La gran Erma Bombeck tenía un maravilloso libro titulado “All I Know About Animal Behavior I Learned in Loehmann’s Dressing Room” (todo lo que aprendí sobre conducta animal lo aprendí en el vestidor de la tienda Loehmann’s). Como no he pasado mucho tiempo en el vestidor de Loehmann’s, no puedo atestiguar sobre la veracidad de su afirmación. Pero dado que sí he pasado muchas horas en supermercados preparándome para Pesaj, durante Pesaj y reabasteciéndome después de Pesaj, me siento confiada en afirmar que lo que sea que la señora Bombeck descubrió sobre la naturaleza humana en ese abarrotado vestidor, puede también descubrirse en el supermercado.

El supermercado es el lugar donde se exhibe lo mejor y, más frecuentemente, lo peor de la conducta humana. Primero, hay compradores que simplemente empujan para llegar al frente, utilizando sus codos donde sea necesario. Para ellos las compras del supermercado parecieran ser un ‘deporte de contacto’ y el curso de acción más inteligente para el resto de nosotros es alejarnos de su camino. Yo les doy en el gusto (ciertamente no vale la pena la pelea) pero a veces me siento furiosa internamente.

Luego están los compradores que realmente no quieren esperar en la fila (¿no es todo el mundo así?) así que ponen sus compras en la cinta transportadora para marcar su espacio mientras siguen comprando (“sólo una cosa más”) y luego se indignan si tienes el descaro de pasar antes que ellos. Yo no les doy en el gusto a estos clientes tan fácilmente, aunque sigo evitando una pelea y mi ira interna continúa aumentando.

Están también los compradores conversadores. Ciertamente es importante ser respetuoso y es agradable tratar al cajero más como un amigo que como un sirviente; reconocerlos como una verdadera persona. Pero cuando hay una línea de personas esperando detrás de ti, es apropiado mantener esta conversación amistosa al mínimo. De otra forma es injusto para la multitud que espera (y se frustra cada vez más).

También están los compradores que llegan a la caja sin estar preparados. Su orden es un desastre y pasan los siguientes cinco minutos buscando en sus billeteras la forma de pagar. Yo pensaría que al menos podrían haber utilizado un poco del tiempo que gastaron esperando en línea, ¡para encontrar su tarjeta de crédito!

Podría seguir. Y creo que todas las conductas en exhibición en el supermercado son de hecho reflejo de ciertas personalidades y actitudes. Pero este no es un análisis de modificación de conducta. Ya que, finalmente, lo único que importa es cómo reaccionamos nosotros. Y, como pueden ver en los ejemplos anteriores, yo no siempre respondo con gracia y buen humor. Aunque rara vez le permito a mi ira interna explotar hacia fuera, ésta sigue estando ahí. Tengo mi propia “conducta animal” con la que debo lidiar.

Así que trabajo en mi paciencia. Trabajo en ser cordial. Trabajo en ser comprensiva. Trabajo en ser amigable. Trabajo en ser empática (¿Quién sabe qué tipo de estrés produjo esta conducta no deseada?) y trabajo en aprovechar esta oportunidad para crecer. Y de vez en cuando, trabajo en ser asertiva. “Perdón, pero creo que yo estaba antes que tú en la fila”. “Realmente lo siento, pero no puedes reservar tu lugar en la fila y seguir comprando”. “¿Te importaría marcar mis cosas mientras hablas?”. “Si pudieras sacar tu codo de mi cara, ¡te lo agradecería mucho!”.

Yo paso muchas de mis horas activas en supermercados de varios barrios. Quiero que sea una experiencia positiva. Quiero que estimule mi carácter, no que lo destruya. (Y quiero comprar fruta realmente madura). Así que convierto mis compras en un estudio sociológico. Es interesante, no frustrante. Quizás algún día hasta escriba un libro al respecto...