En los últimos años se ha hablado mucho sobre “cercas” (o “muros”). No voy a referirme a ese tema (quiero conservar algunos lectores). La Torá también habla de cercas, es un tema que encontramos muchas veces en Pirkei Avot. Pero las cercas a las que se refiere la Torá no son físicas ni protegen nuestros bienes materiales (sin mencionar nuestras fronteras… ¡Ups! ¡Dije que no iba a hablar de eso!).

Si tenemos una joya valiosa, lo habitual es guardarla bajo llave o incluso en una caja fuerte. Pero tenemos joyas que son mucho más valiosas y sin embargo les prestamos menos atención. Casi no dedicamos recursos (tiempo, dinero o pensamiento) para tratar de poner una cerca alrededor de nuestros matrimonios o de otras relaciones importantes, alrededor de nuestros valores, de nuestro crecimiento espiritual y de nuestra relación con Dios.

Proteger nuestras posesiones materiales puede ser muy importante, pero es todavía más crucial proteger los bienes intangibles, espirituales, los bienes que realmente cuentan.

Esto implica pensar de otra manera. Requiere mucha planificación y estrategia. Hace que sea más difícil ser espontáneo y extravagante, pero lleva a una recompensa mayor, a un sentido más elevado de logro, a una habilidad superior de aferrarte a tu crecimiento.

Porque sabemos que si no avanzamos, estamos retrocediendo. Si no erigimos cercas, nuestros compromisos y nuestros valores terminarán deteriorándose. Las presiones son demasiado grandes.

Una amiga me contó que ella utiliza una herramienta increíble para reforzarse en este aspecto. Todas sus contraseñas reflejan actitudes importantes que ella quiere recordarse que tiene que trabajar. Una de sus contraseñas es humildad. Otra es gratitud. A medida que pasa el día y ella se ve acosada por las quejas de sus clientes y las demandas de su jefe, recuerda concentrarse en lo que realmente importa. Puede recordar lo que realmente quiere ser. Sus contraseñas son una cerca que le ayuda a evitar perderse en el caos de los desafíos cotidianos.

La Torá enseña que las cercas mantienen la vitalidad del matrimonio y nos ayudan a enfocarnos exclusivamente el uno en el otro. Fuera de nuestra pareja, nos abstenemos de tener contacto físico con miembros del sexo opuesto. A veces puede ser incómodo, pero es una herramienta efectiva contra las fuerzas que corroen a demasiados matrimonios. Incluso cuando no parece que sea posible, todos pueden levantar alguna cerca apropiada para su situación particular; ya sea algo positivo como una noche de cita o algo más protector, como una regla que impida a nuestros esposos hablar por teléfono con viejas amigas.

Cualquiera que sea la cerca, el punto es el mismo. Es ingenuo pensar que nuestros valores se mantendrán sin un poco de protección consciente.

Si queremos que nuestros hijos se enfoquen más en adquirir buenas cualidades que en tener posesiones materiales, probablemente necesitamos una cerca en contra de la codicia por las adquisiciones. Una cerca drástica es no vivir en un barrio en donde la expectativa sea tener casas grandes y autos lujosos. Si esto es demasiado, quizás puedes abstenerte de comprarles un auto cuando cumplen 18 años y dejarlos que ahorren y lo compren ellos mismos. La mitzvá de maaser, de dar para caridad el diez por ciento de nuestros ingresos, puede considerarse como una cerca para evitar que nos atrape demasiado lo material, una forma de recordar que hay otros menos afortunados, otros que tienen necesidades y por quienes debemos preocuparnos.

Podría seguir dando muchos ejemplos. Las posibilidades son infinitas, así como las áreas en las que es necesario construir cercas. El ataque a los valores judíos es implacable. Mientras mayor es el ataque, mayor es la necesidad de una cerca. La Torá nos ordena erigir algunas cercas, otras las recomiendan nuestros sabios y hay muchas que son un asunto individual. Cada uno debe determinar qué funciona para sí mismo, con qué puede vivir y qué será efectivo.

Más allá de las cercas obligatorias, realmente no importa cuáles sean tus cercas. Sólo importa tenerlas, porque algunas cosas son demasiado importantes, demasiado valiosas como para dejarlas al azar.