Tengo una confesión que hacer, algo que me avergüenza admitir. Siempre me ha gustado Pesaj (esta no es la confesión vergonzosa, ¡aunque algunos lo pueden ver así!). La confesión vergonzosa es que me gusta la limpieza, la organización, el hecho de cocinar, el tiempo en familia y el Seder.

Siempre me ha encantado la preparación física y la preparación espiritual – la experiencia física de la esclavitud y salir de Egipto, y la experiencia espiritual de la esclavitud y salir de Egipto.

El problema es que en los últimos años mis prioridades se han invertido y paso mucho tiempo en la limpieza, las compras, la ropa para mis hijos, la planificación del menú, la cocina, etc. – y el Seder termina recibiendo muy poca atención.

O estoy demasiado cansada o demasiado distraída (¿A que hora debería poner la carne en el horno? ¿Está llorando uno de los nietos arriba? Sí querida, tu nueva ropa se ve hermosa) para poner atención a lo que está ocurriendo en la mesa.

En realidad eso no es del todo verdad. Me doy cuenta de quién está involucrado y quién está aburrido, quién quiere discutir más ideas y quién quiere solamente comer, quién quiere un Seder largo y quién quiere irse a dormir, quién acaba de pellizcar a su hermana y quién está susurrándole a su esposo. Pero me estoy perdiendo el evento principal.

Me estoy perdiendo las nuevas preguntas y las nuevas ideas. Me estoy perdiendo nuevas oportunidades de crecer y de aprender. Me estoy perdiendo nuevos entendimientos y nuevas direcciones. Me estoy perdiendo el punto principal.

Así que me he re-orientado. No es que necesito recapturar la perspectiva que tenía en el pasado. Tengo que encontrar una nueva. Todavía tengo que tomar todas mis responsabilidades y preparaciones en serio – pero entre estas presiones, tengo que forjar un nuevo camino, un nuevo foco.

Nuestra dinámica familiar está constantemente cambiando. Nuestro nivel de energía (!) está constantemente cambiando. Y el tipo de aprendizaje y conocimiento que encontramos estimulante también está cambiando constantemente.

Así que mi Seder – y mi perspectiva – necesita reflejar esta nueva realidad.

Me gustaría comprar una nueva Hagadá cada año para darle pie al proceso de crecimiento. ¡Este año planeo leerla de verdad!

Y espero lograr un mínimo de libertad poniendo en práctica este nuevo entendimiento. Aún tengo que limpiar y cocinar, comprar y preparar. Aún habrá distracciones y necesidades familiares, algunas triviales y algunas importantes. Pero espero reorganizar mis prioridades para que el propósito de la festividad no se pierda en el camino. Quizás eso es lo que significa libertad después de todo.