De acuerdo con la Academia Norteamericana de Pediatría, a los 4 o 5 años de edad, los niños deben ser capaces de escoger su propia ropa. De acuerdo con mi experiencia personal, son capaces de hacerlo mucho antes… ¡Siempre y cuando no nos importe lo que escojan!

Con frecuencia este tema se convierte en una grave batalla entre el padre (a riesgo de sonar sexista, debo decir que por lo general es la madre) y el niño. Y parece algo tan tonto.

Hay tantas áreas de la vida en la que nuestros hijos realmente no tienen elección. ¿Por qué quitarles también las que no son importantes?

¿De qué tenemos miedo? Se verán ridículos. Se verán extraños. Se verán descuidados. Despertarán cuestionamientos sobre nuestras habilidades como padres.

¿De veras?

Todas estas son variaciones de un mismo tema: ¿Qué van a pensar los demás?

Tengo una respuesta simple: ¿A quién le importa?

Ellos no son los que educan a este niño. Ellos no están comprometidos con el futuro de este niño. El carácter de este niño para ellos es irrelevante.

Todos deseamos que nuestros hijos se vean lindos. ¡La verdad es que con ciertos atuendos que ellos combinan solos se ven adorables! Pero incluso si no es así, lo lindo no es una cualidad personal. No es una virtud moral.

Vestir a nuestros hijos con conjuntos encantadores no tiene nada que ver con que ellos sean amables, considerados o leales.

Tampoco los equipa para tener confianza en sus elecciones, para ser independientes, creativos y espontáneos ni para pensar con la cabeza abierta.

Puedes pensar que exagero, pero yo no lo creo. La ropa es un modo de autoexpresión. No queremos ser indulgentes en exceso ni frustrarlos. Así que mejor no hacer un escándalo de esto.

Déjalos escoger. Déjalos disfrutar del atuendo que ellos eligieron. Déjalos sentir el placer y la sensación de logro de tomar su propia elección. Deja que sea la primera de muchas.

¿Quién sabe? Nosotros podemos pensar que nada de lo que tienen puesto combina; pero es posible que estén imponiendo una nueva moda.