El 31 de diciembre, hacemos resoluciones de Año Nuevo. Muchas de estas metas están relacionadas con dietas y ejercicios, particularmente después de la gratificación extra de la temporada de fiestas. Muy pocas se relacionan con cambios de carácter. Incluso menos se enfocan en metas espirituales. Y, desafortunadamente, incluso menos aún se mantienen en el tiempo. Finalmente, nos encontramos enfrentando el siguiente 31 de diciembre a punto de hacer las mismas o muy similares resoluciones (¡aunque para algunos de nosotros la resolución de hacer dieta es una ocurrencia diaria más que anual!).

Rosh HaShaná es diferente. En primer lugar, las metas son espirituales más que físicas. Queremos crecer como seres humanos. Queremos mejorar nuestro carácter. Queremos profundizar nuestra relación con Dios. Queremos lograr un cambio duradero. Y queremos que penetre más allá del nivel físico superficial.

Pero eso no es todo. Rosh HaShaná —la celebración judía del año nuevo— no es sobre resoluciones; es sobre compromisos. No es sobre buenas ideas; es sobre cambio real. ¿Cómo nos aseguramos de no enfrentar el siguiente Rosh HaShaná de la misma forma que enfrentamos cada fin de año secular? Haciendo compromisos, diciendo que esta nueva decisión, esta nueva acción es ahora inviolable.

Escoge una o dos cosas para trabajar, y sé realista.

Esto no es tan fácil de lograr. Tenemos que escoger nuestros compromisos muy cuidadosamente. Tienen que ser suficientemente pequeños y suficientemente razonables como para que haya una alta probabilidad de éxito. Debiéramos escoger una o dos cosas en las que trabajar. Y debemos ser realistas. Algunas de nosotras no podemos comprometernos con “nunca más gritarles a nuestros esposos”. Pero podemos decidir que cada día, entre las 7 y las 8 p.m., mantendremos controlado nuestro carácter, incluso si requiere mordernos la lengua, salir a dar una vuelta a la esquina o asistir a terapia primaria de gritos en una habitación a prueba de ruidos.

Algunos de nosotros no podemos comprometernos a nunca más decir chismes. Sabemos que la tentación de demasiado grande. Pero podemos hacer un compromiso de no decir chismes cada día entre las 11 a.m. y las 12 p.m. (podemos incluso comprometernos a no contestar el teléfono / emails / mensajes de texto durante ese tiempo si fuese necesario).

Puede ser que no estemos preparados para cumplir todo Shabat pero podríamos escoger encender velas de Shabat cada semana. Y puede que no estemos preparados para sumergirnos en un currículo de estudios judaicos pero podríamos comprometernos a cinco minutos al día, cada día. Las posibilidades son, literalmente, infinitas.

Para asegurar que seamos capaces de apegarnos a estos compromisos, de acuerdo a la tradición judía es crucial incorporar una evaluación diaria de desempeño, un jeshbón hanefesh (recuento espiritual). Rosh HaShaná es la evaluación de Dios. Ningún empleado puede esperar recibir una buena evaluación (¡y un aumento!) si tan sólo inserta un par de proyectos el día antes de la evaluación. Una evaluación exitosa requiere esfuerzo diario. Demanda enfoque y determinación. Así también el cambio espiritual. Necesitamos cinco minutos al día para evaluarnos. ¿Cómo lo estoy haciendo? ¿Me acordé de mi compromiso? ¿Lo cumplí? Si no, ¿qué se entrometió en mi camino y cómo puedo asegurarme de que mañana será diferente?

El Rav Jonathan Sacks —el extrovertido ex Gran Rabino de Inglaterra— dijo algo maravilloso, “Yo sé que hay un Dios”, dijo él. “La buena noticia es que Él cree en nosotros, lo cual es mucho más importante a que nosotros creamos en Él”.

Tenemos el potencial para cambiar. Tenemos la habilidad. Tenemos el poder. Tenemos el apoyo del Creador del mundo. Solamente debemos reconocerlo, creerlo y actuar.