Si eres como yo, tienes una larga lista de cosas que necesitan hacerse alrededor de la casa (la lista usualmente comienza con "limpiar la cochera"). Si eres como yo, entonces probablemente también tienes una segunda lista con las tareas más urgentes en ella – la bombilla quemada que hace imposible que tu hija lea por la noche, el cajón en la cocina que siempre se queda pegado el cual finalmente se cayó cuando lo sacaste de un tirón en desesperación, los pocos ítems que necesitas de la tienda para preparar esa nueva receta de pollo que acabas de leer.

Y al igual que yo, tú probablemente estás esperando que tu esposo se encargue de muchas de estas tareas.

Y, si eres como yo, probablemente vas a hacerlo mal. Mi estrategia favorita (y menos efectiva) es asaltar verbalmente a mi esposo apenas entra por la puerta. "Has estado prometiendo limpiar la cochera por meses y aún no lo has hecho. ¡¿Por qué solamente tienes tiempo para hacer las cosas que tú quieres hacer y no las cosas que yo quiero?!".

Esta desastrosa técnica es frecuentemente seguida del igualmente inefectivo y desacertado tratamiento de silencio. Ahora me quedo con una cochera desordenada y un esposo infeliz.

El mejor y más sabio enfoque sería no formular los temas como un ataque o incluso como una demanda sino como una necesidad.

"Incluso cuando me paro en una escalera, no puedo alcanzar para cambiar esa bombilla. Te agradecería si tú lo hicieras por mi".

"Voy a preparar tu pollo favorito para la cena mañana. Me ayudaría mucho si pudieras pasar por la tienda en tu camino a casa".

"Me gusta la forma en que organizaste la cochera la última vez (¡no menciones que fue hace 10 años!). Me sacaría un gran peso de encima si pudieras hacerlo nuevamente".

Todas estas peticiones tienen muchas ventajas – para nosotras y para nuestros esposos.

Podemos estar orgullosas de nuestra conducta y de nuestro carácter. No estamos chillando. No estamos reaccionando por frustración. Somos calmadas, educadas e incluso amorosas.

No estamos criticando a nuestros esposos (la crítica nunca es una gran motivación para el cambio) y ellos por lo tanto no sienten necesidad de estar a la defensiva o de atacar en respuesta.

Y no estamos expresando nuestra petición en términos de su falta sino en términos de nuestra necesidad. Nuestros esposos quieren sentirse necesitados. Ellos quieren entregarnos. Ellos quieren ayudar. Pero también quieren ser apreciados por eso.

Todos nos frustramos. Hay tantas cosas que queremos que se hagan. Y queremos que hayan sido hechas ayer. Pero ninguna de ellas vale tanto como para dañar nuestra relación. Todas estas tareas caseras son incomparables a nuestro matrimonio.

Aprender formas más pacientes, más suaves y más amables de hablar y de pedir las cosas, mejorará todas nuestras relaciones. Pero más que nada, estaremos construyendo a nuestros esposos en vez de golpeándolos. Y además, ciertamente podemos tolerar esa cochera desordenada por un tiempo más…