Wendy Paris sugirió en un artículo del New York Times que la boda de su amiga fue el catalizador para su propio divorcio. No por envidia – al menos no en la forma superficial de flores, vestidos, orquesta y comida. Pero ella estaba, quizás, contrastando las dos relaciones de una forma más profunda – y la de ella salió deficiente.

“Yo estaba comparando la brecha que existe entre lo que mi esposo y yo queremos del matrimonio y la compatibilidad de las expectativas de mi amiga. Porque tener una visión compartida del matrimonio sí importa”.

Desafortunadamente tomó unos cuantos años de matrimonio y un hijo para que la autora llegase a esta claridad. Y ahora todos los involucrados tienen que pagar un precio.

¿Por qué no se discute antes lo que ellos esperan del matrimonio? ¿Especialmente entre jóvenes inteligentes, bien educados, ambiciosos, quienes esperan a la persona adecuada y no se apresuran para casarse?

Claramente, ellos también están siendo comandados por sus emociones y no sus cabezas. Claramente, ellos tampoco se han preguntado las preguntas realmente importantes.

En la vida judía, las metas compartidas no solamente importan – son la esencia del matrimonio. Como mi esposo escribió en su libro, "The Death of Cupid" (La Muerte de Cupido), el matrimonio es el compromiso que dos personas hacen de perseguir sus metas de vida juntos.

En esa corta frase, hay dos cualidades desgraciadamente ausentes en muchos matrimonios hoy en día – compromiso y metas compartidas.

Hay una gran diferencia entre metas y pasatiempos o intereses. Si tu esposo disfruta el golf y tú piensas que es el deporte más aburrido del planeta, la relación no debería verse afectada. El golf es un interés complementario (o al menos debería serlo). Si a ti te gusta la música clásica y él es un fanático del jazz, aún pueden tener una unión maravillosa. Ambos pueden expandir sus horizontes musicales – ¡o ir a conciertos con otros amigos! Sus metas se mantienen intactas. Los ejemplos son infinitos, los intereses son amplios y variados. Y a veces simplemente no podemos emocionarnos sobre cada tema que le interesa a nuestra pareja (mi esposo tiene un diccionario sobre el origen de palabras al lado de su cama y por más que yo intente…), pero esto no debería afectar la esencia del compromiso.

No nos referimos a ninguna de estas cosas cuando hablamos de metas compartidas, o una visión unificada. Metas compartidas son las cosas que esperamos crear juntos, el tipo de hogar que queremos construir. ¿El enfoque será más en lo material o en lo espiritual? Si será en lo espiritual, ¿Cómo queremos crecer religiosamente? ¿Qué tipo de educación queremos que tengan nuestros hijos? ¿Con qué fin? ¿En qué tipo de comunidad queremos educarlos? ¿Por qué?

Estos son solamente algunos de los amplios temas en la lista cuando hablamos de metas de vida – y compartir el camino con otro.

Podemos – y debemos – ser más específicos. E incluso aunque todos (es de esperar) creceremos y evolucionaremos, aunque nuestras respuestas puedan cambiar con el tiempo, debemos asumir que “lo que ves es lo que hay”; debemos decidir si queremos vivir con las respuestas de hoy en día. Debemos evaluar si las respuestas de nuestra pareja están en sincronía con las nuestras. Si las respuestas que recibes ahora no son compatibles con tu visión, es poco probable que alguna vez lo sean.

Es increíble como muchas personas ni siquiera discuten si quieren tener hijos o no. Nada puede asumirse o darse por sentado. Tengo un amigo que se sorprendió al descubrir, después de casarse, que su esposa no quería tener hijos. Todas las preguntas deben estar sobre la mesa. ¿Quieres tener hijos? ¿Cuántos? (Sí, es verdad que está fuera de nuestro control, pero al menos quieres saber qué es lo que quiere tu pareja). ¿Planeas quedarte en casa para educarlos? ¿Trabajar medio tiempo? ¿Tiempo completo? ¿Esperas que tu pareja se quede en casa para educarlos?

¿Quieres vivir en Israel? ¿Quieres moverte mucho, viajar y buscar aventura? ¿O quieres quedarte en un solo lugar, mantener tu foco en la estabilidad y la rutina? ¿Quieres vivir cerca de tus padres? ¿Te gustaría tener una casa grande? ¿Puedes ser feliz sin una? ¿Quieres que los niños compartan habitaciones? ¿Cómo te vez a ti mismo/a en 10 años más? ¿En 20? ¿Cuáles son tus metas de vida y sueños personales? ¿Cuál es tu plan para alcanzarlas? ¿En donde entro yo en este plan? - ¿Entro?

Y, por supuesto, el viejo factor decisivo: ¿Qué te gustaría que dijera en tu lápida? Y ¿estás preparado para vivir de una forma que refleje eso?

El matrimonio es algo serio. Y requiere trabajo duro. Hay algo importante que lograr que hace que valga la pena, algo que trasciende el matrimonio y la pareja. Pero necesitas saber qué es eso. Y ambos tienen que estar de acuerdo en ello.