¿Sabías que el queso de una oveja popular en la isla italiana de Sardinia está lleno de larvas vivas de insectos? De acuerdo al periódico Wall Street Journal, "las larvas de la mosca del queso son agregadas al queso y el ácido de su sistema digestivo desglosa las grasas del queso… Para el momento en que está listo para su consumo, un casu marzu típico contiene miles de larvas".

¿Ya te dieron nauseas?

Pueden acusarme de no ser políticamente correcta, o de no apreciar la diversidad cultural, pero no puedo creer que alguien encuentre eso atractivo (dejando de lado los temas de cashrut).

Así mismo, soy escéptica de las afirmaciones de algunos invitados que tuvimos quienes recién habían regresado de pasear por el sudeste de Asia. Alucinando sobre sus cenas, ellos afirmaron que serpiente fue lo mejor que habían comido jamás.

¿Lo mejor o lo más provocativo? ¿Lo más probable que dé paso a una conversación (contigo en el centro)?

Recuerdo haber leído el libro de Anthony Bourdain, "A Cook's Tour" (El Tour de un Cocinero), en el cual él describe sus experiencias de probar alimentos alrededor del mundo. Él puede haber intentado estar abierto a las posibilidades y preservar un tono sin prejuicios, pero pienso que ese trago de vodka que siempre tomaba antes de una oferta particularmente asquerosa sugería lo contrario.

¿Qué es este impulso de comer más y más alimentos inusuales a pesar de (seamos honestos aquí) su verdadera falta de atractivo y a pesar de cuán poco apetitosos son en realidad?

Aún soy perseguida por la descripción de Bourdain de un restaurante en China que tiene un zoológico en la parte trasera en donde vas a escoger tu cena. O el libro que me regaló una vez mi esposo, "Cooking with Bugs" (Cocinando con Insectos). (No se preocupen; mi casa todavía es casher. ¡Ninguno de nosotros consideró los espaguetis con gusanos remotamente tentadores!).

Creo que el hecho de que nos atraigan estas experiencias bizarras es un desafortunado testimonio del aburrimiento y la descontrolada falta de sentido que hay en nuestro mundo. Es una esperanza de que esta cena, esta exquisitez, esta "cosa" inusual sea vívida y suficientemente excitante como para levantarnos de nuestra monótona existencia diaria.

Es un aspecto de la misma necesidad que nos empuja a montañas rusas más altas o a ver películas más aterradoras.

En la ausencia de algo más sustancial, nos hace sentir vivos (¡si no nos mata!). Pero pienso que esto es, desafortunadamente, solamente cuando no estamos derivando ese placer y excitación de las experiencias diarias que nos ofrece la vida.

Cuando mi esposo fue recientemente a esquiar, él sintió que no fue suficientemente desafiante y excitante. No es que él está buscando el nuevo deporte extremo. En vez él sintió que las subidas y bajadas en las cuestas ¡tenían poca comparación a las alegrías y terrores de la vida real de educar adolescentes!

Si realmente nos volcamos a nuestro trabajo, nuestros matrimonios, nuestros hijos, las contribuciones a nuestra comunidad, nuestra relación con Dios y la Torá, no parece quedar mucho tiempo disponible para viajes exóticos y alimentos extraños. O mucha necesidad.

El supremo comentarista de la Torá, Rashi, nos dice que no tenemos que considerar la comida no casher asquerosa, sino que en realidad tenemos permitido decir, "Se ve delicioso pero Dios me prohibió comerlo".

Sin embargo no siento la necesidad de confiar en la concesión de Rashi aquí. Puedo afirmar tranquilamente que no tengo ningún interés en la serpiente, el "queso con gusanos", el tiburón fermentado (una exquisitez islándica) o las paletas con sabor a grillo. Y me sorprendería si, después de un poco de introspección, alguien más lo tuviera.