A mí y a mi esposo nos gusta explorar diferentes vecindarios de la ciudad de Los Ángeles. Cada uno de ellos tiene un sabor único, un aspecto particular – e incluso hay tipos específicos de personas que frecuentan el área. Es una excelente idea para una “tarde de cita” – y el precio es apropiado. A menos que pasemos demasiado tiempo dentro de una de esas originales boutiques…

El otro día entramos a una pequeña joyería. El dueño, notando la kipá de mi marido, comenzó a hablar en hebreo. Él era israelí – muy amistoso – y la negociación comenzó. Él estaba estableciendo una relación con nosotros y era muy difícil de resistir. Le daría el beneficio de la duda, quizás él estaba realmente feliz de que judíos entraran a su tienda (¡y nosotros somos una pareja tan encantadora!) pero él también quería venderme unos aros. Y seguía mostrándome pares de aros uno tras otro, tras otro… yo me sentí culpable de no comprar nada y apenas escapamos con nuestro balance bancario intacto. ¿Cuál es la mejor forma de manejar una situación como esta? Es difícil ser amistoso pero firme.

Una variación de esto ocurrió cuando estaba en un centro comercial local comprando algunos regalos de Januca. Un vendedor de un kiosco pequeño se me acercó diciéndome que solamente quería hacerme unas preguntas sobre la fiesta. Como buena educadora judía, respondí con entusiasmo a sus preguntas. Pero apenas terminaron las preguntas, él comenzó a describirme su producto. Yo intenté librarme cortésmente pero cuando eso no funcionó, simplemente me fui caminando, y el vendedor se quedó gritando solo.

¿Fui descortés? Puede ser. El problema es que “amistoso pero firme” no pareció funcionar.

Y hablando de ‘librarme cortésmente’, esto es un verdadero desafío con los vendedores telefónicos y las llamadas de organizaciones de caridad. Yo sé que ellos están tratando de ganarse la vida y los aplaudo por eso. Sé que es una forma difícil de ganarse la vida y los respeto aún más. ¿Pero cómo comunicas que no? Siento como si estuviera negociando por una alfombra en un mercado del Medio Oriente. ¿Qué tal 36 dólares? ¿$18? ¿$10? ¿Qué tal si solamente le mando un sobre y usted paga cuando esté lista? ¿Qué tal si…?

Yo de verdad no quiero cortarle el teléfono a otro ser humano. Yo sé que ellos solamente están siguiendo órdenes. ¿Pero cómo comunico un “no” definitivo sin ser grosera? ¿Sin sentirme culpable?

No te sientas presionada a gastar dinero, pero actúa con cariño y preocupación.

Las transacciones financieras tuercen las relaciones y es difícil hacerlo bien. Durante muchos años, una amiga mía cercana fue agente de viajes (ahora ese es un término casi pasado de moda). Ella siempre se molestaba con sus amigas que no reservaban sus viajes a través de ella. Pero también le molestaba cuando lo hacían y venían a ella con todas sus quejas y peticiones de reembolsos. ¿Qué hay de la historia que escuché el otro día de otra amiga que es corredora de propiedades? Después de meses de negociar la venta de una casa para unos amigos, ellos actuaron a sus espaldas y se acercaron al vendedor directamente, robándole a mi amiga su comisión y su tan necesario ingreso.

Estoy buscando una respuesta mágica para estos dilemas. ¿Hay una forma “correcta” de alejarse? ¿Un método “único” de cortar el teléfono?

¿O es como todo lo demás? Depende de la situación. Debemos guiarnos por nuestro sentido común y buenos valores. No podemos dejar que nos presionen para gastar dinero que no queremos o que no tenemos – incluso para una organización de caridad – pero aún así debemos ser amistosos y corteses con la persona al otro lado.

No es fácil ser cortés en algunas de estas circunstancias. A veces perdemos la calma. A veces estallamos en frustración. Pero si ejercitamos el autocontrol, si actuamos con cariño y preocupación, entonces hemos hecho un Kidush Hashem; hemos santificado el nombre de Dios.

No tenemos que realizar actos heroicos para marcar una diferencia en el mundo. Solamente tenemos que comportarnos con decencia común – lo cual es mucho más difícil de lo que parece. Y por cuanto que es difícil, es la verdadera prueba de carácter y la verdadera prueba de un pueblo. Esta es una forma pequeña pero significativa de ser una “luz para las naciones”.