"Dos tercios de las parejas ven la calidad de su relación bajar dentro de los tres años después del nacimiento de un hijo", de acuerdo a un estudio citado en un artículo en el periódico The Wall Street Journal. Esa es una baja grande. En el artículo teorizan sobre por qué pasa esto. Y si bien es cierto que “quién se levanta en la noche” (¡levanta la mano si alguna vez has fingido estar durmiendo para que tu pareja se levante a atender al bebé!) y “quién cambia el siguiente pañal” pueden ser fuentes de tensión, no creo que estas cosas puedan explicar la dramática estadística.

La verdadera pregunta es, creo yo, ¿cómo es visto el matrimonio ahora que hay un hijo? Y ¿Cómo percibe el esposo (ahora padre) su nuevo rol? ¿Cómo percibe la esposa (ahora madre) el de ella?

Yo creo que la calidad del matrimonio disminuye si cualquiera de los dos lados comete el crucial error de olvidar enfocarse en esta relación central.

Las madres demasiado a menudo sienten que la paternidad se ha convertido en su único foco. Si piensan del todo en su esposo, ellas deciden que dado que él es un adulto, sus necesidades pueden esperar. Y mientras que es ciertamente verdadero en el momento en que un infante está gritando para ser alimentado o cambiado, no es cierto como principio general o por el resto del tiempo. Las necesidades del esposo – o deberíamos decir las necesidades del matrimonio – aún tienen precedencia.

Debe haber tiempo separado para la pareja incluso si es, por necesidad, muy breve. Sí, lo sé, las nuevas (y las viejas) madres estamos rendidas y privadas de sueño. Pero si no atendemos nuestros matrimonios, estaremos rendidas, privadas de sueño ¡y solas!

Algunas mujeres también necesitan pelear contra el instinto de que "ellas saben más" o que ellas deberían "hacerlo todo" lo cual frecuentemente deja a los esposos sintiéndose como extraños curioseando. Y lo que es aún peor, sintiéndose inútiles (un sentimiento que los hombres desprecian particularmente).

Por otra parte, los hombres tienen que lanzarse e insistir en que son de utilidad. La crianza de hijos no es exclusivamente "trabajo de mujeres" y los esposos/padres tienen que estar disponibles física y emocionalmente para su esposa e hijo. (¡Cambiar pañales NO es una habilidad exclusivamente femenina!).

Los hombres tienen sus propias batallas que pelear. Ellos frecuentemente tienen que luchar contra las limitaciones iniciales de su rol (especialmente si su esposa está amamantando) y contra sus celos. Sí, escucharon bien. Aunque rara vez admitido en público, muchos esposos se sienten celosos del tiempo y la atención que recibe el infante, tiempo que perciben como “arrebatado de ellos”. No siempre están equivocados… pero ellos deben reconocer el sentimiento y luego pasar a una posición más realista y, por qué no decirlo, más inteligente.

Como todos los problemas matrimoniales, estos problemas se resuelven a través de conciencia, discusión y esfuerzo. Y ya que decimos que hay tres socios en la creación de un niño – la madre, el padre y Dios – no hace mal utilizar Su ayuda también.

Piensen en la educación de los hijos como otra aventura / responsabilidad / desafío en que ustedes se están embarcando juntos. Separen (al menos) 10 a 15 minutos al día para conversar, para conectarse. Incluso si los ojos de alguien están medio cerrados, el esfuerzo hará la diferencia. Traten de escoger un tiempo que tiene sentido y que funcionará consistentemente. Después de que uno de nuestros hijos nació, mi esposo decidió que el tiempo sería cuando yo me levantaba para la hora de comer de (aproximadamente) las 2 AM. En teoría él se levantaría también y conversaríamos ahí. Déjenme decir que no recomiendo esa estrategia.

Recuerden que el regalo de educar a este niño es para ambos y es una oportunidad de crecimiento individual y como pareja.

Y recuerden, el Talmud nos dice que "un hombre no muere excepto para su esposa".

Es difícil creerlo cuando sostienes a este indefenso infante pero, si Dios quiere, algún día este niño te abandonará para empezar su propia vida.

Y en ese momento, querrás estar segura de que has nutrido tu matrimonio en el camino. Y comienza desde el principio. Si ya has cometido este error, aún puedes juntar las piezas, pero es más difícil.

Y si aún te encuentras en los primeros días, no corras riesgos. Dale a tu esposo atención lo más seguido que puedas. ¡Esto aplica para ambos lados! No descuiden sus necesidades. Acepta su ayuda. Compartan sus miedos y sus alegrías.

Yo encuentro que los resultados de estos estudios son particularmente perturbadores, especialmente porque las cosas no tienen que ser así, (¡por lo menos no antes de que los niños lleguen a la adolescencia!).