¿Has estado alguna vez a dieta y has tenido a un amigo con buenas intenciones que te anima a comer un trozo de pastel de chocolate, solamente para “vivir un poco”? ¡¿O quizás has perdido una cantidad significativa de peso y tu amiga te lleva a cenar para celebrar?! “Te has portado tan bien”, dice ella, “¡prueba las papas fritas y el cheesecake!”.

¿Son estos realmente buenos amigos? Y ¿tienen realmente buenas intenciones?

Las personas a veces sabotean nuestras dietas por razones personales. Ellos realmente quieren ese pastel de chocolate y se sienten incómodas comiendo si tú no lo comes. O quieren salir a cenar y realmente darse un gusto pero no quieren sentir (o incluso imaginar) tu mirada de desaprobación. Si tú no comes postre, ¿cómo pueden comer ellos? No importa si en realidad los estás juzgando o no. El sentimiento es difícil de alejar. La influencia de los pares es poderosa, cualquiera sea nuestra edad.

Mis hijas me dicen que siempre hay una chica en el seminario leyendo el conteo de calorías de todo lo que come. Eso es presión de pares en la dirección opuesta. "No te atrevas a disfrutar eso". "Si subes de peso, lo lamentarás, serás poco atractiva". Puede ser odioso pero las detiene en seco.

Nuestros pares pueden elevarnos o arruinarnos.

Estudios han demostrado que el incentivo más poderoso para que los adolescentes y adultos jóvenes dejen de fumar es la creencia de que ninguno de sus pares piensa que fumar es genial. Y viceversa. Nunca somos inmunes a la conducta y los valores de nuestros amigos y colegas, sin importar la edad que tengamos. Así que debemos escoger cuidadosamente.

Excepto en circunstancias extremas, las situaciones anteriores realmente no hacen una diferencia. Nuestras vidas no cambiarán significativamente por ese trozo de pastel de chocolate (¡a menos que sea realmente delicioso!). Pero nuestras respuestas a nuestros pares, la forma en que nos permitimos ser sometidos a su influencia (voluntaria o involuntariamente, consciente o inconscientemente) no está limitada a nuestro consumo de calorías.

¿Qué pasa si queremos crecer y cambiar? ¿Qué pasa si pensamos que cierto tipo de entretenimiento es inapropiado para nuestra familia? ¿Qué pasa si pensamos que nuestras hijas deberían vestirse más modestamente de lo que actualmente está de moda (un amigo se refirió recientemente al atuendo de fiesta de su hija de 14 años como "prostituta adolescente")? ¿Qué pasa si queremos ser más cuidadosos de no chismear, más sensibles ante los sentimientos de otros? ¿Cómo nos afectarán entonces los puntos de vista y las conductas de nuestros pares?

“Vamos, solamente un chisme pequeñito”, engatusan ellos. “Sabemos que conoces la historia interna”. “Yo sé que ese atuendo no se ajusta a tu presupuesto ¡pero sólo se vive una vez!”. “Todos dicen que esta película es fantástica, ¿cómo puedes no verla?”. “No es inapropiado, es arte”.

Estas son situaciones de todos los días y desafíos de todos los días. Nuestros pares pueden elevarnos o arruinarnos. Ellos pueden alentarnos a estudiar cada día o a chismear sobre nuestras amigas. Y no solamente sus palabras son las que nos afectan; sus acciones también lo hacen. Incluso si ellos en realidad no nos instan a comportarnos de cierta forma, nos afecta su conducta. Si estamos con un grupo de personas hablando negativamente sobre otros, eso afecta nuestro sentido de qué es correcto y qué es incorrecto. El hecho de participar se transforma en algo tentador y aceptable e incluso apropiado. Si todas nuestras amigas se visten de cierta forma, nosotras no queremos estar “fuera de onda”. Puede que ni siquiera nos demos cuenta cómo somos afectadas por su sentido de moda. Y sus metas y valores en niveles más profundos también nos afectan – lo que hacen, de lo que hablan, dónde van de vacaciones, cómo dejan que sus hijos hablen y se comporten.

Tendemos a pensar que los pares son poderosos solamente en la adolescencia (puede que lleguen a la cumbre ahí) pero ellos nos afectan toda la vida. Los amigos verdaderos apoyan nuestras elecciones – ya sea ejercitar autocontrol y no pedir postre, ya sea vestirse de una forma más digna (y menos a la moda), ya sea desviar la conversación de las personas hacia temas más significativos o ya sea trabajar en nuestro carácter y crecimiento en vez de enfocarnos en nuestro ocio y relajación.

Cuando nuestros hijos son adolescentes, ellos no siempre escogen bien a sus amigos. Y, en ese momento de sus vidas, ellos no son susceptibles a nuestras sugerencias constructivas sobre escoger mejores camaradas. Pero nosotros somos adultos y debemos saber mejor. Estamos en una posición de escoger amigos y debemos escoger bien. A mí personalmente me gusta la combinación de enfocarnos en nuestro crecimiento y a la vez disfrutar de ese pastel de chocolate…