En tiempos oscuros, podemos recurrir al humor negro para ser capaces de sobrevivir. De aquí la broma que mi esposo me contó el otro día: “Un hombre fue diagnosticado con COVID-19 y fue puesto en cuarentena. 14 días después, murió. Su esposa lo estranguló”.

Aunque no me pareció muy gracioso en su momento, igual creo que algo de verdad se esconde en el humor.

Repentinamente, ya sea por los confinamientos o por la obligación de algunos de estar en cuarentena, los miembros de una familia pueden quedar encerrados y tener que vivir amontonados, uno encima del otro, constantemente, sin parar, 24/7. Esto puede crear situaciones incómodas, por decir lo menos. Puede llevar a discusiones sin razón entre esposo y esposa, o entre padre e hijo o entre hermanos. Puede llevar a quejas infundadas, frustraciones y ataques verbales. Y lo más probable es que todo esto sea debido al aburrimiento, la frustración y la falta de rutina más que a problemas reales.

Niños en edad universitaria repentinamente tienen que quedarse en casa, las parejas que trabajan ahora están repentinamente en casa, tratando desesperadamente de trabajar a larga distancia en el mejor de los casos, o a veces sin trabajo en el peor, los niños pequeños están en casa sin escuela, es una situación propicia para que surjan muchos problemas.

Sería más sorprendente si el estrés no llevara a problemas que si lo hace. Pero dado que sabemos que esto es verdad, tenemos que evitar que nos gane. Esto comienza reconociendo que nadie más en la casa o en la habitación, es responsable por tu situación. No es culpa de otros que tú estés varado en casa, que tu educación se haya detenido a la mitad, que tu semestre en el extranjero se canceló, que tus horas de trabajo se hayan acortado, que tu situación financiera sea precaria, ¡así que no te desquites con otros!

También puede ser que los otros miembros de tu familia tengan estrategias para lidiar con la situación diferentes a las tuyas. A un miembro de la familia puede ayudarle organizar todo su mueble mientras que otro necesita recostarse todo el día y ver televisión. Aunque a mí personalmente me gusta más una estrategia que la otra, la verdadera clave aquí es nuevamente reconocer la necesidad del otro. Su forma de lidiar con este desafío NO es la misma que la tuya. Además, es importante no juzgar. Tu forma de lidiar con la situación no es automáticamente la mejor forma. Es simplemente tu forma. Y la de ellos es simplemente la de ellos. ¿Es mejor aprender a bordar o a tejer? ¿A tocar piano o guitarra? ¿Aprender a cocinar o repostería? Estas son preguntas irrelevantes y destacan la importancia de no asumir que nuestra forma personal de lidiar con la situación es la superior.

La única estrategia de éxito universal es por supuesto estudiar Torá. Perdón, tenía que decirlo; ¡Soy una rebetzin después de todo!

Y una vez que tomamos conciencia de los posibles obstáculos de todo este tiempo juntos, queremos hacer más que solamente evitarlos. Queremos descubrir una forma de aprovechar esta oportunidad, de profundizar nuestras relaciones, de crecer juntos. ¿No es una de nuestras quejas más frecuentes que no pasamos suficiente tiempo con las personas que queremos? Ahora se nos ha entregado en “bandeja de plata”, ¿y lo único que hacemos es quejarnos por eso?

Esta es nuestra oportunidad de pasar tiempo de calidad con nuestra pareja, con nuestros hijos, nuestros padres, nuestros hermanos. Saquemos el mayor provecho de esto. Juguemos juntos, compartamos comidas, estudiemos juntos.

Y recemos para ser capaces de aprender todas las lecciones importantes que debemos aprender lo más rápido posible y que Dios nos levante de una vez por todas nuestra cuarentena.