sobre estaba abierto.

Eso no fue un tema – simplemente me fue más fácil mirar la fotografía que estaba adentro. Lo extraño fue que la cajera pensó lo mismo. Mientras estábamos pagando, ella abrió el sobre y miró hacia adentro. Si bien a todos los abuelos les gusta escuchar que sus nietos son tiernos, me tomó tan por sorpresa su conducta que apenas pude responder.

Simplemente no podía imaginar qué le hizo pensar que era apropiado abrir un sobre que le pertenece a alguien más – un completo extraño y un cliente nada más y nada menos – y mirar las fotografías.

Estuve aturdida todo el camino a casa. ¿Qué ha ocurrido con nuestro sentido de la privacidad?

Solamente puedo especular que con la abierta exposición de información personal en Internet, con la discusión de temas privados en los programas de conversación y con los chismes en las revistas, el mundo se ha olvidado de lo que significa la privacidad. Y eso es desafortunado.

En la Ética de Nuestros Padres se nos aconseja construir una cerca alrededor de la Torá. ¿Por qué una cerca? ¿Qué hace una cerca? Resguarda lo que está adentro. Transmite la idea de que hay algo especial y preciado aquí adentro y quiero protegerlo. Así es como debemos tratar a las cosas que son valiosas para nosotros – nuestra Torá, nuestras relaciones, nuestras propias almas.

Sin el reconocimiento de que la privacidad es importante, la dignidad del ser humano disminuye. Nuestra singularidad es arrebatada y se confunde nuestro sentido de quienes somos. Si todo es público, ¿dónde está nuestro núcleo interno?

A veces los políticos sienten como que ellos son personas públicas sin nada adentro, una concha vacía. Ellos se han vuelto tan hábiles para dar las respuestas deseadas o requeridas que ya no revisan su compás interno. Puede que ya no tengan uno.

Todos estamos en riesgo. Mientras más públicos seamos nosotros y los detalles de nuestras vidas, menos centro sólido queda adentro.

Mientras más le permitimos a extraños acceder a nuestros pensamientos y sueños más íntimos, menos queda para nosotros.

Nuestra privacidad es invadida constantemente - por vendedores telefónicos, por vendedores en la puerta, por conocidos que hacen preguntas inapropiadas (como por ejemplo "¿Estás planeando tener más niños? A lo cual una amiga mía siempre responde "¡Serás la primera en saber!") y por amigos entrometidos. Nuestra tarea es intentar preservar nuestra dignidad frente a este bombardeo.

En nuestro núcleo está nuestra alma, nuestra esencia Divina, el centro de nuestro ser. Es demasiado preciado para exponerlo a la cajera de la farmacia. Voy a llevar cinta adhesiva conmigo en el futuro.