Por alguna razón, ya sea que caiga a principios de setiembre o en medio del mes, cada año, parece que Rosh Hashaná nos toma por sorpresa. Casi nos encuentra desprevenidos. Nos miramos anonadados y preguntamos: “¿Puedes creer que ya es Rosh Hashaná?”

No sé por qué ocurre esto. Tenemos todo el mes previo, el mes de elul, para prepararnos. Pero a pesar de eso nos sigue sorprendiendo y nos sentimos un poco aturdidos por el hecho de que Rosh Hashaná haya llegado nuevamente.

Tal vez es porque estamos inmersos en los desafíos del comienzo del año lectivo. Quizás porque para algunos, durante el coronavirus, un día se funde en el siguiente con poca demarcación entre ambos.

O quizás se debe a nuestra ambivalencia respecto a nuestro enfoque de este sagrado día, este Día del Juicio, por lo que evitamos pensar en él hasta que esa estrategia ya no es posible.

No queremos enfrentar el hecho de que pasó otro año completo. En verdad no podemos creerlo. Nos impresiona cuán rápido ha volado; el proceso de envejecimiento que parece estar tomando más velocidad con cada año que pasa, y la necesidad de dar un paso al costado y hacer un examen de conciencia.

¿Cómo fue este último año? ¿Logramos cosas? ¿Crecimos? ¿Luchamos? ¿Nos estancamos? Para la mayoría, este año fue uno de los más desafiantes de nuestras vidas. Las preguntas nos bombardean. ¿Aprovechamos al máximo el tiempo que se nos entregó? ¿Nos quejamos y nos quedamos sintiendo autocompasión, o nos reenfocamos e intentamos sacar el mayor provecho de esta nueva situación? Las respuestas son individuales, el recuento es personal.

Pero todos tenemos que mirar hacia atrás, nos guste o no, sea cómodo o no. Y todos, sin importar cuánto lo intentemos, encontraremos lugares en los que fallamos, donde no fuimos nuestra mejor versión, donde no estuvimos a la altura de nuestras aspiraciones, donde no tomamos la decisión más elevada.

Todos tenemos esos momentos; es parte de ser humanos. No tenemos que mortificarnos por ellos, pero tampoco debemos negarlos. El verdadero crecimiento tiene lugar cuando lo reconocemos y nos comprometemos a crecer.

En Rosh Hashaná, cuando nos paramos frente a Dios, podemos reconocer nuestros tropiezos – y nuestro plan para mejorar en el futuro. Eso es todo lo que les pedimos a nuestros hijos; eso es todo (!) lo que Dios nos pide. No podemos regresar atrás el tiempo y este es un pensamiento aleccionador. Pero también puede motivarnos para tomar mejores decisiones en el futuro.

Si seguimos ignorando el hecho de que Rosh Hashaná se acerca, entonces también podemos estar “demasiado ocupados” para hacer el trabajo necesario para llegar a la festividad con alegría, con emocionada anticipación de los cambios y del crecimiento que vendrá. En cambio, nos dedicamos a preparar jalot, postres elegantes y cenas elaboradas (¡culpable!) … Esto puede ser necesario y hermoso, o puede ser una forma de evitar mirar hacia adelante, una astuta estrategia para no enfrentar la tarea que tenemos por delante.

Creo que todos hemos estado allí. Es mucho más fácil hacer una preciosa jalá redonda (¿alguien probó la que tiene el plato de miel en el medio?) antes que trabajar sobre nuestro carácter y pensar en las formas en que fuimos crueles, envidiosos, resentidos, frustrados, perezosos, improductivos, quejosos… Tenemos nuestras listas.

Creo que Rosh Hashaná parece tomarnos por sorpresa porque, en cierto nivel, queremos evitar enfrentar el peso del día. Pero la ironía es que, aunque parece ser una estrategia tranquilizadora, en realidad es más motivante, efectivo e incluso emocionante, atacar nuestros problemas, reconocer la posibilidad de un verdadero cambio y entender que Dios nos ha dado esta festividad porque Él cree que podemos hacerlo.

Sin importar cuáles sean las elecciones negativas que podamos haber hecho en el año que termina, podemos dejarlas atrás y seguir adelante. Podemos comprometernos con una nueva forma de ser, una forma más proactiva de enfrentar nuestros días. Este es un regalo enorme, y en vez de ser algo para evitar, es una oportunidad que debemos enfrentar con energía y determinación.

El tiempo se acaba. Rosh Hashaná ya llega. Tomemos el volante y hagamos que el nuevo año sea un año de alegría, un año de crecimiento, un año de unidad para el pueblo judío y un año de verdadera conexión con nuestro Padre en el Cielo. Yo por cierto planeo hacerlo. Apenas saque mis jalot del horno…