Quise comprar un escurridor de platos, un objeto aparentemente mundano que solía ser el imperio de la marca Rubbermaid. Antes podías comprar uno negro, beige o blanco. No estaba preparada para la amplia gama de opciones que hay ahora. ¿Quería uno de acero inoxidable? ¿Con punto de drenaje? ¿Quizás prefería uno de madera o bambú? ¿Uno con dos niveles? ¡Ni hablemos de las opciones de colores!

Pensé que me iba a llevar tres minutos en línea, pero me vi sumergida en un complicado proceso de toma de decisiones. Con tantas posibilidades, ¿cómo se puede elegir? Recurrí a las reseñas de los clientes. Una lectura cuidadosa reveló que el acero inoxidable se oxida demasiado rápido, el punto de drenaje no está bien adherido, el escurridor no dura. Me sentí agradecida con todos los clientes que compraron antes y se tomaron el tiempo de enviar sus opiniones.

Pero también me hizo pensar que, citando a Le Fou en La Bella y La Bestia: “es un pasatiempo peligroso”. Aunque me beneficié de las críticas de clientes anteriores, me pregunto cómo afectan ellas a nuestro carácter. No es una buena idea convertirse en alguien que pasa su tiempo publicando reseñas negativas.

No es un buen hábito buscar constantemente lo que está mal, ser demasiado exigente sobre el punto exacto de cocción de tu carne o sobre la creatividad del postre. Al leer algunas críticas de restaurantes, sentí que hay personas que se regocijan con sus palabras hostiles. Quizás aprendieron eso de los programas de cocinan que vieron, pero la fuente es irrelevante. La realidad es que nadie quiere abrir sus emails o su perfil de Facebook y ser atacado por una descarga de negatividad. Incluso si es sobre un comercio y no sobre una cualidad personal, es doloroso. Y potencialmente dañino.

No sólo para el dueño de la tienda o del restaurante cuyo negocio probablemente sufrirá, sino para quien escribe el comentario, cuyo carácter definitivamente se verá dañado. La Torá sugiere que si podemos evitarlo, debemos tratar de no dar malas noticias. No queremos ser quien causa dolor a los demás, ya sea intencionalmente o sin darnos cuenta. Cuánto más debemos cuidarnos en estas situaciones donde la motivación rara vez es ayudar a otros, sino que por lo general sólo deseamos descargarnos (vamos, seamos honestos), pero justificarlo como una forma de ayudar a la comunidad.

No soy ingenua. Comprendo que estas reseñas están aquí para quedarse. También estoy segura de que en algunos casos son un catalizador para que la compañía se esfuerce más para mejorar su producto o su servicio. Pero vale la pena pensarlo dos veces antes de ser siempre de los que advierten a los demás, antes de racionalizar un comportamiento que puede ser un reflejo de malas cualidades personales y que sin ninguna duda puede llevarnos a adquirirlas. 

No queremos desperdiciar nuestro dinero, pero tampoco no queremos buscar siempre los defectos. Queremos acostumbrarnos a enfocarnos en lo positivo, incluso con nuestros bienes materiales, y a tener una buena actitud. Si bien podemos sentir que si evitamos hacer comentarios negativos y publicamos sólo opiniones positivas, preservamos nuestro nuevo carácter, yo abogo por mantenernos completamente fuera del pantano. Sin importar nuestras intenciones, es demasiado fácil enredarse en la negatividad y las críticas.