Un grupo de mis amigas se fueron a Florida. Se quedaron en el departamento de la mamá de una de ellas. Había lugar sólo para seis personas, así que ella tuvo que ser muy selectiva con sus invitaciones. Puedo entenderlo. No me sentí insultada al no ser invitada; ellas no son mis amigas más cercanas. De hecho, dado que no hablo con ellas a diario (ni siquiera cada semana) no me enteré que se habían ido. Hasta que vi los post en Facebook…

Ahí estaban, abrazadas, sonriendo y riéndose. Estaban en la playa, en un bar, en un concierto, en un restaurante, en la piscina… Yo podía participar de forma indirecta prácticamente de cada momento de su experiencia. Y empecé a sentirme herida.

¿Por qué no me incluyeron? ¿Cómo escogió su lista de invitadas? ¿Por qué esa mujer pasó la selección y yo no? Intenté calmarme a mí misma. Me recordé las enseñanzas judías sobre no tener envidia, sobre ser feliz con lo que tienes y alegrarse del placer de otras personas. ¡Conozco todos los argumentos! Pero no pude liberarme de la negatividad.

Me culpé a mí misma (¡por supuesto!) pero también las culpé a ellas. No tenían que restregarlo en mi cara. No tenían que llenar Facebook con una crónica de sus actividades. Si lo hubieran guardado para ellas, no me habría enterado. O si hubieran publicado quizás una o dos fotos, no me hubiese sentido tan herida, tan dejada de lado.

Sí, reconozco que tengo que trabajar en mi misma por mi reacción. Reconozco que la vida es complicada y no todos pueden estar siempre invitados a cada situación social. Incluso reconozco que es posible que yo misma a veces haga esas elecciones potencialmente dolorosas. Pero creo que publicar todo en Facebook aumenta el dolor de aquellos que fueron excluidos.

¿Y con qué objetivo? ¿Se gana algo al publicar esas fotos soleadas y arenosas que tienen un efecto tan negativo, como para que justifiquen el dolor que provocan? No se me ocurre ninguna ganancia. Si quieres compartir tus fotos con la familia o con amigos cercanos (que tampoco fueron invitados, así que para qué lo harías… ¡pero eso es una pregunta aparte!) siempre está el tradicional y anticuado (¡cómo han cambiado los tiempos!) correo electrónico. O puedes crear pequeños grupos en WhatsApp…

También existe la posibilidad de no documentar cada experiencia y solamente disfrutar el momento, pero sé que eso es demasiado difícil de imaginar. Sin embargo, todos podríamos practicar un poco de autocontrol. No es necesario compartir cada experiencia por internet. No cada foto de las vacaciones o de la celebración familiar tiene que ser vista por todas las personas que conocemos. Un poco menos de exposición, un poco más de autocontrol… Incluso si nos arriesgamos a herir los sentimientos de una persona sin necesidad, no me parece que valga la pena hacerlo.

Estoy honestamente contenta de que mis amigas pudieran irse por unos días. Sé que algunas de ellas necesitaban con desesperación un descanso. Y en mis momentos más tranquilos y cuerdos, incluso me alegro de que lo disfrutaran. Pero creo que hubiera estado más feliz de no saber tanto, o al menos recibir una presentación más personal y privada del viaje… Y no creo hablar solamente por mí.