En el libro de Letty Cottin Pogrebin, How to be a Friend to a Friend Who's Sick, ella dice algo muy sabio e importante. Y lo dice de manera muy directa. Es algo que puede ser extrapolado realmente a muchos de los desafíos de la vida.

Bajo el título, “Diez mandamientos para conversar con un amigo enfermo”, ella aconseja:

No los presiones a "seguir luchando" o a tener "pensamientos positivos". Es cruel implicar que los pensamientos negativos —esto es, sentirse desanimado, no luchar lo suficiente, no tener la "actitud correcta"— causaron su enfermedad en primer lugar o agravaron su situación. Si tu amigo empeora, la última cosa que necesita es culparse a sí mismo… No digas, "¡Vas a lograrlo!" cuando sabes que probablemente no lo harán. El pensamiento positivo no puede curar la enfermedad de Huntington, la esclerosis, o el cáncer de cerebro inoperable. Decirle a un paciente terminal que "¡Siga luchando!" no es simplemente fútil; es malvado. No hagas que un paciente terminal se sienta culpable por haber perdido la batalla. No transformes la muerte en un fracaso personal.

Como dice la autora tan poderosamente, es cruel sugerir que el enfermo tiene la culpa por su dolor o tiene el poder de aliviar su situación si solamente se aplicara.

Esta es una variación del nuevo tema new age de pensar positivamente cuando hay algo que quieres adquirir o lograr.

No estoy diciendo que debes ser un gruñón. Es bueno tener pensamientos positivos, ciertamente mejor que tener pensamientos negativos. Simplemente no es una garantía de nada. El mundo no funciona así. Dios no es una máquina expendedora de refrescos. Si controlar el futuro fuese tan simple, ¿no lo estaríamos haciendo todos? ¿No comprarían esos psíquicos de escaparate instalaciones más grandes con todas sus ganancias de lotería y elecciones exitosas en la bolsa de comercio?

Lo que la señorita Pogrebin está criticando es el hecho de pegarle a un hombre cuando ya está caído. Contrario a lo que uno podría pensar, en vez de ayudar al enfermo, alentarlo a tener “pensamientos positivos” sólo aumenta su sensación de impotencia. Y además, es un pensamiento infantil y mágico creer que nosotros, y nuestros pensamientos, tenemos tanto poder y control.

Las personas que están enfermas quieren —y necesitan— apoyo. Lo que no quieren (¡o necesitan!) son sugerencias de que no están haciendo lo suficiente, de que triunfarían si solamente trataran un poco más fuerte. Es una desconsideración, con ellos mismos, con sus esfuerzos y con su situación.

Tenia una amiga que estaba luchando con la infertilidad. Una conocida en común le contó la historia de otra familia que había enfrentado el mismo problema. En vez de enfocarse en ellos mismos, esta otra familia había rezado por una tercera amiga que también era estéril. Y, ¡sorpresa!, la amiga concibió. "Ves", dijo esta conocida mía. "Solamente reza por alguien más para que tenga hijos y tu problema se resolverá".

Si solamente fuera tan fácil resolver el doloroso problema de la infertilidad.

Pero, como escribe Letty Pogrebin, un consejo como este no sólo es equivocado, es hiriente. Sugiere que el problema es de alguna manera una falta de mi amiga y que si ella realmente quisiera cambiar, cambiaría; que hay una probada y verdadera panacea para todo lo que nos aflige.

Esta no es la forma en que Dios opera en el mundo. No tenemos acceso a la enorme cantidad de factores que afectan Su supervisión y Su plan. Solamente sabemos que hay muchas de ellas, que A + B no siempre es igual a C. Sabemos que los rezos no son desechados pero no conocemos su impacto exacto. Igualmente con todas nuestras acciones.

En mi opinión, al aporte más importante que hace la autora es el hecho de desprestigiar el destructivo chisme de que una actitud positiva ante una enfermedad u otro desafío garantiza el éxito.