No soy una de esas personas que siempre ven en los eventos del mundo una proclamación de la llegada del Mashíaj (Mesías). Me adhiero al principio talmúdico que enseña que si plantas un árbol y escuchas que el Mashíaj ha llegado, tienes que seguir plantándolo. Cuando él me necesite, me lo hará saber. Si tengo que hacer algo, estoy segura que me lo informarán.

Sin embargo, en mi vida hubo dos eventos que pensé que posiblemente anticipaban la era mesiánica.

Uno ocurrió hace como 30 años cuando un joven soltero me pidió ayuda para kasherizar su cocina. Aunque su principal interés era encontrar una línea de pizza congelada kósher, de todas maneras yo sentí que eso sugería que venía una nueva era. Si un joven soltero con una vida libre de responsabilidades quería hacer su cocina kósher… ¡sin dudas el Mashíaj estaba cerca!

La segunda vez fue hace poco, cuando mi nieta de cinco años recibió su sidur, el anticipado evento al final del año escolar cuando las niñas reciben su propio 'libro de rezos'.

Hay una tradición que dice que “los niños pequeños” traerán al Mashíaj. Ese día, lo creí con todo mi corazón.

A pesar de lo mucho que adoro a mi nieta (y a todas mis nietas, en caso de que alguno de mis otros hijos lea esto), no puedo decir que esperaba con ansias el evento. Era un día complicado y una semana muy ocupada. Tenía que dar tres clases nuevas (una de ellas justo después de la fiesta), las cuales requerían mucho esfuerzo, preparación, práctica y revisión. ¿Quién tiene tiempo de viajar, estacionar, caminar hasta la escuela, esperar que empiece la fiesta (esos eventos siempre se atrasan), etc.? Pero sentía una responsabilidad, tanto para con mi hija como con mi nieta, así que me esforcé para ir.

Las lágrimas no pararon de correr por mi rostro. No sólo fue adorable sino también muy conmovedor. Porque las niñas son tan inocentes. Porque su creencia es tan pura y verdadera.

Mi propia fe no es así. Es más compleja, influenciada y moldeada a por los desafíos de la vida. La fe de ellas es simple y directa.

Hace poco leí una cita de Daniel Patrick Moynihan después de la muerte de Kennedy. Él dijo: “Volveremos a reír. Sólo que nunca seremos jóvenes otra vez”. Sus palabras me llegaron al corazón. Ellas ejemplifican cómo me siento, mi propia perspectiva formada por todas mis experiencias y luchas.

Pero esas niñas a punto de pasar a primer grado todavía tienen que enfrentar las “oportunidades de crecimiento” de la vida. Su mundo sigue siendo sólo promesas y esperanzas. Me imagino que es por eso que ellas pueden ser quienes tengan el mérito de traer al Mashíaj.

Mientras escuchaba sus dulces voces y las miraba sonreír con sinceridad al cantar sobre sus deseos de rezar como sus mamás y conectarse con Dios, pensé que si Él estaba escuchando (y sin duda lo estaba), entonces esta vez tengo razón y el Mashíaj ciertamente debe estar en camino.