Está bien, es un poco extraño. Construimos una cabaña en nuestros patios y comemos y dormimos en ella por 7 días. Sin embargo utilizamos nuestra vajilla más elegante y cocinamos todas las delicias posibles con modernos aparatos en nuestras cocinas bien equipadas. Esto no es exactamente un ejemplo de la vida del pueblo judío en el desierto.

En realidad no estamos en una situación adversa. Si llueve, vamos a dormir adentro. Si nos duele la espalda, nos vamos para adentro. Si hace demasiado frío, sacamos los calefactores portátiles. ¿Demasiado calor? Ventiladores. Yo incluso he visto aires acondicionados. ¡Y una vez tuve un vecino que puso su televisor en la Sucá!

¿Acaso todo esto no arruina el propósito? Supongo que eso depende de cual es el propósito. Sucot no es la versión judía de los Niños exploradores. No debe ser una experiencia en la naturaleza o una prueba de resistencia.

Sucot debe enseñarnos una importante lección sobre nuestra relación con Dios, específicamente sobre nuestra dependencia. Para la nación judía, que recibió la Torá en el Monte Sinai y luego continuo vagando en el desierto por 40 años, esa dependencia era obvia. La nube de Dios los guiaba en el camino. Comida milagrosa caía del Cielo. Ellos vivían en cabañas, sin embargo, Dios los protegía de todos los peligros. No existe la posibilidad de recrear esa experiencia. Ni deberíamos.

Nosotros tenemos un desafío diferente. Debemos aprender la lección de dependencia dentro de las limitaciones del mundo en el que vivimos, el mundo en donde el rostro de Dios está oculto, un mundo de relativa abundancia con capas opacas que bloquean la realidad espiritual.

Debemos utilizar las herramientas que tenemos a mano. Así que nos mudamos a nuestras "cabañas" para recordar esa dependencia, para intentar recrear algo de esa intimidad.

Utilizamos nuestra vajilla más elegante y cocinamos comidas elegantes porque es una festividad de alegría, y porque necesitamos descubrir nuestra dependencia mientras vivimos en el mundo de la vajilla de porcelana y las cocinas bien equipadas.

Ese es nuestro desafío. Esa es nuestra oportunidad. Como dije anteriormente, no estamos en una situación adversa. Eso podría en realidad distraernos de nuestra meta. Estamos disfrutando de nuestra experiencia de la presencia de Dios en nuestro mundo de acuerdo a nuestras propias circunstancias. En nuestros patios, con nuestras uvas de plástico y luces (probablemente navideñas).

Dios está disponible en cualquier momento y en cualquier lugar para aquellos que lo buscan. Tenemos que encontrarlo aquí y ahora. No podemos regresar a esa vida en el desierto. No podemos regresar a esas improvisadas viviendas, al maná del cielo, al pozo de Miriam. Pero aún podemos reconocer la bondad de Dios, no solamente con nuestros ancestros sino también con nosotros hoy en día, en nuestras vidas y circunstancias únicas. Podemos reconocer que nuestra dependencia y gratitud no son menos significativas incluso si son menos obvias. De hecho, reconocer esto en un mundo en el cual el rostro de Dios está oculto y con los valores de la sociedad actual, puede ser incluso un logro aún más grandioso.