Todavía me estoy recuperando de las festividades. Estuvo maravilloso, pero me siento completamente agotada. Cuando mis hijas pasan la noche en vela con sus bebés recién nacidos, siempre les digo: “Estar cansada no es una enfermedad letal”. Probablemente no les brinde consuelo, pero es cierto. No sólo eso, sino que hay cierto placer en sentirse cansada: de alguna manera valida que trabajaste duro y justifica que tengas que descansar.

El verdadero desafío de estar cansada es que bajan nuestras defensas, se debilita nuestro autocontrol y somos menos capaces de luchar contra nuestro ietzer hará, nuestra ‘inclinación al mal’.

Si tratamos de comer sano, es mucho más fácil lograrlo cuando tenemos energía, es decir al comienzo del día, y mucho más difícil cuando estamos agotadas al final del día. No es gran cosa ejercitar el autocontrol durante el desayuno. En la cena apenas me doy cuenta qué es lo que estoy comiendo. Sin siquiera mencionar esos bocadillos antes de dormir…

Si tratamos de hacer ejercicio, estamos más motivadas por la mañana y por la noche apenas podemos movernos.

Si trabajamos sobre nuestro matrimonio, es mucho más fácil sonreír y tener paciencia cuando nos despedimos de nuestro esposo por la mañana y mucho más difícil mantener el mismo buen humor cuando nos volvemos a encontrar al final del día. A la hora de dormir, cuando ya estamos totalmente agotadas, incluso una conversación cortés puede ser un desafío (mucho más una conversación profunda y significativa).

Una vez que entendemos que estar cansadas debilita nuestras defensas, podemos planificar una estrategia para contrarrestarlo.

De hecho, cualquier forma en que trabajemos sobre nuestro carácter (tratar de ser más amable y considerada, más sensible, no compartir chismes ni causar dolor con palabras) es más fácil al comienzo del día. A medida que el día progresa y nuestra energía se agota, el desafío es cada vez mayor.

El único consuelo es reconocer que esto es verdad. Eso significa que podemos hacer algo al respecto. Una vez que entendemos que estar cansadas debilita nuestras defensas, podemos planificar una estrategia para contrarrestarlo.

Si las metas y los desafíos están claros, lo único que nos falta es el plan. Por supuesto que no es tan simple, y algunos planes son más sencillos que otros. Tomemos por ejemplo el tema de la alimentación sana. Bueno, está bien, me refiero a hacer dieta. A la mañana, cuando nuestra fuerza de voluntad es fuerte, no tenemos que esforzarnos tanto en nuestra nueva dieta. Para la tarde tenemos que planificar con anticipación. Como sabemos que el cansancio nos lleva a actuar en piloto automático con muy poca consciencia de lo que comemos o de cuánto comemos, podemos evitarlo planificando de antemano. Podemos escribir exactamente qué queremos comer y qué cantidad. Podemos consultar con nuestra guía.

¿Qué ocurre con nuestro matrimonio y con otras relaciones importantes? Sin duda podemos entrenarnos para sonreír al final del día, para esperar 5 minutos antes de saltar encima de nuestra pareja con nuestros problemas, quizás tomar o comer algo que nos relaje (¡pero que no nos duerma!) y luego nos permita mantener una interacción más agradable. Incluso a la hora de irnos a dormir, podemos entender qué es lo que funciona mejor para nosotras. Quizás necesitamos un breve momento para leer/respirar/estar “sola” y luego podremos conversar. Con esta estrategia, muchas veces siento que tengo lo que llamo “un segundo impulso”. No tiene la fuerza del primer impulso del día, pero permite establecer una conexión antes de dormir.

Esta clase de estrategias pueden aplicarse a todas las situaciones.

Y podemos crear nuevas. La clave es tener consciencia de una misma, reconocer el desafío y comprometerse a enfrentarlo. Todas sabemos que estar cansadas vuelve al mundo borroso y hace que nuestras reacciones sean menos agudas. Sabemos que el cansancio implica que seamos menos diligentes o cuidadosas de lo que nos gustaría, y también sabemos que si queremos hacer algo al respecto podemos planificar antes.

Me gustaría seguir usando la excusa de estar demasiado cansada después de las fiestas para evitar trabajar sobre mí misma, pero el problema es que en verdad no funciona.