Nuestros amigos Beth y Sam, viajaron recientemente. En el viaje de regreso, Sam agotó todo el entretenimiento que había bajado en su iPad y estaba desesperado, buscaba algo que cautivara su atención por el resto del viaje. Su rostro se hundió cuando contempló el largo y deprimente trayecto que tenía por delante.

Su esposa Beth, por otro lado, estaba mucho más preparada. Ella había utilizado hasta el último bit de capacidad de su iPad y lo había cargado con innumerables posibilidades de entretenimiento; una extraña relajación que ella anticipaba ansiosamente. Pero Beth también tenía algunas revistas y un libro de verdad guardado en su equipaje de mano. Después de un poco de debate interno, Beth le entregó su iPad a un agradecido Sam y abrió una revista.

Puede que esta acción no parezca tan espectacular (¡especialmente si no has volado recientemente y has olvidado cuán largo, incómodo y aburrido puede ser un vuelo!) pero calza perfectamente en la categoría que los investigadores llaman “amor compasivo”, “reconocer las necesidades y preocupaciones del otro y anteponerlas a las propias”.

En la vida judía, nosotros llamamos a esto dar. ¿Acaso necesitamos “expertos” para informarnos que esos pequeños y desinteresados actos entre esposos no son solamente lindos, sino que son necesarios? ¡Pues no me digas! ¿Se supone que es novedad? ¿No hemos sabido esto durante los últimos miles de años? Y ¿no nos han dicho nuestros padres y maestros reiteradamente que “las acciones hablan más fuerte que las palabras”?

Yo creo que la respuesta es que, a pesar de que sabemos que es cierto, a pesar de que todos reconocemos que el acto de dar es fundamental para construir nuestros matrimonios, expresar nuestra preocupación y profundizar nuestro amor, estamos demasiado ocupados.

Estamos cansados. Damos las relaciones por sentado. Así que incluso si nosotros “sabemos”, necesitamos un recordatorio constante. Porque ciertamente es más fácil operar en piloto automático.

El “amor compasivo” (es decir, ¡dar!) requiere meditación. Nos obliga a romper nuestros hábitos y actuar diferente. Requiere constante introspección; siempre debemos estar preguntándonos "¿Qué necesita él?" "¿Qué le gustaría a ella?"

¡Y eso es trabajo duro! La inercia es fácil. Frecuentemente operamos en piloto automático. Pero un matrimonio no puede sobrevivir de esa manera. Debemos seguir nutriendo y alimentando la relación.

No podemos volvernos complacientes o, Dios no lo quiera, indiferentes.

En un artículo leí sobre un ejemplo de “amor compasivo": un hombre que calienta el auto para su esposa en las mañanas frías. Este es el perfecto acto de entrega (quizás menospreciado en lugares cálidos).

No se requiere de dinero (¡así que cualquiera puede hacerlo!) pero sí se necesita esfuerzo. Demanda salir de nuestra zona de confort (esa casa calentita y cómoda) para realizar un acto de bondad por alguien que nos importa. Cambia la mañana para ambos, para el esposo porque su acto de desinteresada preocupación mejora su matrimonio y lo hace más querido a los ojos de su esposa y para la esposa porque ella se siente cuidada, amada y segura. Y ella probablemente responderá de la misma forma (aunque esa no puede ser la motivación).

Nosotros creamos tantos ciclos negativos en nuestras relaciones; ¿no sería lindo crear algunos positivos también? Obviamente no podemos dar sólo para recibir, pero una atmósfera de preocupación y consideración es contagiosa.

Estoy segura que todos podemos pensar en nuevas formas de dar. Estoy segura que todos podemos descubrir más oportunidades para reconocer la bondad de nuestra pareja hacia nosotros y expresar apreciación. Si realmente ponemos las necesidades de nuestra pareja antes que las nuestras, las ideas no dejarán de fluir. Puede ser tan simple como ir a su restaurante favorito (¡en vez del tuyo!) o encender la calefacción porque sabes que ella tiene frío (aunque tú no) o tan grandioso como dejar de lado tus planes de vacaciones en la playa para ir de excursión a la montaña.

El tamaño del gesto, el dinero involucrado, el tiempo y el esfuerzo, nada de esto cuenta realmente, la clave está en que las necesidades de tu pareja están primero. Ese es el mensaje que transmites. Pequeños actos, gran amor, al final, eso es lo que recibes.